Cabecera Jack el destripador

Categoría: Recomendaciones Página 13 de 30

Cómo crear el perfecto antagonista

Cómo crear el perfecto antagonista
Cómo crear el perfecto antagonista

Cómo crear el perfecto antagonista. Cuando os hablaba de la construcción de personajes, ya os comenté la importancia crucial de la figura del antagonista. De hecho, os dije literalmente que para mí una historia con un antagonista mal construido es una historia fallida. Por eso, en este nuevo video artículo (cuyo correspondiente vídeo podéis encontrar ya en canal de youtube), vamos a aprender qué es y como construir este personaje tan fundamental.

En primer lugar, hay que entender qué es exactamente un antagonista. Poniéndonos un poco pedantes, atendiendo a la propia etimología de la palabra, ésta ya nos indica su significado: antagonista viene del griego, antagonismos, palabra que cuenta con el sufijo «anti-«, es decir, «contrario» y «agón» que es «luchador o jugador». Por tanto, la misma palabra ya nos indica que este personaje será el que vaya en contra del «luchador», es decir, del personaje principal de la trama.

Resumiendo, el antagonista es la fuerza que se opone al personaje principal de la historia, que es conocido como el protagonista; el antagonista es el personaje que se encargará de intentar impedir que consiga satisfacer sus deseos o sus metas. En realidad, toda historia se construye sobre un triángulo compuesto por el protagonista, el antagonista y el conflicto que los envuelve a ambos.

Teniendo esto en cuenta, es importante comprender a grandes rasgos los tipos de antagonista que puede tener una historia, que son principalmente tres:

1. El propio protagonista.

Esto ocurre en historias donde la trama desarrolla un conflicto interior del protagonista, donde este, en realidad, se enfrenta a si mismo para conseguir sus fines.

Es el caso de la novela que destripe en mi anterior video artículo “El extraño caso del dr. Jekill y mr. Hyde” de Robert Louis Stevenson. También en la obra “Una mente maravillosa” de Sylvia Nasar nos encontramos con un hombre enfrentado a su propia mente, genial y trastornada a un tiempo.

2. Una fuerza de la naturaleza.

En este caso el antagonista no es un personaje como tal, sino una fuerza externa que puede ser, desde la propia naturaleza, un animal, un contexto histórico, un fenómeno extraño, etc…

En «La guerra de los mundos» de H. G. Wellls, el verdadero antagonista es una invasión alienígena. En «Moby Dick» de Herman Melville, un obsesionado capitán Akab se enfrenta a una poderosa ballena blanca.

3. Un personaje ajeno al protagonista que se opone a este en sus fines provocando el conflicto.

Es el antagonista utilizado más habitualmente. Nos permite realizar historias más fáciles de entender. Es el caso de los cuentos clásicos como «Blancanieves» que en la versión conocida de los hermanos Grimm, tiene en la bruja y reina malvada una perfecta antagonista.

También en la conocida saga de Harry Potter de J. K. Rowling, Valdemor es el perfecto antagonista y versión casi negativa del propio Potter.

Sin embargo, lo que estoy seguro que a todos más nos interesa es cómo crear el perfecto antagonista, con independencia que decidamos un tipo u otro. Para lograrlo os voy a ofrecer algunas claves que considero absolutamente fundamentales y que os ayudarán a que vuestros antagonistas sean inimitables.

A. Construye un antagonista imprescindible.

Si tu historia puede funcionar sin la aparición del antagonista es que está mal concebida, el antagonista debe ser imprescindible sí o sí, para la trama. ¿Alguien podría entender «Star Wars» sin Darth Vader? O, por ponernos más oscuros, ¿qué sería de «Pesadilla en Elm Street» sin Freddy Krueger?

B. Dota de motivaciones y fines creíbles a tu antagonista.

Éstas, además, deben ser el contrapunto lógico de los fines y motivaciones de tu protagonista. No vale con hacer malo al malo porque si, hay que justificar a la perfección qué hace exactamente que nuestro antagonista se enfrente a nuestro protagonista.

Un antagonista perfectamente justificado es el Thanos que se enfrenta en los Vengadores en «Infinity Wars« o «End Game». Por momentos, el espectador llega a dudar de si realmente está equivocado. Otro ejemplo es Damien en “La profecía”, ¿puede haber una mejor motivación para un antagonista que cumplir lo escrito en el Apocalipsis bíblico?.

C. Juega con la ambigüedad moral.

El bien y el mal no son absolutos, haz que el antagonista bordee este límite para conferirle mayor interés. Ten en cuenta que, además el antagonista no tiene por qué ser malo.

En la película «Blade Runner» basada en la novela de Philip K. Dick «¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?» (1968), la ambigüedad moral llega al punto de que, prácticamente llegamos a la conclusión de que el bien está realmente del lado de los replicantes y su derecho a la vida y no del protagonista.

También en la película «Joker» (2019) nos encontramos una genial historia en un hombre enfrentado a una sociedad que le destruye incapaz de aceptar la enfermedad mental que sufre. Una historia en la que el bien y el mal se diluyen de manera muy peligrosa.

D. Crea una relación interesante entre protagonista y antagonista.

Concebir protagonista y antagonista como estamentos estancos que solo confluyen en un enfrentamiento durante el conflicto planteado en nuestra historia, es generalmente un error. Deber crear algún tipo de relación entre ambos que dote de mayor profundidad y dramatismo a su conflicto.

En la serie «Hannibal», basada parcialmente en las obras literarias de Thomas Harris, se construye una relación tan ambigua entre el protagonista, Will Graham, y el antagonista el Dr. Hannibal Lecter, que en ocasiones llega a insinuar la posibilidad de una cierta atracción amorosa entre ambos. Y esto dota a la historia de una profundidad y ambigüedad que la hizo superar, en algunos momentos, a sus fuentes literarias.

Tampoco se puede olvidar «La isla del tesoro» (1883) de Robert Louis Stevenson, una obra en la que se construye una relación de amistad imposible entre el joven Jim Hawkins, el protagonista, y el pirata y criminal John Silver el Largo, el antagonista.

E. Haz que el antagonista sea un problema real para el protagonista.

Como escritores, debemos conseguir que el lector tenga la sensación de que el antagonista puede llegar a ganar en la resolución del conflicto que planteemos.

Un ejemplo lo encontramos en «La noche del cazador» de Davis Grubb (1953), llevada al cine en 1955, el reverendo Harry Powell se convierte en una terrible pesadilla absolutamente mortal para los protagonistas.

En «Terminator 2: El juicio final», el nuevo modelo T-1000 fue dotado de unas características que le hacían superior al propio protagonista, dotando de gran realismo al enfrentamiento entre ambos.

Y con esto llegamos al final del video artículo de hoy. Os dejo con el correspondiente vídeo publicado en el canal de youtube. Espero os haya gustado, divertido y sobre todo, que os haya sido útil. Si es así, suscribiros aquí y en el canal. En cualquier caso espero vuestros comentarios, adictos a la literatura, para ir mejorando los contenidos que os ofrezco semana a semana.

Cómo crear el perfecto antagonista. Grandes villanos de la literatura
Vídeo artículo «Cómo crear el perfecto antagonista»

Destripando «El extraño caso del doctor Jekyll y Mr Hyde»

 "El extraño caso del doctor Jekyll y Mr Hyde"
«El extraño caso del doctor Jekyll y Mr Hyde«

Hoy destripamos: «El extraño caso del doctor Jekyll y Mr Hyde» , una novela corta escrita por Robert Louis Stevenson y publicada por primera vez en inglés en 1886. La novela nos habla de un abogado, Gabriel John Utterson, que investiga la extraña relación entre su viejo amigo, el Dr. Henry Jekyll, y el misántropo Edward Hyde. Se trata, en realidad, de una profunda reflexión sobre la dualidad existente en todo ser humano entre el bien y el mal.

Como siempre, en nuestros destripamientos literarios, lo que nos interesa es indagar en cómo Stevenson concibió está fantástica idea y consiguió crear una obra, que e ha convertido en uno de los grandes clásicos de la literatura universal. Mi intención es aprender, junto a vosotros, cómo funcionan las mentes creativas de los grandes escritores para mejorar así nuestras propias obras.

Robert Louis Stevenson nació el 13 November 1850 en Edimburgo, Escocia, en una casa ubicada en el número 8 de Howard Place. Fue el hijo único del abogado y constructor de faros Thomas Stevenson y de Margaret Isabella Balfour (1830-1897). Los padres de Stevenson eran presbiterianos por lo que tuvo una infancia, no solo acomodada, sino también profundamente religiosa.

La salud de su madre, así como la suya propia, estuvieron siempre marcadas por una debilidad congénita, que les hacía especialmente proclives a enfermedades pulmonares y respiratorias. Esto obligó a la familia a mudarse en varias ocasiones en busca de climas más benignos.  La familia contrató en 1852 a la niñera Alison Cunningham (1822-1910), llamada «Cummy» para cuidar del pequeño Louis Stevenson, al que impresionó de inmediato, tanto por su calvinismo austero como por las historias nocturnas truculentas que solía contarle. Estas historias lo asustaban y fascinaban de igual manera, lo que, unido a las historias que le relataban en la iglesia sobre Caín y Abel, el Libro de Daniel o sobre del diluvio universal, supuso el poso sobre el que se asentó su imaginación infantil marcando su obra posterior de adulto.

Louis Stevenson llegó a apreciar tanto a su niñera que con 35 años le dedicaría su obra  “A Child’s Garden of Verses”.

Cuando tuvo edad suficiente ingresó en la Universidad de Edimburgo como estudiante de Ingeniería Náutica. Sin embargo, la elección de la carrera fue más por la influencia de su padre, que era ingeniero, que por gusto propio. Esto le llevó a abandonar la ingeniería y matricularse en derecho. Aunque en 1875 llegó a practicar la abogacía, lo cierto es que lo que realmente le interesaba era la lengua y la literatura, en la que terminó volcando su actividad profesional.

Lamentablemente, su salud siguió siendo un problema por lo que, tras sufrir los primeros síntomas de la tuberculosis, inició una serie de viajes por el continente. En 1876, en Grez (Francia), conoció a Fanny Osbourne, una norteamericana que estaba separada. Tras el divorcio de Fanny, ambos se casaron en 1880. La pareja vivió un tiempo en Calistoga, en el Lejano Oeste, donde Stevenson dio rienda suelta a su imaginación, escribiendo historias de amor, viajes y aventuras.

En 1886, Robert Louis Stevenson publicaría su obra «El extraño caso del doctor Jekyll y Mr Hyde», una novela que inmediatamente le catapultó a la fama.

Pero la gran pregunta que siempre nos hacemos es cómo consiguió Stevenson concebir esta obra increíble.

Como siempre, existe una versión romántica sobre este momento de creación, que nos recuerda a los ya vistos en Frankenstein o Drácula, y que atribuye todo a un sueño afortunado.

A principios de otoño de 1886 Stevenson tuvo un sueño y al despertar tenía la idea para dos o tres escenas que aparecerían en «El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde«. «A altas horas de la mañana» dijo la señora Stevenson «fui despertada por gritos de horror de Louis. Pensando que tenía una pesadilla le desperté. Él me dijo furioso ¿Por qué me has despertado? Estaba soñando un dulce cuento de terror. Yo le había despertado en la escena de la primera transformación«

A partir de aquí Stevenson escribió la obra de forma casi enfebrecida y obsesiva. El hijastro de Stevenson Lloyd Osbourne llegaría a declarar: «No creo que haya habido antes una hazaña literaria como la escritura de Doctor Jekyll. Recuerdo su primera lectura como si fuera ayer. Louis bajó enfebrecido, leyó casi la mitad del libro en voz alta; y luego, cuando todavía estábamos jadeando, él ya estaba otra vez lejos ocupado en la escritura. Dudo que la primera versión le llevara más de tres días».

Para rematar la escena, la mujer de Stevenson leyó el primer borrador de a obra, apuntando en él sus críticas, especialmente que en vez de a modo de cuento, quedaría mejor como una alegoría. Cuando el escritor las leyó, quemó la obra y la reescribió por completo.

No existen pruebas de que nada de esto ocurriese, pero lo importantes es que, más allá del proceso mismo de su escritura Robert Louis Stevenson contó, como vengo explicando en todos esto videos de destripamientos literarios, con una profunda documentación y numerosas influencias literarias en su obra.

Analicémoslas en detalle:

INFLUENCIAS LITERARIAS

A nivel literario, el concepto de la dualidad al interior de la identidad humana no era completamente original. Ya había sido tratado en numerosas obras precursoras de Jekyll y Hayde. Entre las obras más influyentes en el desarrollo del trabajo de Stevenson se encuentran Los elixires del diablo (1816), de E.T.A. Hoffman, Memorias privadas y confesiones de un pecador justificado (1824), de Thomas Jefferson Hogg, «William Wilson» (1839), de Edgar Allan Poe y, la más significativa, El caballero doble (1840), de Théophile Gautier. La historia de Gautier se centra en Oluf, que tiene una naturaleza doble y lleva una vida atormentada, al igual que Jekyll y Hyde.

INFLUENCIAS HISTÓRICAS

En cuanto a la creación de sus personajes y especialmente del protagonista y su doble personalidad, existen dos personajes históricos que influyeron claramente en su construcción literaria:

1. William Deacon Brodie (1741-1788).

Brodie era un famoso ebanista de Edimburgo. Su trabajo era de lo más respetado, por lo que se reclamaba su mano maestra por parte de los más ricos de la ciudad. Todos querían que sus muebles fuesen obra del respetado Brodie. Sin embargo, el escocés aprovechaba la libertad con la que trabajaba en las casas para hacer copias de las llaves. Así, al caer la noche, uno de los tipos más reputados de la ciudad en aquellos días aprovechaba para asaltar las viviendas.

Tras ser pillado con las manos en la masa, William Deacon Brodie fue detenido y condenado a la horca.

Con su historia de respetado ebanista por el día y despiadado delincuente por la noche, el desdoblamiento de Brodie influyó profundamente en la imaginación de Robert Louis Stevenson.

2. Eugene Marie Chantrell

Stevenson conocía a Eugene Chantrelle, un profesor francés afincado en Edimburgo, donde él había residido. No hace falta tener mucha imaginación para comprender el asombro del escritor cuando se enteró de la detención de Eugene por envenenar a su esposa con opio.

Según el autor Jeremy Hodges, Stevenson estuvo presente durante todo el juicio y a medida que «las pruebas se desarrollaban se encontró, como el Dr. Jekyll, ‘atónito ante los actos de Edward Hyde‘». Además, se creía que el profesor había cometido otros asesinatos tanto en Francia como en Gran Bretaña envenenando a sus víctimas en las cenas con un «plato de queso tostado y opio».

Chantrell fue condenado a la horca el 31 de mayo de 1878.

Una vez más se comprueba que la inspiración, aunque puede provenir de sueños o imaginaciones afortunadas, no es nada si no se asiente en una sólida documentación y experiencias reales. Es muy importante, como escritores, tener siempre la puerta abierta a las musas, para que nos inspiren, pero es más importante aún que, cuando lo hagan, nos pongamos manos a la obra documentándonos y trabajando en profundidad su inspiración literaria.

Stevenson volvió a escribir la historia otra vez en tres días, consiguiendo rematarla en un periodo de 4 a 6 semanas. Una autentica proeza literaria se mire por donde se mire.

El manuscrito fue al principio vendido como una edición en rústica por un chelín en el Reino Unido y un dólar en los Estados Unidos. Al principio las tiendas no hicieron provisión de la novela, hasta que una crítica favorable apareció en The Times (25 de enero de 1886). Durante los siguientes seis meses fueron vendidas cerca de 40.000 copias. Hacia 1901 se estimó que se habían vendido más de 250 000 copias. Una auténtica barbaridad para la época que lo convirtió en un absoluto bestseller.

Robert Louis Stevenson tuvo una prolífica y exitosa carrera literaria, pero la saludo no dejó de atormentarle el resto de sus días. Fue también un gran ensayista de ideas progresistas, que se definía a si mismo como socialista y que participó activamente en la política de su época.

En 1888 se trasladó con su familia a las islas del pacífico, estableciendo su residencia en Samoa donde fue conocido como “Tusitala”, “el que cuenta historias”. Murió en 1894 de una hemorragia cerebral, una hora después de que Stevenson terminará de dictar a Osbourne un párrafo de su novela más ambiciosa, Weir of Hermiston. Un año antes, escribió una carta que ha quedado como testimonio de su penosa situación física en sus últimos años: «Durante catorce años no he conocido un solo día efectivo de salud. He escrito con hemorragias, he escrito enfermo, entre estertores de tos, he escrito con la cabeza dando tumbos».

Su ataúd fue llevado a pulso por los nativos hasta el monte Vala, a un lugar poco accesible, que había elegido para ser enterrado. Poco después, se construyó sobre su tumba un mausoleo, donde se escribió el texto, que él mismo redactara como epitafio.

Here he lies where he longed to be
Home is the sailor, home from the sea
And the hunter home from the hill
Aquí yace donde quiso yacer;
De vuelta del mar está el marinero,
de vuelta del monte está el cazador

Os dejo con el video artículo de mi canal de youtube y no olvidéis suscribiros si aún no lo habéis hecho.

YouTube player

¿Cómo comenzar una novela?

¿Cómo comenzar una novela?
¿Cómo comenzar una novela?

¿Cómo comenzar una novela? Si en un pasado video artículo hablábamos de finales, hoy, por lógica, toca hablar de principios. Estamos quizá ante la parte más importante de nuestros relatos porque sobre el principio recae la importante misión de atrapar al lector para conseguir que prosiga con la lectura de nuestra obra. Por eso, os he preparado un completo estudio de los mejores principios literarios y os he dejado para el final una serie de técnicas que harán de vuestros inicios literarios unos perfectos imanes para vuestros lectores.

Hoy en día, atrapar al lector se ha vuelto aún más difícil porque, debido al uso y abuso de internet y especialmente de las redes sociales, nuestra capacidad de atención ha disminuido drásticamente. De hecho, puede decirse que, si no captamos al lector en nuestro primer párrafo, ya prácticamente lo hemos perdido como lector.

Entonces, ¿cómo afrontamos el inicio de nuestras obras?

En primer lugar, es importante tener claro los objetivos que queremos conseguir, que deben ser:

1. Despertar el interés del lector.

Para conseguir esto es importante plantear algunas interrogantes e incluso esbozar el conflicto principal de la obra. De esta forma el lector se sentirá intrigado y empujado a continuar con la lectura.

Un ejemplo lo encontramos en La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson.

El squire Trelawney, el doctor Livesey y algunos otros caballeros me han indicado que ponga por escrito todo lo referente a la Isla del Tesoro, sin omitir detalle, aunque sin mencionar la posición de la isla, ya que todavía en ella quedan riquezas enterradas; y por ello tomo mi pluma en este año de gracia de 17… y mi memoria se remonta al tiempo en que mi padre era dueño de la hostería «Almirante Benbow», y el viejo curtido navegante, con su rostro cruzado por un sablazo, buscó cobijo bajo nuestro techo.

ROBER LOUIS STEVENSON

Un inicio que dibuja a la perfección lo que nos espera en la novela, abriéndonos el apetito por la aventura y el misterio.

2. Situar espacial y temporalmente la acción.

En este caso, lo que buscamos es situar el dónde y el cuándo de la acción, para que el lector empiece a visualizar, como en una película, nuestra narración. En cierto modo, lo que pretendemos es hacer que el lector se introduzca en el mundo de nuestra obra.

Un ejemplo muy claro lo encontramos en Colmillo Blanco, de Jack London

Aun lado y a otro del helado cauce de erguía un oscuro bosque de abetos de ceñudo aspecto. Hacía poco que el viento había despojado a los árboles de la capa de hielo que los cubría y, en medio de la escasa claridad, que se iba debilitando por momentos, parecían inclinarse unos hacia otros, negros y siniestros. Reinaba un profundo silencio en toda la vasta extensión de aquella tierra. Era la desolación misma, sin vida, sin movimiento, tan solitaria y fría que ni siquiera bastaría decir, para describirla, que su esencia era la tristeza.

jack london

De un plumazo, Jack London introduce su universo narrativo habitual, centrado en las tierras más septentrionales de América del Norte, deslumbrando al lector con la belleza y el misterio del entorno natural.

Una vez que tenemos claros los objetivos a conseguir, es importante conocer los distintos tipos de inicios con los que podemos jugar. Atendiendo al momento temporal, normalmente hablamos de tres tipos de inicio:

1. Ab ovo, es decir, “desde el huevo” o desde su origen.

Es el tipo narración que sigue el orden cronológico habitual, narra la sucesión de los hechos partiendo de una situación que puede considerarse el principio. La narración empieza antes de que tenga lugar el incidente detonador o central. Es el orden de los cuentos populares de tradición oral, los del “erase una vez…”

Como ejemplo, en Orgullo y Prejuicio, de Jane Austen, vemos a la familia Bennet en el salón de su casa un día cualquiera, cotilleando sobre los nuevos vecinos que han alquilado una mansión cercana.  También en El señor de los anillos, de J.R.R. Tolkien, en la escena inicial los hobbits preparan la fiesta de cumpleaños de Bilbo Bolsón, ajenos a la oscuridad que está despertando en la Tierra Media.

2. In media res

Es la técnica narrativa que empieza el relato “por el medio”, cuando la acción ya se ha puesto en marcha. Es un recurso que resulta muy atractivo con los relatos cortos, porque suele partir del incidente central, sitúa al lector en pleno conflicto y crea una cierta intriga.

Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez tiene uno de los inicios más famosos de la literatura y justamente arranca in medias res, narrando el fusilamiento del Coronel Buendía:

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre (…)

gabriel garcía marquez

3. In extrema res

Son los relatos que comienzan a contarse por la escena final o por el desenlace del conflicto. Hay que tener cuidado, en este tipo de inicios, de no desvelar demasiado del final, si no queremos acabar con la intriga y expectativas del lector demasiado pronto.

Un buen ejemplo lo encontramos en la inolvidable Rebeca de Daphne du Maurier:

Anoche soñé que volvía a Manderley. Me encontraba ante la verja del parque, pero durante algunos momentos no pude entrar. La puerta estaba cerrada con candado y cadena (…)

Rebeca de Daphne du Maurier

En este caso, la obra comienza con la protagonista soñando, en el presente, con la mansión Manderley. La verdadera historia comienza tras terminar la descripción del sueño, articulándose mediante un extenso flashback.

Hasta aquí conocemos los objetivos y tipos de inicio pero cómo logramos realmente crear un comienzo irresistible. Lo mejor en este caso es recurrir a algunos de las técnicas, que como os prometí al principio del artículo, os explico a continuación.

A. Que ocurra algo y que haya movimiento.

Lo mejor para captar la atención del lector en tu primer párrafo es que en tu escena inicial haya algún tipo de acción. Un comienzo estático, con una descripción o algo similar es más complicado de hacerlo atrayente, aunque no imposible.

Un ejemplo perfecto lo tenemos en Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago comienza en medio del caos del tráfico de una ciudad, cuando un semáforo se pone en verde, pero no todos los coches arrancan. Después comprendemos que la gente está empezando a quedarse ciega.

Se iluminó el disco amarillo. De los coches que se acercaban, dos aceleraron antes de que se encendiera la señal roja. En el indicador de paso de peatones apareció la silueta del hombre verde. La gente empezó a cruzar la calle pisando las franjas blancas pintadas en la capa negra del asfalto, nada hay que se parezca menos a la cebra, pero así llaman a este paso.

josé saramago

Otro buen ejemplo lo tenemos en Cita con Rama, de Arthur C. Clarke, donde se nos narra la caída de meteoritos, abriendo las expectativas del lector por lo que va a ocurrir.

Más temprano o más tarde, tenía que suceder. El 30 de junio de 1908 Moscú escapó de la destrucción por tres horas y cuatro mil kilómetros, un margen invisiblemente pequeño para las normas del universo. El 12 de febrero de 1947 otra ciudad rusa se salvó por un margen aún más estrecho, cuando el segundo gran meteorito del siglo XX estalló a menos de cuatrocientos kilómetros de Vladivostok provocando una explosión que rivalizaba con la bomba de uranio recientemente inventada.”

arthur c. clarke

B. Sitúa al lector en un tiempo o lugar impactante.

Es muy útil para novelas de fantasía y consigue los dos objetivos imprescindibles que os comentaba al principio de forma perfecta; captar la atención y situar al lector de un plumazo.

En El perfume de Patrick Süskind el autor nos sitúa en la Francia del siglo XVII con una simple y genial frase:

En el siglo XVIII vivió en Francia uno de los hombres más geniales y abominables de una época en que no escasearon los hombres abominables y geniales.

Patrick Süskind

En El Hobbit, J. R. R. Tolkien hace lo propio y en su primer párrafo nos mete de lleno en la Tierra Media.

En un agujero en el suelo, vivía un hobbit. No un agujero húmedo, sucio, repugnante, con restos de gusanos y olor a fango, ni tampoco un agujero seco, desnudo y arenoso, sin nada en que sentarse o que comer: era un agujero-hobbit, y eso significa comodidad.

J. R. R. Tolkien

C. Utiliza una descripción de un personaje principal e impactante.

Pude ser o no el protagonista pero lo importante es que levante la curiosidad del lector por saber más.

Está técnica la utiliza con maestría inigualable Vladimir Nobokov en su inolvidable y polémica Lolita.

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta. Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

Vladimir Noboko

Resulta también inigualable la forma en que Robert Graves inicia su obra Yo Caludio, utilizando este mismo recurso, con una presentación de su personaje principal que juega entre el drama y la comedia a partes iguales.

Yo, Tiberio Claudio Druso Nérón Germánico Esto-y-lo-otro-y-lo-de-más-allá (porque no pienso molestarlos todavía con todos mis títulos), que otrora, no hace mucho, fui conocido por mis parientes, amigos y colaboradores como «Claudio el Idiota», o «Ese Claudio», o «Claudio el Tartamudo» o «Clau-Clau-Claudio», o, cuando mucho, como «El pobre tío Claudio», voy a escribir ahora esta extraña historia de mi vida.

Robert Graves

D. Utiliza el absurdo.

Nada hay más atrayente que descubrir como lo ilógico puede ser explicado. Si en tu primer párrafo juegas con una declaración aparentemente absurda, levantarás la atención del lector de inmediato. Eso sí, no hagas trampas y explica después satisfactoriamente este aparente absurdo o contradicción.

Dos ejemplo de este tipo de inicios los encontrarnos en dos obras inmortales. La metamorfosis de Franz Kafka y 1984 de George Orwell.

Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto.

Franz Kafka

“Era un día luminoso y frío de abril y los relojes daban las trece”.

George Orwell

Y con esto llegamos al final del artículo de hoy. Os dejo con el video artículo correspondiente publicado en el canal de youtube . Espero que os haya gustado y que haya sido divertido y útil para vuestras futuras obras.

Como empezar una novela. Aprende a crear inicios inolvidables para tus historias.

Empezando por el final: ¿Cómo crear una historia redonda?

Empezando por el final
Empezando por el final

Empezando por el final. En el nuevo video artículo de hoy, quiero comentaros una técnica personal con la que conseguiréis crear un relato redondo, con coherencia y satisfactorio para el lector. Una técnica con la que conseguiréis que las tramas de vuestros relatos encajen como un perfecto mecanismo recién engrasado.

Una técnica que consiste, ni más ni menos que en empezar vuestra historia por el final.

Al final del artículo, como regalo para los que leáis todo el artículo, os explicaré también una técnica narrativa que os ayudará a crear fines impactantes en vuestros relatos. Y ahora si hablemos de finales.

Lo primero que quiero dejar claro es que no se trata de utilizar la técnica narrativa “in extrema res” o recurrir al “flash back”, de lo que ya hablamos cuando os explicaba la estructura narrativa.

Si recordáis, cuando os daba una serie de consejos sobre cómo concebir una buena idea para vuestros libros (también os dejo el enlace por aquí), os insistí hasta la saciedad en un concepto fundamental “la coherencia”. Pues bien, con la técnica que hoy os traigo lo que pretende es precisamente eso; desarrollar un método que dote a nuestras historias de total coherencia.

Para lograrlo, os propongo algo que os puede parecer sorprendente y es que lo primero que concibáis de vuestra historia sea el final de ésta.

Aconsejaba Edgar Allan Poe, en su mítica «Filosofía de la composición«, que antes de comenzar a escribir deberíamos tener muy claro qué efecto final pretendemos:

“Si algo hay evidente es que un plan cualquiera que sea digno de este nombre ha de haber sido trazado con vistas al desenlace antes que la pluma ataque el papel. Sólo si se tiene continuamente presente la idea del desenlace podemos conferir a un plan su indispensable apariencia de lógica y de causalidad, procurando que todas las incidencias y en especial el tono general tienda a desarrollar la intención establecida.” (Poe, Filosofía de la composición)

Edgar ALLAN POER

Es decir, que lo primero que debemos saber de nuestra historia es cuál es su objetivo, qué pretendemos narrar y, por eso, os propongo que concibáis primero el final de vuestros relatos.

Se que esto es lo contrario de lo habitual, probablemente la mayoría de vosotros empezáis a escribir relatos porque se os ha ocurrido una idea que os resulta interesante. Esto no es malo, el problema empieza cuando, a partir de esta idea, concebís personajes, entornos y tramas sin haber pensado claramente cuál será el final de la historia. En este caso, por muy bien que desarrolléis vuestra trama os veréis abocados a improvisar este final y esto suele desembocar en un relato fracasado.

Ya os he puesto ejemplos de esto cuando hablábamos de la estructura narrativa, y os hablaba de la incoherencia de algunas series en su final, como la última temporada de «Juego de Tronos», donde sus guionistas se vieron obligados a improvisar el final ya que George R. Martin aún no había publicado la última novela de la saga. El resultado; el destrozo de una de las mejores series tanto literarias como televisivas de los últimos años. T

También os hablaba de «Lost», donde el desastre fue aún mayor; la improvisación del final llegó al punto de obviar múltiples tramas y subtramas, dando la sensación al espectador de que lo perdido no fueron los pasajeros del avión, sino su tiempo al ver la serie. En este caso, es tan clara la improvisación que, si insertáis el final en cualquier temporada, hubiesen podido terminar la serie con la misma incoherencia en cualquier momento.

Por eso, para evitar que os pase esto es importante que, antes de comenzar a escribir cualquier historia, concibáis completamente el final que le vais a dar. Esto os ofrecerá múltiples ventajas como:

  • Mayor facilidad para la creación de tramas y subtramas con absoluta coherencia, ya que desde el principio sabréis como van a ser concluidas.
  • Evitar contradicciones en el desarrollo y comportamiento de los personajes, en su evolución hacia la conclusión final.
  • Evitar improvisaciones en el desarrollo de la trama que rompan la continuidad de la historia.
  • No caer en precipitaciones o cambios de ritmo narrativos injustificados al llegar al final.

Un ejemplo de historia concebida empezando por el final al lo podemos tener en la primera temporada de «Prision Break». Para quien no la hayáis visto, la serie se trata de cómo un hombre comente un delito para ser encerrado en una cárcel donde cumple condena su hermano, condenado por asesinato, con la intención de ayudarle a fugarse.

La primera temporada funciona como un reloj porque el autor ha concebido todos y cada uno de los detalles de la fuga desde el primer momento y mueve a los personajes a la conclusión con precisión suiza. La coherencia es total con detalles como la puesta de un pequeño pájaro de papel en el agua de un desagüe, cuyo verdadero significado descubres varios capítulos después. Por no hablar de todos y cada uno de los tatuajes del protagonista, cuyo significado va desgranándose poco a poco.

Otro ejemplo lo tenéis en la serie “La casa de papel”. Nuevamente, los guionistas concibieron primero el final de la temporada y del robo del Banco de España en todos y cada uno de sus detalles. Después, fueron colocando a los personajes en sus roles precisos, especialmente al profesor, con total precisión.

Esta seria demuestra que eliminar la improvisación de una historia, no sólo no le resta frescura o sorpresa, sino que, muy al contrario, puede contribuir a provocar el asombro del espectador.

Es importante dejar claro que el concebir el final, antes de lanzarse a concebir la trama es todos sus detalles, no impide que vuestro final pueda ser sorpresivo, si es este efecto el que perseguís con vuestro relato. De hecho, lo facilita ya que, si sabéis el final, es mucho más sencillo utilizar recursos narrativos para que llevar al lector a conclusiones erróneas sobre lo que está ocurriendo sin caer en la temible incoherencia narrativa.

Y como colofón y ya que lo prometido es deuda os explico uno de estos recursos narrativos que os vendrá de perlas para que vuestros finales sean sorprendentes e inolvidables. Se la conoce como la técnica de «portal abierto» o «portal cerrado». Se trata de sorprender el lector justo cuando se va a producir el desenlace de la trama usando uno de estos dos métodos:

1. Portal cerrado.

Se utiliza cuando planeáis un final feliz y consiste en que, justo antes de que éste se produzca, introduzcáis una secuencia de acontecimientos que haga creer a vuestros lectores que el final va a ser triste, desgraciado o trágico. En el último momento solucionaréis esta situación sobrevenida y el final será feliz y sorprendente.

Un ejemplo lo tenéis en: «El show de Truman», donde cuando parece que el protagonista va a escapar de su encierro, el director del show realiza una intervención que parece que le va a convencer de no escapar. Sin embargo, al final escapa tal y como se espera desde el principio.

Otro ejemplo podría ser el final de la inolvidable “Con faldas y a lo loco”, aunque aquí es más difícil definir si sería “Portal cerrado” o “Portal abierto”, decidme vosotros mismos qué opináis.

2. Portal abierto.

Como ya adivinaréis es justo lo contrario de lo anterior. En este caso planeáis un final triste para vuestro relato. Lo que debéis hacer ahora es convencer al lector en el último momento de que el final será feliz, para romper esta ilusión al final precipitando el final triste planeado.

Un ejemplo clásico lo tenéis en: «Lo que el viento se llevó«. Scarlett O’Hara ha tenido que superar de toda clase de desgracias y, cuando parece que va conseguir recuperarse y Rhett Butler reaparece, todo parece augurar la reconciliación final. Sin embargo, en el último minuto el la deja de nuevo con la demoledora frase: «Francamente, querida, me importa un bledo».

Bueno y con esto terminamos el video artículo de hoy, como siempre suscribiros si os ha gustado aquí o al

Os dejo con el video artículo de mi canal de youtube y recordad que estamos apunto de realizar el sorteo por los 300 suscriptores. Os dejo con el video.

Empezando por el Final. Crea historias impactantes con la coherencia de una máquina de precisión.

Derrotar la hoja en blanco en 5 pasos infalibles

Derrotar la hoja en blanco
Derrotar la hoja en blanco

Derrotar la hoja en blanco es el objetivo de hoy en este artículo, cuyo video os dejo al final y podréis ver también en mi canal de youtube. Basándome en mi experiencia personal, os voy a enseñar 5 pasos infalibles que si seguís os ayudarán a superar esa desesperación que seguro habéis sentido al abordar un nuevo escrito.

¿Quién no se ha encontrado alguna vez sin ideas, bloqueado, incapaz de superar la hoja en blanco frente a él?

Nos ha pasado a todos y se conoce como “síndrome de la hoja en blanco” o también «bloqueo del escritor”. Hoy vamos a acabar con el con los siguientes pasos:

1. Entiende lo que te pasa (COMPRÉNDETE)

Para superar un problema primero debemos comprenderlo. El bloqueo psicológico que puede acompañar al inicio de cualquier proceso creativo, e un miedo inherente que acompaña a cualquier creativo y, aunque pueda pareceros paradójico, no es algo negativo, sino todo lo contrario.

En primer lugar, debes comprender que esta sensación no implica que seas menos creativo o que estés falto de ideas. Lo que te ocurre es que sientes una gran responsabilidad por lo que vas a hacer y quieres hacerlo tan bien, que de no ves la forma de afrontarlo. Es precisamente tu responsabilidad, respeto y tus ganas de hacerlo lo mejor posible, lo que te bloquea, pero date cuenta de que ninguno de estos sentimientos es negativo, sino positivo. Así que acepta lo que te ocurre y aprovéchalo. Plantéate ese miedo al folio en blanco como una oportunidad para hacerlo mejor que nunca. 

Una vez aceptado esto es importante descubrir qué aspecto de tu labor es el que realmente te bloquea. Hay dos posibilidades que pueden ser:

  1. No sabes de qué escribir.
  2. No sabes cómo escribir lo que quieres escribir.

En cada uno de estos casos tendremos distintas opciones para superar los bloqueos, lo que nos lleva a nuestras dos siguientes pasos.

2. No sabes de qué escribir (LA TORMENTA DE IDEAS)

En este caso, te recomendaría que echases un vistazo al video artículo en el que os explicaba las mejores técnicas para tener una buena idea para vuestras obras. En todo caso, aplicados los consejos que ahí os daba, puede seros muy útil la utilización de una técnica denominada “Tormenta de ideas”.

Esta técnica para derrotar la hoja en blanco consiste en empezar a apuntar en una hoja de papel cuanta idea se os ocurra, no importa si os parece mejor o peor, hasta tener una lista de opciones. No os duelan prendas en pedir ayuda y que otras personas os sugieran temáticas y demás. El caso es conseguir opciones. Después, basta con ir depurando estas ideas, añadiendo detalles o descartando aquello que no os gusta. Poco a poco, iréis perfilando una serie de opciones que os gustarán mucho más y entre ellas quizá esté lo que estabais buscando.

3. No sabes cómo escribir lo que quieres escribir (ESCRIBID).

En este caso, lo que os sucede es que, a pesar de que tengáis claro la idea de vuestro relato, no sabéis como afrontarlo. Para solucionarlo lo mejor, aunque quizá os parezca un poco absurdo, es simplemente escribir. ¿Pero si lo que me pasa es que no sé que escribir? Pues por eso mismo, escribid sin preocuparos de que esté mejor, peor u horrible, solo poned una palabra después de otra. Después, lo leéis y, si no os gusta, lo reescribís y así cuantas veces sea necesario.

No os preocupéis de hacerlo mal una y mil veces, os aseguro que os sorprenderéis a vosotros mismos descubriendo ese rumbo que no sabíais como dar a vuestra historia.

Esto, en realidad, es el equivalente al bocetado en pintura o dibujo, aquí el autor lanza trazos sin importarle llenar la hoja de tachones o corregir su trazo una u otra vez hasta que lo que buscaba plasmar va surgiendo de la hoja en blanco como por arte de magia. Pues en literatura es exactamente lo mismo, bocetad vuestros relatos sin miedo.

4. Conseguid una nueva perspectiva (DEJAD DE ESCRIBIR)

Si, aun así, siguiendo estos dos pasos persiste vuestro bloqueo podéis intentar acudir a otra técnica propia de la pintura: tomar perspectiva. Esto os servirá tanto para superar el bloqueo a la hoja en blanco como para pulir y mejorar vuestros escritos y, en realidad es el consejo contrario al que os daba anteriormente: DEJAD DE ESCRIBIR.

Cuando un pintor está realizando un cuadro o ilustración, en muchas ocasiones recurre a realizar un cambio de perspectiva. Para ello, abandona la obra durante un tiempo para que su visión y memoria empiecen a olvidarla y poder después a afrontarla de una forma distinta. O incluso recurre a técnicas, que os pueden parecer más extrañas, como voltear el lienzo, o mirar a su obra a través de un espejo. Todo esto ayuda a que vuestra mente aprenda a contemplar su labor creativa de una manera distinta, a que afronte la creación por un camino diferente.

Como escritores, para conseguir este mismo efecto en nuestra mente, a veces es necesario dejar completamente nuestra obra; dejarla reposar, irse a dar una vuelta, tomarse un café o incluso abandonarla por días o, en casos más extremos (por ejemplo, para pulir una obra ya terminada), incluso meses. El caso es conseguir contemplar de la forma mas distante posible nuestra propia creación para poder juzgarla con una objetividad renovada.

5. Disciplina y metas pequeñas (DISCIPLINA DE TRABAJO)

Por último, es importante que comprendáis que, para lograr que vuestros escritos lleguen a buen término, debéis desarrollar una disciplina de trabajo. Seguro que esto os suena un poco duro y muchos pensaréis que no tenéis los medios o el tiempo suficiente para lograr algo así. No nos tenemos que engañar, muy poquitos escritores logran vivir de la literatura como para poder dedicar todo su tiempo a esta. La mayoría de nosotros tenemos otros trabajos y obligaciones de todo tipo que nos hace muy difícil conseguir tiempo para escribir.  

Sin embargo, este problema desaparece si os digo que desarrollar una disciplina de trabajo en absoluto es incompatible con vuestros trabajos u ocupaciones. Para lograrlo, el truco está en plantearos pequeñas metas y no objetivos demasiado grandes.

Para que lo entendáis mejor, si intentáis poneros como meta diaria dos horas de escritura, probablemente muchos terminéis por no poder cumplir esta meta por uno u otro motivo y eso os desanimará. En realidad, lo que tenéis que hacer es poneros una meta mucho más modesta, por ejemplo sólo “quince minutos” diarios de escritura.

Os puede parecer poco y que a ese paso tardaréis mil años en hacer esa novela que estáis intentando escribir, pero no es así. Al ser vuestra meta tan pequeña, os será mucho más fácil convertirla en un hábito, iréis viendo que donde he dicho quince minutos hoy puedo media hora y a lo mejor mañana una hora. De esta manera, cumpliréis siempre sin dificultad vuestra meta y habréis logrado esa disciplina que os hará escribir todos lo días sin miedo al folio en blanco.

Espero que estos consejos os ayuden a derrotar a la hoja en blanco y que os ayuden a convertiros en grandes escritores. Os dejo con mi nuevo vídeo, donde desarrollo este artículo con ejemplos, y os recuerdo que queda muy poco para el sorteo que realizaré entre todos los suscriptores del mi canal de youtube, así que si aún no os habéis suscrito hacedlo pronto.

Derrota la hoja en blanco. Supera el bloqueo creativo en 5 pasos.

Página 13 de 30

Funciona con WordPress & Tema de Anders Norén