Los secretos de «Cuento de Navidad» de Charles Dickens
Hoy abordamos los secreos de “Cuento de Navidad” deCharles Dickens. Seguimos en Navidad y como ya os adelantaba en el video artículo pasado dedicado a lascuriosidades literarias navideñas, hoy nos vamos a dedicar en exclusiva a este cuento navideño. Un relato que para muchos es el responsable de crear la Navidad como la conocemos.
Titulado «A Chistmas Carol», originalmente, en castellano lo conocemos como “Cuento de Navidad” deCharles Dickens. Dejemos que nos visite el fantasma de las navidades pasadas, el de las navidades presentes y el de las navidades futuras y empecemos….
Aunque hoy no quiero extenderme en la vida de Charles Dickens, si es conveniente que hagamos un ligero repaso por su figura antes de adentrarnos en su famoso relato.
Charles Dickens
Charles Dickens nació el 7 de febrero de 1812, en Portsmouth, en el seno de una familia humilde. Su padre era John Dickens, un oficinista de la Pagaduría de la Armada en el arsenal del puerto de Portsmouth, y de Elizabeth Barrow. Aunque comenzó a asistir a la escuela a los nueve años, sus estudios quedaron interrumpidos muy pronto, cuando sólo tenía once años, debido al encarcelamiento de su padre por no pagar sus deudas. Algo lamentablemente habitual en la época.
Aquello le obligó a ponerse a trabajar en la empresa londinense Warren’s boot-blacking factory, una fábrica de betún para calzado, ubicada cerca de la estación ferroviaria de Charing Cross. Fue una época en la que vivió en carnes propias la explotación infantil tan habitual en la Inglaterra del siglo XIX. Algo que le marcó e influyó decisivamente en algunas de sus obras, muy especialmente en «David Copperfield».
Aunque pudo recibir clases de forma esporádica lo cierto es que toda su formación fue totalmente autodidacta. Algo muy meritorio que le llevó en 1827 a conseguir trabajo, primero como secretario legal y después como periodista en el Parlamento. En esa época conoció a María Beadnell, pero su familia lo rechazó como pretendiente por lo que, tras cuatro años de relaciones, se separaron. Para entonces ya estaba trabajando como reportero en una publicación de su tío, The Mirror of Parliament, y para el periódico liberal The Morning Chronicle.
En diciembre de 1833, empezó su carrera literaria, publicando con el seudónimo de Boz, en The Monthly Magazine, revista que editaba su amigo George Hogarth. Se trataba principalmente de descripciones de la vida cotidiana de Londres. El libro “Los apuntes de Boz” (1836), fue su primer gran éxito, lo que le permitió casarse con Catherine Hogarth en ese mismo año. Sin embargo, su consolidación como novelista llegaría con su obra “Los Papeles póstumos del club Pickwick” (1836-1837), publicado en entregas mensuales. Un formato innovador que sería después copiado por numerosas editoriales.
A partir de aquí el éxito le acompañó el resto de su carrera, convirtiéndole en uno de los hombres más famosos y populares de su época. Charles Dickens murió en Gad’s Hill Place, Higham, Kent, Inglaterra, el 9 de junio de 1870 tras sufrir una apoplejía y fue enterrado cinco días más tarde en la abadía de Westminster.
Actualmente Charles Dickens es considerado por muchos como el verdadero inventor de la Navidad, tal y como la conocemos. Fama que debe en gran medida a “Un cuento de Navidad” publicado el 19 de diciembre de 1843.
Y ahora sí, ha llegado el momento de descubrir los secretos de «Cuento de Navidad»
1.- La Navidad es blanca porque así la describió Dickens
Aunque ahora todos asociamos la Navidad con la nieve, no era así antes de 1843, cuando se publicó “Cuento de Navidad”. ´Lo cierto es que a finales de diciembre nunca nieva en medio mundo porque es verano y en el otro medio, pese a ser invierno, la nieve es bastante escasa, salvo en el norte de Europa.
Charles Dickens es el responsable de describir la Navidad como una eterna nevada en su “Cuento de Navidad”, lo que desde entonces se trasladó a la mayoría de cuentos navideños. El motivo por el que Dickens asociaba la Navidad con la nieve proviene de su infancia. El escritor sufrió cuando era apenas un niño la década más fría que vivió Reino Unido en el siglo XIX, con nieve por todas partes y hasta el Támesis helado… Una experiencia que Dickens idealizó y trasladó a sus cuentos.
2.- El pavo y la cena de Navidad
Como os explicaba en el video artículo pasado la fiesta navideña hasta mediados del siglo XIX era el “Boxing Day”, una celebración en la que los ricos entregaban una caja con regalos a sus sirvientes. Algo, a su vez heredado de los romanos, y que hoy en día es el origen de la cesta de navidad de las empresas. Sin embargo, estas fiestas navideñas no tenían buena fama, ya que sólo la celebraban las clases acomodadas, por lo que se consideraban fiestas clasistas, por no hablar de que se relacionaban con el papismo en un país que era esencialmente anglicano.
Durante estas celebraciones la comida habitual era el ganso. Sin embargo, en su relato Dickens hace que Scrooge, una vez transformado por el espíritu navideño, mande a un niño comprar y llevar un pavo a la casa de su secretario para celebrar un gran banquete de Navidad.
De esta forma, Dickens cambio la cena habitual por el pavo, lo que no debió gustarle muchos a éstos. Además de convertir la cena, hasta entonces clasista y de gente acomodada, en un banquete, símbolo de amor y alegría donde lo principal en dar y compartir.
3.- Happy Christmas o Merry Christmas.
En inglés es habitual la expresión Merry Christmas, sin embargo, hasta “Cuento de Navidad” lo habitual era “Happy Christmas”.
Esta expresión, que puso de moda Dickens en su relato, proviene de que a éste le gustaba mucho un villancico:“God Rest You Merry, Gentlemen”. En realidad, la palabra “Merry” no significa únicamente “feliz”, sino que se asocia, más que a un deseo, a un sentimiento de alegría, de prosperidad, de hermanamiento y buena voluntad.
“Merry Christmas” aparece 21 veces en “Un cuento de Navidad”, y desde entonces es la felicitación habitual y más usada en inglés y también en otros idiomas.
4.- Scrooge pudo basarse en el propio padre de Dickens.
Charles Dickens amaba la Navidad, pero su más famoso personaje navideño, Ebenezer Scrooge, es un anciano avaro y explotador que, en el relato, es visitado por el fantasma de su antiguo socio, Jacob Marley, y luego por los fantasmas de la Navidad pasada, presente y futura.
No es descabellado pensar que fue John Dickens, el padre del autor, el personaje real escondido tras el temible Ebenezer Scrooge. John Dickens era un timador, tacaño y rácano que perjudicó gravemente a su propia familia, lo que le aproxima bastante a Scrooge. Aunque en la historia es aún, peor de lo que era el padre de Dickens. Scrooge no solo es avaro y rácano, es un hombre sin afectos por lo humano, un patrón cruel, un tío que rechaza a su afable sobrino y a su familia, un disidente radical de la fraternidad navideña.
5.- Marley fue un personaje real.
El socio muerto de Scrooge, Jacob Marley, que avisa a este de la próxima visita de los fantasmas navideños, fue un personaje real. En la obra “The Annotated Christmas Carol”, de Michael Patrick Hearn, se explica que Dickens asistió a la misma fiesta de San Patricio que un tal Dr. Miles Marley. Conociendo el interés de Dickens por los nombres inusuales, el Dr. Marley le comentó su propio e inusual apellido. La respuesta de Dickens fue: «Su nombre será una palabra familiar antes de que acabe el año». Y cumplió su palabra.
Y Dickens cumplió su palabra…
6.- El cuento fue concebido como una protesta contra la pobreza infantil.
En 1843 el gobierno británico publicó un informe sobre la gravedad del trabajo infantil en el país. Dickens, que había sufrido en sus propias carnes la explotación infantil, estaba furioso por esta situación. Dickens visitó a su hermana en Manchester y aprovechó esos días para encontrarse con representantes de organizaciones de caridad que ayudaban a las clases más desposeídas en esa ciudad industrial. También en 1843 recorrió uno de los colegios más pobres de Londres, dedicado a educar a los jóvenes destituidos de la capital inglesa.
Decidido a hacer algo con esta terrible situación pensó, como primera reacción, escribir un panfleto utilizando su vasta experiencia como periodista político. Pero luego cambió de parecer. Al parecer, le escribió a un amigo diciendo que «en lugar de un panfleto escribiré algo en Navidad que tendría 20 veces más fuerza». Y lo consiguió sobradamente..
7. El relato fue escrito febrilmente en seis semanas.
Dickens fuertemente inspirado y comprometido con su relato, no tardó ni dos meses en escribir su famoso “Cuento de Navidad”. Se cuenta que Dickens reía y lloraba esporádicamente durante el proceso de escritura y daba larguísimos paseos nocturnos por Londres cuando toda la gente sobria se había ido a la cama.
Finalmente consiguió terminar su obra a tiempo de publicarlo antes de Navidad, el 17 de diciembre de 1843.
8. Dickens se autopublicó “Un cuento de Navidad”
Como su anterior libro no se vendió bien, Dickens no pudo encontrar un editor para «Cuento de Navidad», así que él mismo pagó la impresión. La primera edición -con un precio de 5 chelines (unos 30 dólares)- salió a la venta el 19 de diciembre de 1843 y se agotó en Navidad. Sin embargo, Dickens sólo ganó £130 debido al alto costo del papel utilizado y el empaste. Se molestó tanto que cambió de grupo editorial. Se imprimieron dos ediciones más antes de finalizar el año, una semana después, siendo ya un éxito imparable.
9. Fue el primero y el último de sus escritos que Dickens leyó en público.
Dickens fue uno de los primeros escritores famosos en dar lecturas públicas. Su primera lectura fue la de «Cuento de Navidad». Tuvo lugar en 1853 en Birmingham, Inglaterra, para una reunión de 2000 espectadores.
Charles Dickens incluso creó un ejemplar especial de «Cuento de Navidad» para las lecturas públicas. En él escribía notas sobre cómo pronunciar las líneas y «representaba» estas lecturas como un actor en el escenario. Existe un ejemplar de este tipo, que el autor utilizó en su lectura en EEUU, propiedad de la Colección Berg de literatura inglesa y americana de la Biblioteca Pública de Nueva York.
Dickens también seguía un peculiar rito para sus actuaciones. Antes de sus lecturas desayunaba dos cucharadas de ron con crema. Más tarde, tomaba una pinta de champán, y justo antes de la actuación, bebía un jerez con un huevo crudo batido en él. Durante la lectura tomaba un té de carne y tomaba una sopa justo antes de acostarse.
Cuando su salud empezó a deteriorarse, 17 años después de su primera actuación pública, Dickens hizo su última lectura de «Cuento de Navidad» en el St. James’ Hall de Piccadilly. Murió tres meses después, convirtiéndose así su famoso relato en el primero y último que leyó en público.
10. Cuento de Navidad es en gran parte responsable de la tradición de la caridad navideña
Quizá la característica fundamental de la Navidad que celebramos hoy en día en todo el mundo es precisamente la caridad que se vive en estos días. Pues, para despedirnos de “Cuento de Navidad” de Dickens nada mejor que resaltar que fue esta obra una de las principales fuentes de esta tradición.
En 1844, el año siguiente a su publicación, los periódicos británicos atribuyeron a la popularidad de la novela de Dickens un aumento de las donaciones benéficas en Navidad. Aunque dar a los necesitados no era un concepto nuevo en la época navideña, el libro de Dickens inspiró a mucha gente.
Después de leer el libro en 1847, Robert Louis Stevensonescribió: «Quiero salir a consolar a alguien; nunca escucharé las tonterías que le dicen a uno sobre no dar dinero: daré dinero; no es que no lo haya hecho siempre, pero ahora lo haré con la cabeza bien alta».
Se cuenta que una niña que vendía frutas y verduras en el mercado de Covent Garden tras enterarse del fallecimiento del autor, ocurrido el 9 de junio de 1870 debido a una apoplejía preguntó: Charles Dickens está muerto, ¿entonces también morirá Papá Noel?”.
Creo que la anécdota lo dice todo sobre la influencia de este inolvidable autor en la Navidad. Y ahora es el momento perfecto de recordarlo, así que ya estáis tardando en leer “Cuento de Navidad” de Charles Dickens o por lo menos ver alguna de las innumerables adaptaciones que se han hecho de esta historia por tierra, mar y aire.
Os dejo con el video de mi canal de youtube. Y, recordad suscribiros si os ha gustado y dar a la campanita para recibir las notificaciones. Hasta la semana que viene, o mejor dicho hasta el año que viene. (No os perdías el próximo video artículo porque viene lleno de regalos para todos)
¡Feliz Navidad y buena salida y entrada de año para todos!
Los secretos de «Cuento de Navidad» de Charles Dickens
10 curiosidades navideñas literarias, que seguramente os van a sorprender, es el menú navideño que hoy os he preparado. Una buena manera de celebra la Navidad para todos los adictos a la literatura. No os las perdáis porque no me cabe duda de que la mayoría no las conocéis. Vistámonos con nuestras mejores galas, hagamos una bola de nieve y pongámonos manos a la obra. Empecemos:
1. A Papá Noel no lo creó Coca Cola.
Estoy seguro de que todos habéis oído esa historia de que Coca Cola fue la que creó la imagen actual de Papa Noel. Bueno pues no es ni mucho menos cierto. Aunque sí que crearon un diseño navideño de Papá Noel, que es el que nos ha llegado por la publicidad, fue en una obra literaria donde nació el verdadero Papa Noel.
Un autor americano llamado Clement Clarke Moore escribió un poema publicado anónimamente en 1823 titulado “Una visita de San Nicolás”. En él describía ya a Papa Noel como un vejete sonriente de barba blanca, traje rojo, regordete y que llegaba en un trineo tirado por ocho renos. Además, se introducía en la casa por la chimenea llevando su saco de juguetes. ¿Os suena no?
De todas maneras, no todos los países comparten esta imagen de San Nicolás o Papa Noel. Seguro que os sorprende (a los que no seáis holandeses), que en Holanda, San Nicolás proviene de España, viaja en barco desde Madrid, y, cuando llega a Holanda, obsequia a los niños con ¡mandarinas!
2. En un principio los villancicos eran compuestos por escritores.
Si hay otro elemento típico de la Navidad son los villancicos. Pues bien, estas tonadillas navideñas que tanto nos gustan a todos, tienen unos orígenes poco religiosos. El termino “Villancico” alude a pequeños relatos literarios que eran cantadas por villanos o habitantes de las villas, campesinos. En los primeros villancicos abundaban los temas amorosos, las sátiras y las burlas, donde la temática religiosa era escasa y el navideño prácticamente inexistente. Uno de los primeros compositores de villancicos fue el escritor Juan del Enzina (Iniciador y patriarca del teatro español) en la época de los Reyes Católicos.
Realmente no fue hasta el siglo XVIII en que fueron quedando relegados a las festividades navideñas, adquiriendo poco a poco sus características actuales y que tanto nos gustan.
3. El oso Paddington fue un regalo navideño.
Para quien no lo conozcáis el oso Paddington es un personaje imaginario en la literatura infantil del Reino Unido que ha llegado a convertirse también en icono navideño. Apareció por primera vez en 1958 en el libro titulado «Un oso llamado Paddington» del escritor inglés Michael Bond.
Pues bien, el origen de este simpático osito fue un oso de peluche que compró su autor Michael Bond, el día de Nochebuena de 1956. Al parecer, al autor le dio mucha pena cuando vio que era el único peluche que quedaba en las estanterías y se lo compró a su mujer. Y a partir de ahí se creo el icono navideño que conocemos.
4. La primera cena de Navidad literaria la describió Dickens.
Si hay un relato típico navideño ese es «Cuento de Navidad» de Charles Dickens, sin embargo, lo que pocos saben es que el primer escrito de este autor sobre la Navidad no fue este sino «Christmas Festivities» también titulado posteriormente como «A Christmas Dinner», publicado en 1835 donde describía la perfecta cena navideña. Dickens era un un defensor a ultranza de estas fiestas, cuando no era aún tan habitual celebrarlas por todo lo alto y contribuyó, sin duda, a su fama actual.
5. La cesta de Navidad apareció literariamente por primera vez en 1663.
Por lo menos en la literatura inglesa, el concepto de regalo navideño aparece por primera vez en el diario privado del célebre diarista inglés Samuel Pepys, que se publicaría más de 100 años después de su muerte(1893). El autor menciona la costumbre de los empresarios de la época de entregar “Christmas boxes” o Cajas de Navidad con regalo o dinero a sus trabajadores, el primer fin de semana después de Navidad.
6. El ballet más famoso a nivel mundial es un cuento infantil navideño
«El Cascanueces y el Rey de los Ratones» es un cuento infantil del escritor alemán Ernst Hoffman. Fue escrito en el año 1816 y se ha convertido en uno de los clásicos de la literatura universal, formando parte, de igual forma, de la tradición navideña mundial. Su mágica historia trata sobre el nuevo juguete de la joven Marie Sthahlbaum, el Cascanueces (muñeco de madera artesanal que viste uniforme militar ruso), recibido en la noche de Navidad.
En 1892, el compositor ruso Pyotr Ilyich Chaikovski, junto con los coreógrafos Marius Petipa y Lev Ivanov, decidió ponerle música a esta historia transformándola en el Ballet El Cascanueces, el cual se ha convertido, quizá, en el más popular de todos los ballets alrededor del planeta.
7. Harper S. Lee escribió ‘Matar a un ruiseñor’ gracias a un regalo navideño.
Esta famosa novela que llegó a valerle un premio Pulitzer a su escritora Harper Lee, tiene una historia navideña tras de si que seguro que no conocéis.
Harper trabajaba en Nueva York, como empleada de reservas en una compañía aérea, lo que simultaneaba con su afición a la literatura. Alrededor de 1957, conoció al matrimonio Brown y la escritora se atrevió a enseñarles algunos de sus textos. En diciembre, le enviaron una nota que decía «Tomate un año lejos de tu trabajo para escribir lo que quieras. Feliz Navidad». Con la nota se adjuntaba una cantidad de dinero equivalente a lo que podría ser su salario anual en ese entonces. Ella aceptó y durante ese año escribió «Matar a un Ruiseñor», publicado en julio de 1960.
¿Quién tuviese un regalo así en Navidad?
8. La primera obra de teatro de Sartre fue navideña.
Jean-Paul Sartre, fue un filósofo, escritor, novelista, dramaturgo, activista político, biógrafo y crítico literario francés, exponente del existencialismo, posmodernismo y del marxismo humanista. Una figura literaria que desde luego no unimos a la Navidad precisamente.
Pues bien, su primera obra de teatro se tituló «Barioná, el hijo del trueno» y trataba sobre el nacimiento de Jesús. Fue escrita mientras Sartre se encontraba en un campo de prisioneros de guerra, en Tréveris, durante la segunda guerra mundial. La pieza se representaría el 24 de diciembre de 1940, y tuvo tanto éxito entre los alemanes que hay quien asegura que por eso liberaron a Sartre. Para que veáis la de utilidades que tiene la literatura.
9. J. R. R. Tolkien escribió muchas cartas firmando como Papá Noel.
El conocido autor de «El Seños de los Anillos»,J. R. R. Tolkienescribió numerosas cartas entre 1920 y 1943, simulando ser Papa Noel. En ellas Tolkien escribe, en boca del propio Papá Noel, para contarles a los niños decenas de anécdotas que le ocurren en su casa, en su taller u otros acontecimientos del Polo Norte.
Con el paso de los años los personajes de la casa de Papá Noel van creciendo en número. Además del Oso Polar del Norte conoceremos elfos de nieve, gnomos rojos, hombres de nieve, osos cavernarios, a su ayudante y secretario elfo Ilbereth y hasta los sobrinos del Oso Polar. Las cartas fueron recopiladas en la obra “Las cartas de Papa Noel”.
10. Gandalf se basó en Papa Noel
Pero las cartas de Papa Noel de Tolkien aún esconden una sorpresa más. En la carta escrita en 1939 se nos narra la batalla de Papá Noel contra los Goblins. En realidad, es como era habitual en el escritor una metáfora de la segunda guerra mundial y a la amenaza alemana. Pues bien, estos personajes sirvieron de base para «El Hobbit», obra que ya había empezado a escribir Tolkien y en la que Papa Noel pasó a ser la inspiración de Gandalf y los Goblins los temibles orcos.
Y hasta aquí las 10 curiosidades navideñas literarias de hoy, que espero os hayan sorprendido. Volvemos muy prontito con más temas navideños. Así que os dejo con el video correspondiente del canal de youtube. No olvidéis suscribiros, aquí y al canal de youtube,y dar a la campanita para que os lleguen las notificaciones.
La novela oculta de Julio Verne: “Paris en el siglo XX»
La novela oculta de Julio Verne: “Paris en el siglo XX». Hoy vamos a rescatar una de las obras más desconocidas y misteriosas de Julio Verne. Este escritor, que es imposible que no conozcáis es probablemente el autor cuyas profecías literarias más han acertado e influido en el mundo actual. Un escritor cuya vida y obra está tan llena de misterio que puede llenar por sí sola innumerables capítulos deMisterios de la Literatura.
Así que os prometo volver sobre su figura en futuras entregas. Sin embargo, hoy quiero centrarme en una de sus obras más polémicas. Una novela que estuvo oculta durante más de 130 años: “París en el siglo XX”.
“París en el siglo XX”. es una novela escrita por Julio Verne que fue publicada por primera vez en francés en 1994. Es considerada como la novela perdida o la novela oculta de Julio Verne, ya que fue escrita en 1863 y se mantuvo oculta durante más de ciento treinta años.
El editor Pierre J. Hetzelhabía sido el único en confiar en Julio Verne al publicar «Cinco semanas en globo» en enero de 1863 (cuando el escritor ya contaba 35 años). Sin embargo, el siguiente libro que presentó el autor, «París en el siglo XX», cambiaba totalmente el registro de un modo que a Hetzel no le gustó nada.
Sus críticas fueron demoledoras, incluso insultantes («un desastre… como escrito por un niño… nada original… mediocre… sin chispa») y quedaron consignadas en los márgenes del manuscrito original y en el borrador de una carta dirigida a Verne.
Hetzel era un buen editor y conocía los gustos del público, como quedó ampliamente demostrado. Vió en aquel manuscrito un estilo excesivamente teatral, unos personajes endebles y una línea narrativa poco sólida, todo lo cual era cierto y producto de la bisoñez de Verne.
Además, esa visión pesimista del futuro no se correspondía con el luminoso proyecto de los «Viajes Extraordinarios» que Hetzel tenía en mente. El editor sabía que el éxito se encontraba en acercar el saber humano a los jóvenes media nte una serie de novelas en las que se exaltara la exploración científica y el avance tecnológico.
“Ha emprendido usted una tarea imposible y —como sus predecesores en cosas análogas— tampoco ha conseguido llevarla a buen fin. Está cien pies por debajo de Cinco semanas en Globo. Si la vuelve a leer estará de acuerdo conmigo. Es periodismo barato y sobre un tema nada afortunado.
No esperaba una cosa perfecta; le vuelvo a decir que sabía que estaba intentando algo imposible, pero esperaba algo mejor. Aquí no hay resuelta ninguna cuestión de futuro serio, ninguna crítica que no parezca una caricatura ya hecha y rehecha, y si algo me asombra es que haya podido usted hacer, como en un arrebato y empujado por algún dios, algo tan penoso, tan poco vivo…
No está usted maduro para un libro así, vuelva a intentarlo dentro de veinte años. Mi querido Verne, fuera usted profeta, nadie creería hoy en su profecía».
Aquello fue definitivo. La siguiente obra de Verne en ver la luz sería otra novela de aventuras, «Viajes y aventuras del capitán Hatteras» y su vena futurista/pesimista quedó enterrada. El manuscrito se olvidó y durante mucho tiempo se creyó perdido.
En los años ochenta del siglo XX, se confirmó su existencia gracias al hallazgo del borrador de la corrosiva carta de Hetzel, a la que hemos hecho referencia antes, y unos años después el bisnieto de Verne encontró el manuscrito olvidado dentro de una caja fuerte que había pertenecido a su abuelo y cuya llave se había perdido.
Cuando se publicó, en 1995, se convirtió en un éxito editorial y fue recibido por los críticos como un trabajo de «importancia histórica inestimable». Incluso se sugirió que se le otorgase el premio Hugo (el máximo galardón que se otorga a obras de ciencia-ficción publicadas el año precedente).
Los expertos vernianos afirmaron incluso que ningún otro de los trabajos del autor se había acercado tanto a la imagen del futuro como esta obra, por mucho que la calidad literaria y la línea argumental, casi inexistente, son propias de una obra primeriza.
A menudo se suele presentar a Julio Verne como un precursor visionario de la tecnología en su vertiente más luminosa, poniendo como ejemplo dos de sus novelas más famosas, «De la Tierra a la Luna» y «Viaje alrededor de la Luna», en las que el ingenio humano es capaz de salvar obstáculos aparentemente infranqueables.
Los héroes de sus novelas son frecuentemente personajes ejemplares, íntegros y valerosos como Miguel Strogoff; o sabios un tanto excéntricos pero llenos de energía y pasión, como el profesor Lidenbrock de «Viaje al Centro de la Tierra» o Paganel, de «Los Hijos del Capitán Grant». Sus conocimientos, unidos a la rectitud moral y al coraje, les hacen salir airosos de empresas colosales, en ocasiones haciendo uso de la tecnología y la ciencia.
Pero lo cierto es que, en el fondo, Verne era un conservador que abrigaba no pocas reservas hacia el progreso técnico y las consecuencias de este sobre la sociedad. Esta cara oscura siempre estuvo presente (el Nautilus del capitán Nemo no sólo es un maravilloso invento, sino que también era un arma temible que condena a muerte a cientos de personas).
Sin embargo, fue en la última etapa de su producción donde se hace más patente: «Los 500 millones de la princesa india», «Robur el Conquistador» o «Ante la bandera» son buenos ejemplos de esta visión mucho más pesimista del autor.
En la novela oculta de Julio Verne: “Paris en el siglo XX» el protagonista del libro, Michel Dufrenoy, es un poeta frustrado. La sociedad del siglo XX desprecia todo aquello que no es práctico y rentable. Todo está centrado en el dinero: «El demonio de la fortuna los empujaba hacia delante sin piedad ni descanso», escribe Verne. Ello ha llevado a una obsesión por las ciencias y la técnica que ha convertido en objeto de ridículo a aquellos que demuestran interés o talento en las artes, la literatura o los conocimientos humanísticos.
Verne habla de un barrio en el que «no se ofrecía un solo alojamiento a los habitantes de la capital; entre otros la Cité, donde se erguían el Tribunal de Comercio, el Palacio de Justicia, la Jefatura de Policía, la catedral, el depósito de cadáveres, es decir, lo necesario para ser juzgado, condenado, encarcelado, enterrado e incluso salvado. Los edificios habían expulsado a las casas».
Lo curioso es que en la actualidad existe un barrio parisino que lleva el mismo nombre, construido más de cien años después de escribirse este libro y veinte años antes de que se publicara.
Verne predice también que en el patio del Louvre se construiría una estructura moderna y geométrica. La famosa pirámide de cristal de I.M. Pei se terminó en 1989 en el mismo lugar que menciona la novela. También predijo una estructura parecida a la Torre Eiffel, aunque esta se construiría 24 años más tarde, en 1887. Anticipó asimismo los altos edificios de pequeños apartamentos y la necesidad de adaptar los muebles a esos diminutos espacios, así como un altísimo grado de polución ambiental.
París se ha convertido en una ciudad enorme en la que sus ciudadanos acceden a los suburbios gracias a una red de trenes de cercanías. El transporte urbano se completa con un ferrocarril ligero y elevado impulsado por una combinación de aire comprimido y fuerza electromagnética.
La energía es generada por molinos eólicos; las calles se iluminan con lámparas eléctricas que se encienden y apagan centralizadamente; las casas tienen portero automático, aire acondicionado y ascensor; los automóviles se impulsan por gas hidrógeno; en los bancos se utiliza un trasunto de fax, las cuentas se realizan con máquinas calculadoras y las cajas fuertes disponen de mecanismos eléctricos de seguridad, el gobierno utiliza la silla eléctrica para ejecutar a los reos …
Por supuesto, también hay otras predicciones que no han llegado a cumplirse, como la desaparición de las guerras o la muerte de la política. Aunque no se ha alejado tanto de la realidad ya que realmente en Europa y el mundo occidental las guerras son casi inexistentes precisamente por el motivo que explicaba Verne. Las armas son tan potentes que la devastación sería global.
Con todo esto, unido a sus otras grandes novelas donde abundan las predicciones increíbles, es imposible no preguntarse si Verne era algún tipo de adivino. Lo cierto es que aunque hay algunas predicciones difíciles de explicar, como veremos en futuros artículos, Verne se basaba realmente en una erudición y preparación documental simplemente excepcional.
Verne era un ávido lector de todo tipo de revistas especializadas, y a lo largo de los años, organizó una enorme base de datos, de la que extraía la información que precisaba para los detalles técnicos, científicos y geográficos de sus novelas. Muchas de las invenciones futuristas que describe no eran sino descripciones algo mejoradas de invenciones recientes o cuyas investigaciones se hallaban bastante avanzadas.
Por ejemplo, los coches que Verne describe se basan en el motor de explosión que Lenoir había inventado en 1859. El «fax» no es sino el Pantelégrafo Caelli, inventado en 1859, que permitía la reproducción telegráfica de la escritura y el dibujo. Y el ascensor de Otis fue instalado en un edificio por primera vez en 1853.
Sea como fuere Julio Verne fue un escritor excepcional sobre el que volveremos muy pronto. Ahora os dejo, adictos a la literatura, con el video de mi canal de youtube. No olvidéis suscribiros si os ha gustado y dar a la campanita para que os lleguen las notificaciones.
La novela oculta de Julio Verne: “Paris en el siglo XX»
El viaje del héroe, que tratamos esta semana, es la última parte de los artículos que he dedicado a los héroes en la literatura. Después de hablar de los distintos tipos de héroes y de dedicar un video artículo completo a la figura del antihéroe, nos faltaba la tercera parte de esta auténtica trilogía heroica: El viaje del héroe.
Un tema muy especial porque, no sólo vamos a descubrir la estructura clásica a la que se ajustan la mayoría de las grandes historias literarias de todos los tiempos, sino que además también comprobaremos que se puede aplicar incluso a etapas de nuestra propia vida.
Pero antes de meternos en harina quiero recordaros que aún estoy recibiendo vuestros relatos, ya sabéis, con un máximo de mil palabras y temática libre, de aquí a fin de año. Podéis mandarlos a mi email de contacto. Animaos que aún os veo muy tímidos y si no son suficientes declararé desierto el concurso. Recordad que los cinco mejores tendrán regalo sorpresa y los comentaré aquí en el canal.
Y ahora sí empecemos el viaje del héroe.
El camino del Héroe o viaje del héroe, también llamado Monomito, es un término acuñado por Joseph Campbell, un escritor, profesor, mitólogo y antropólogo estadounidense que viajó por Europa y Asia. Apasionado de la mitología, Campbell descubrió que existía un patrón que se repetía en mitos y relatos de distintas culturas. En 1949 escribió el libro «El héroe de las mil caras» donde acuño el término del Viaje del héroe o monomito, que no es otra cosa que este patrón universal descubierto por él.
Pero aquí lo interesante es saber en qué consiste y como aplicar lo descubierto por Campbell e a nuestras propias obras literarias. Y para conseguirlo lo mejor es analizar el viaje del héroe que normalmente se considera dividido en 12 etapas. Veámoslas en detalle:
Etapa 1. El Mundo Ordinario
Es la etapa inicial del relato en que se presenta el héroe como una persona ordinaria inmersa en su vida habitual. Esta etapa sirve para identificar al lector con el personaje y crear empatía con él. En algunos relatos se realiza esta presentación mediante una descripción del personaje y su vida. Sin embargo, si el relato es de aventuras, puede funcionar presentar al héroe inmerso en una escena de acción. Es, por ejemplo, el caso de las películas de Indiana Jones que presentan al personaje terminando una última aventura.
Etapa 2. La llamada a la Aventura
Este es el momento es que sucede algo que rompe la rutina o actividad habitual del héroe. Un suceso que viene a sacarle de su zona de confort. En algunas ocasiones este cambio puede llegar de la mano de un mensajero, un personaje al que se suele denominar el heraldo. También puede producirse como una llamada interna, una necesidad del héroe que siente que debe afrontar un cambio conflicto empieza a vislumbrarse en el horizonte.
No penséis que este esquema se aplica sólo a grandes historias épicas de aventuras, se aplica a todo tipo de historias. En una historia romántica la llamada a la aventura podría ser el momento de conocer a la persona de la que se va a enamorar el protagonista.
En la película ¿Conoces a Joe Black?, la llamada a la aventura se produce cuando los protagonistas se encuentran casualmente en una cafetería.
Etapa 3. Rechazo de la Llamada
En esta etapa el héroe duda e incluso rechaza en un primer momento la llamada a la aventura. Esto ayuda a dar dramatismo y realismo a la historia. ¿Quién de nosotros es capaz de salir de su zona de confort sin ni siquiera dudar?
Puede dar mucho juego literario utilizar una estructura rechazo-aceptación en esta etapa del relato. Es decir, hacer que el héroe rechace completamente la aventura para aceptarla inevitablemente después.
Este elemento lo juega Stan Lee magistralmente en su personaje de Spiderman cuando Peter Parker es llamado a usar sus nuevos poderes, pero se niega en un primer momento. El resultado la muerte del tío Ben y su conversión inmediata en justiciero enmascarado.
Etapa 4. Encuentro con el mentor
En esta etapa, después de que nuestro protagonista ha aceptado la aventura, se encuentra con un personaje que le guía y ayuda a afrontar ésta. Se trata de una figura catalizadora que despeja las dudas que le puedas quedar al héroe y que suele denominarse genéricamente el mentor.
Normalmente se trata de un personaje experimentado que ya ha pasado por la misma aventura u otra muy similar a la que le espera al protagonista. El mentor ofrecerá consejos, herramientas o poderes que le serán de utilidad al héroe en el mundo especial al que se va a enfrentar. Los mentores son catalizadores que convencen a los héroes de emprender la aventura y favorecen su buen desarrollo.
Un ejemplo perfecto es Gandalf en «El Señor de los Anillos» de J. R. Tolkien, un mago que ofrece su ayuda y consejo a Frodo, para que éste inicie su camino a Rivendel para poner el anillo a salvo.
Etapa 5. Cruce del Primer Umbral
Este es el momento que el viaje se puede considerar iniciado. El héroe se adentra definitivamente fuera del mundo ordinario cruzando el umbral al llamado mundo especial. Suele ser un momento de confusión donde el héroe pueda mostrarse confuso, pero en el que también éste reconoce que ya no hay vuelta atrás posible.
En Matrix este momento es cuando Neo toma la pastilla roja que le ofrece Morfeo, que ejerce aquí como el mentor, adentrándose definitivamente en el mundo real que, paradójicamente es el mundo especial de su particular viaje del héroe.
Etapa 6. Pruebas, Aliados y enemigos
En esta etapa el héroe inmerso ya en un mundo nuevo debe adaptarse a nuevas reglas pasando diversas pruebas que irán transformándole poco a poco. Es interesante jugar aquí con el fracaso del héroe en alguna de estas pruebas. Esto ayuda a crear un héroe más creíble y a justificar la introducción de aliados que ayuden al héroe. En esta etapa suelen aparecer los primeros enemigos del héroe.
En «Dune» de Frank Herbert, Paul Atreides debe enfrentarse en el desierto a diversas pruebas hasta encontrar la ayuda de sus aliados los Fremen.
Etapa 7. Acercamiento a la caverna más profunda
En esta etapa el héroe ya ha madurado y ha formado nuevas creencias con la experiencia que ha ido adquiriendo. Esto le hace decidirse a afrontar su batalla final. Es el momento en que el héroe se decide a enfrentar las “fuerzas del mal” de forma definitiva.
Etapa 8. El Calvario
Es el momento álgido del viaje del héroe. El momento en que éste por fin se enfrenta a su reto mayor, aquel para el que ha estado preparándose.
Este enfrentamiento puede ser literal si estamos hablando de historias épicas de acción o metafórico si hablamos de un viaje interior. Se puede tratar también del momento en que nuestro protagonista enfrenta una batalla interior que le cambia para siempre.
Etapa 9. La recompensa
Es el momento en que el héroe vence su batalla y recibe una recompensa que puede ser material o inmaterial. Sin embargo, aquí no acaba su viaje, ya que el héroe tras disfrutar de su victoria debe volver al camino. Suele ser un momento de alivio dramático donde parece haberse solucionado la crisis que dio lugar al viaje.
Etapa 10. El camino de vuelta
En esta etapa se rompe la calma alcanzada tras la victoria aparente y su recompensa porque en el viaje de vuelta del héroe, surge un nuevo problema que pone en peligro todo lo alcanzado. Esto obliga al héroe a afrontar un nuevo reto que, esta vez sí, será el definitivo que marcará el éxito o fracaso de su viaje.
Etapa 11. Resurrección del héroe
Este el auténtico clímax de la historia, donde el héroe triunfa definitivamente, venciendo a sus enemigos y superando sus defectos y sus miedos. Todo esto hace que el héroe sufra una transformación definitiva, ya no es el mismo personaje que inició el viaje.
Etapa 12. Regreso con el Elixir.
Es el final de la historia que se produce cuando el héroe retorna a su mundo ordinario, pero transformado por su viaje. Suele hablarse dos tipos de finales:
Circular: Tras solucionar la crisis, el héroe vuelve a su vida habitual, aunque transformado en alguien mejor.
Abierto: El final es ambiguo ya que algunas cuestiones que dieron lugar al viaje del héroe permaneces sin solucionar, dando así pie a una futura continuación del viaje.
Y con eso llegamos al final de la estructura clásica del viaje del héroe, del monomito. Es interesante destacar que no todos los escritores comparten, no obstante, esta visión de Joseph Campbell. De hecho, aunque hemos nombrado la novela «Dune», de Frank Herbert como ejemplo de historia que sigue el monomito, su trama se ingenió, de hecho, para subvertir este esquema.
Herbert tenía una posición crítica sobre el monomito que explicaba así:
«El sentido subyacente de la trilogía de Dune es: Cuidado con los héroes. Es mucho mejor confiar en el propio juicio y en los propios errores. Dune estaba enfocada contra esta idea del líder infalible, ya que mi visión de la historia sostiene que los errores cometidos por un líder (o cometidos en su nombre) se amplifican proporcionalmente al número de adeptos que lo secundan sin cuestionarlo».
Algunos autores creen, incluso, que la teoría del monomito es una generalización excesiva que no respeta las peculiaridades de las distintas mitologías y que no todas pueden identificarse tan claramente con este esquema. Incluso se la ha tildado, no sin falta de razón, de una visión machista centrada en el hombre.
La verdad es que esta última crítica es muy cierta, pero fácilmente solucionable con considerar que este esquema literario es exactamente igual, independientemente se trate del viaje de un héroe o heroína. En cuanto a la excesiva generalización, es justo reconocer que el propio Campbell apuntaba que no siempre se cumplen todas estas etapas y que en muchas historias algunas desaparecen y otras se amplían de acuerdo a los gustos del autor.
Lo cierto es que, en mayor o menor medida, prácticamente en cualquier historia encontramos elementos fácilmente identificables con este viaje del héroe. Además, tal y como os comenté el inicio de este video artículo, incluso en los problemas y conflictos que afrontamos en nuestra propia vida, en muchos casos aparecen una o varias de estas etapas.
Si no me creéis, un buen ejercicio que podéis hacer, como futuros escritores, es pensar en alguna etapa especialmente conflictiva de vuestra vida e id identificando una o varias de las etapas definidas por Campbell. Ya me diréis qué os resulta del experimento.
Y hasta aquí el viaje del héroe. No olvidéis enviadme vuestros relatos, os dejo con el video de mi canal de youtube. Espero vuestros comentarios y ya sabéis, suscribíos y dad a la campanita para que os lleguen las notificaciones.
Los misterios de Sir Arthur Conan Doyle. Volvemos con una nueva entrega de Misterios de la Literatura. Esta semana le ha llegado al turno ni más ni menos que a Sir Arthur Conan Doyle, conocido universalmente por ser el creador de Sherlock Holmes. Un autor que de ninguna manera podía dejar de estar en esta sección, ya que si algo caracterizó su vida fue el misterio en todas sus dimensiones. Así que pongámonos a ello.
Arthur Ignatius Conan Doyle nació en Edimburgo, Escocia, el 22 de mayo de 1859. Creció en una familia numerosa de entre 9 o 10 hermanos. Su padre era el arquitecto Charles Altamont Doyle, proveniente de una familia de ilustradores y caricaturistas. Algo que él también el practicaba por lo que llegó a ilustrar la primera edición de la obra de su hijo “Estudio en escarlata”. Su madre, Mary Foley, era una mujer irlandesa, hogareña, pero también una mujer de letras, lectora apasionada y profundamente imaginativa. Ella fue, probablemente, quien despertó el gusanillo de la literatura del pequeño Arthur Conan Doyle.
No fue una infancia fácil. El alcoholismo creciente de su padre fue llevando a la familia a graves problemas económicos. En 1864 la familia tuvo incluso que separarse durante 3 años, yendo los hermanos a residir temporalmente a diversas instituciones. Finalmente, en 1867 la familia se reunió de nuevo alquilando unas habitaciones en una casa de huéspedes.
Afortunadamente y gracias al apoyo económico de sus tíos, en 1868, Arthur Conan Doyle, pudo acceder a una buena educación en diversos colegios de la orden de la Compañía de Jesús. En 1876, comenzó la carrera de Medicina en la Universidad de Edimburgo, donde curiosamente destacó como deportista y conoció al médico forense Joseph Bell, del que ya os hablaré más en profundidad porque es la figura inspiraría al personaje de Sherlock Holmes.
Artur Conan Doyle empezó a escribir y publicar historias cortas mientras estudiaba medicina, aunque esto no le impidió doctorarse y llegar a ejercer como cirujano durante seis meses, a principio de 1880, en un ballenero llamado The Hope. Un años después y acabados sus estudios volvería a embarcare como médico, en esta ocasión en el buque SS Mayumba en su viaje a las costas de África Occidental.
En 1882 intentó establecerse como médico por su propia cuenta en Portsmouth, sin demasiado éxito, por lo que volvió a la literatura con nuevas historias inspiradas en sus viajes marinos, que fueron publicados sin demasiada pena ni gloria. En 1885 se casó con Louise Hawkins, más conocida como Touie, con la que tuvo dos hijos: Mary Louise (1889-1976) y Arthur Alleyne Kingsley (1892-1918).
Una vez más, en 1887 se mudó a Londres para ejercer de oftalmólogo. Sin embargo, el destino le volvió a dejar claro que la medicina no era su futuro y, como él mismo reconoció en su biografía, ningún paciente entró en su clínica. Esto, para fortuna de todos nosotros los lectores, le llevó a lanzarse definitivamente a la escritura dando a luz al personaje que lo haría inmortal, Sherlock Holmes. A partir de aquí su carrera literaria despegaría hasta lanzarle a una merecida fama.
Arthur Conan Doyle fue también un hombre interesado en la política y comprometido. En 1900, tras escribir su libro más largo «La guerra de los bóeres», se presentó como candidato para la Unión Liberal. A pesar de que ya entonces era un personaje querido y muy respetado no logró la elección. En 1902, tras escribir un artículo titulado «La guerra en el sur de África: causas y desarrollo», que alcanzó gran difusión, fue nombrado caballero de la Orden del Imperio Británico en 1902, otorgándole el tratamiento de sir.
Sin embargo, la desgracia esperaba a la vuelta de la esquina y el 4 de julio de 1906, su mujer pereció de tuberculosis a pesar de haber acudido con toda su familia a Suiza para intentar que se repusiera. Sólo un año después de casaría de nuevo, en esta ocasión con la médium Jean Elizabeth Leckie, a la que al parecer llevaba unido por un amor platónico más de 20 años. Con ella tendría de tres hijos más: Jean Lena, Denis Percy Stewart y Adrian Malcolm.
Al estallar la Primera Guerra Mundial en 1914, Arthur Conan Doyle volvió a demostrar su compromiso político, intentando alistarse, a sus 55 años, como simple soldado raso. Lógicamente fue rechazado, pero aun así fue al frente de batalla y reportó los acontecimientos para el Ministerio de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña.
Sir Arthur Conan Doyle murió en Crowborough, East Sussex (Inglaterra), el 7 de julio de 1930 de un ataque al corazón. Tenía 71 años de edad y en su honor se erigió una estatua que se encuentra en esa localidad, donde residió durante 23 años. Fue enterrado en el cementerio de la iglesia de Minstead en New Forest, Hampshire.
Sir Arthur Conan Doyle fue uno de los grandes escritores del siglo XX. Aunque los 56 relatos y cuatro novelas que escribió sobre Sherlock Holmes opacaron el resto de su obra, lo cierto es que fue un autor prolífico que barco todo tipo de temáticas. Se le calculan entre veinte y treinta obras de ficción, libros de historia sobre dos guerras, varios títulos de ciencia paranormal, tres de viajes, uno sobre literatura, varias obras de teatro, dos libros de criminología, dos panfletos políticos, tres poemarios, un libro sobre la infancia y una autobiografía.
Pero más allá de todo esto, Sir Arthur Conan Doyle estuvo rodeado de misterio y no sólo en sus obras de ficción. Se trató sin duda de uno de esos escritores en los que ficción y realidad llegan a mezclarse hasta hacerse casi indistinguibles. Por eso llega el momento de repasar algunos de los grandes misterios de Sir Arthur Conan Doyle.
Sir. Arthur Conan Doyle y el espiritismo
Aunque parezca paradójico, el creador de uno de los personajes más racionales y defensores del método científico como Sherlock Holmes, fue también un profundo creyente en el mundo del más allá y especialmente en el espiritismo.
Sir Arthur Conan Doyle se vio muy influenciado por sus experiencias en el campo de batalla durante la Primera Guerra Mundial. Estas experiencias traumáticas junto a la muerte de su hijo Kingsley que falleció a causa de una neumonía en 1918, y de su propio hermano, el Brigadier General Innes Doyle, en 1919, hicieron que volcase en la búsqueda de la espiritualidad y el esoterismo.
Sólo 2 años después el escritor se vio envuelto en uno de lo casos más curiosos de la historia del espiritismo; la aparición de unas fotos que probaban la existencia de las hadas.
La historia comenzó en el jardín de una casa en la aldea de Cottingley, cerca de la ciudad inglesa de Leeds. Elsie Wright y su prima Frances Griffiths pasaban aquel verano de 1917 jugando en el jardín, junto a un arroyo, según ellas, con hadas.
Griffiths había llegado de Sudáfrica con su madre, para vivir con su tía, su tío y su prima Elsie en el condado de Yorkshire, en Inglaterra, mientras su padre peleaba en la Primera Guerra Mundial. Las dos niñas solían jugar en el jardín todo el tiempo y volvía con la ropa, los zapatos y las medias sucias. Para justificarse solían decir que querían jugar en el jardín porque jugaba con hadas.
En 1920 las dos niñas dijeron haber fotografiado a las hadas en el jardín de la casa en la que vivían, en el norte de Inglaterra. Elsie Wright describiría en la BBC siendo ya adulta lo que había visto entonces:
«Este es el lugar donde vi el gnomo. Yo estaba aquí y Frances estaba allí, con la cámara. El gnomo venía de atrás de un árbol y caminó hasta donde yo estaba. Me pareció que me iba a tocar y extendí el brazo, pero desapareció. Ellos eran así, se acercaban y después desaparecían»
Las fotos que presentaron las madres de las niñas, eran de gran calidad para la época. De hecho, las hadas no tienen apariencia etérea, sino que, por el contrario, eran bastante sólidas, lo que llamó rápidamente la atención de los medios.
Sir Arthur Conan Doyle, se interesó en el caso y, tras encargar un estudio de las imágenes, escribió un controvertido artículo en el Strand Magazine titulado «Hadas fotografiadas: un suceso memorable», en el que defendió su autenticidad. Posteriormente incluso escribiría un libro «El misterio de las hadas» (1921) en el que trataría el tema con más profundidad.
La realidad se supo 50 años después de la muerte de Doyle. En 1981 en una entrevista realizada por Joe Cooper para la revista The Unexplained, las primas declararon que las fotografías eran falsas; habían sujetado recortes con alfileres de sombrero. Lo más sorprendente es que el motivo por el que mantuvieron tanto tiempo su mentira fuer, según explicó Elsie Wright, porque habían estado demasiado avergonzadas para admitir la verdad después de engañar al autor de Sherlock Holmes.
Es justo también reconocer que a pesar de reconocer que las fotos eran falsas, sus autoras mantuvieron hasta el final que las como las meigas, haberlas hay las y que efectivamente en su jardín vivían hadas.
¿Existió Sherlock Holmes?
Puede que esta pregunta os resulte extraña, pero el personaje de Sherlock Holmes de Sir Arthur Conan Doyle, fue caracterizado con tal perfección por su autor, que muchas preguntas han llegado a dudar si realmente había existido. Como anécdota basta comentar que aún hoy se reciben múltiples cartas en el número 221B de la calle Baker, en Londres, la dirección ficticia inventada por Doyle para el famoso detective, en la que se solicitan sus servicios.
Lo cierto es que, aunque pueda sorprenderos, existe un personaje real en el que el escritor se basó para crear a Holmes. Su nombre era Joseph Bell (1837-1911), un famoso cirujano y profesor de la Enfermería Real de Edimburgo.
Sir Arthur Conan Doyle le conoció durante sus estudios se medicina. De él se comentaba con asombro que, tras echar un vistazo al aspecto y vestimenta de un paciente, deducía su vida y sus costumbres con increíble precisión. Estas asombrosas facultades asombraron al joven Doyle que posteriormente lo describiría así:
«Bell era un hombre muy notable física y mentalmente. Enjuto, nervudo, moreno, de rostro afilado y nariz poderosa, ojos grises penetrantes, hombros angulosos y andares renqueantes. La voz, aguda y disonante. Cirujano muy mañoso, su punto fuerte era, sin embargo, el diagnóstico, y no sólo de la enfermedad sino también de la profesión y carácter del paciente.
Por alguna razón que nunca he logrado adivinar, de entre el montón de estudiantes que frecuentaban sus salas me escogió a mí para ayudarle a atender a los pacientes externos, lo que significaba que yo tenía que ocuparme de darles cita, escribir notas sencillas sobre sus casos y luego hacerlos entrar, uno a uno, a la gran sala, que presidía mayestáticamente Bell en medio de una cohorte de ayudantes y alumnos. Aquello me permitió estudiar sus métodos de cerca y comprobar que él obtenía más datos del paciente con unas cuantas ojeadas que yo con mi sarta de preguntas”.
Lo cierto es que tanto mental como físicamente Sherlock Holmes debe mucho al doctor Bell, aunque también hubo otra influencia, en esta ocasión literaria, que le sirvió de inspiración y que es justo recordar: el detective C. Auguste Dupin salido de la increíble imaginación de otro de esos grandes genios a los que hemos dedicado un capítulo de Misterios de la literatura: Edgar Allan Poe.
En cuanto al ayudante abnegado de Holmes, el buen doctor Wartson, no hace falta decir que Arthur Conan Doyle se basó en si mismo para el personaje. Doctor como él, excombatiente en la guerra como él y médico poco afortunado en sus consultas particulares, como él mismo. Eso sí, a quien realmente quería parecerse Doyle era a Holmes, a quien no dudó en emular como criminólogo en varios casos reales, como veremos a continuación.
Sir Conan Doyle metido a investigador privado
La fama de Sherlock Holmes y su autor Arthur Conan Doyle llegó a tal punto que sus lectores empezaron a confundir al autor con su propio personaje. La verdad es que la gente no estaba tan equivocada ya que Sir Arthur Conan Doyle se convirtió en un criminólogo avezado que no dudó en aplicar el método Holmes a casos reales, con notable éxito la verdad.
El caso de Adolf Beck
Uno de ellos fue el extraño caso de Adolf Beck, un agente naviero noruego acusado de una serie de estafas contra mujeres en 1895, después de que una testigo le reconociera en plena calle. Beck fue acusado de diez delitos menores y cuatro delitos graves. Beck fue identificado también por un policía como un hombre que se hacía llamar John Smith, condenado a cinco años de trabajos forzados en 1877 por robar los pendientes, un anillo y once chelines a una mujer llamada Louisa Leonard.
De nada sirvieron las protestas de Beck que aseguró que tenía testigos que podían demostrar que se encontraba en Sudamérica en 1877. El 5 de marzo de 1896 Adolf Beck fue declarado culpable de fraude y sentenciado a siete años de servidumbre penal en la Prisión de Convictos de Portland en la Isla de Portland.
Sir Arthur Conan Doyle investigó el caso en profundidad aplicando el método Sherlock, como se dio en llamar en los medios. Sus conclusiones fueron que Beck era inocente y que había pruebas claras de que se encontraba en Sudamérica cuando se produjeron sus supuestos delitos. Todo apuntaba a un error de identificación por parte de las víctimas.
En 1901, Beck fue puesto en libertad tras cumplir su condena, pero su mala suerte aún no había acabado. El 22 de marzo de 1904, un sirviente llamado Paulina Scott presentó una denuncia de que un hombre de pelo gris y aspecto distinguido la había abordado en la calle, le había hecho cumplidos y luego le había robado sus joyas. El inspector que tomó la denuncia estaba familiarizado con el caso de Beck y asumió que él debía ser el culpable. Beck volvió a ser arrestado y juzgado el 27 de junio en Old Bailey ante Sir William Grantham.
Cinco mujeres lo identificaron y, con base en esta identificación positiva, fue declarado culpable por el jurado. El juez, sin embargo, se mostró insatisfecho con el caso y expresó algunas dudas al respecto. Afortunadamente, a pesar de las garantías del Ministerio del Interior y la policía sobre la culpabilidad de Beck, decidió posponer la sentencia.
Sin embargo, para fortuna de Beck y alegría de Doyle, que seguía defendiendo su inocencia la verdad salió a la luz diez días después. El 7 de julio, el inspector John Kane del Departamento de Investigación Criminal fue informado de la detención de un hombre que había intentado estafar a un par de actrices desempleadas esa tarde y había sido aprehendido en una casa de empeños. El modus operandi coincidía con el atribuido a Beck, pero éste en ese momento estaba en la cárcel.
Tras investigar al detenido, este resultó ser Wilhelm Meyer, nacido en Viena. Un estafador que había utilizado diversos seudónimos como William Thomas, William Wyatt, William Weius y, por supuesto, John Smith. Era el verdadero autor de los delitos atribuidos al pobre Adolf Beck desde un principio, como el propio Meyer terminó confesando. Al final, tal y como Sir Arthur Conan Doyle había defendido, se había tratado de un caso de identificación errónea.
Beck recibió el perdón real el 29 de julio de 1904 y una compensación de 2000 libras y su caso sirvió para establecer el Tribunal de Apelación Penal, hasta ese momento inexistente en Gran Bretaña.
El asesinato de Marion Gilchrist
Sin embargo, hubo otro en el que Conan Doyle se involucró más profundamente demostrando que no estaba tan lejano de su propio personaje Sherlock Holmes.
Marion Gilchrist era una mujer adinerada de 82 años que vivía en Glasgow, con su doncella, Helen Lambie, de 21 años. Alrededor de las 7 de la noche del 21 de diciembre de 1908, Lambie salió a comprar el periódico vespertino, como solía hacer a diario; cerró las dos cerraduras de puerta del apartamento con llave, así como la puerta del hall de salida.
Al poco rato, un vecino que vivía en el apartamento de debajo, oyó un fuerte golpe, por lo que subió por si su vecina necesitaba ayuda. Aunque llamó al timbre nadie le abrió por lo que bajo de nuevo a su casa, pero allí sus hermanas le insistieron en que volviera a subir. En esta ocasión coincidió con Helen Lambie, que volvía con el periódico, a la que contó lo que había ocurrido.
Ambos entraron a tiempo de ver a un hombre bien vestido que salía de la casa caminando con calma. Ambos asumieron que se trataba de algún invitado y no le dieron mayor importancia. Tras revisar la cocina y la habitación principal, Lambie dijo que todo estaba en orden. Sin embargo, cuando Lambie fue al salón, descubrió el cuerpo de Marion Gilchrist en el piso, con una alfombra en la cabeza. Estaba viva pero inconsciente y murió a los pocos minutos. Había sido golpeada brutalmente y tenía la cara destrozada.
Cuando se registraron las pertenencias de la desafortunada mujer se descubrió que faltaba un broche de diamantes.
La policía, acuciada por la opinión pública que clamaba por un culpable para tan atroz crimen, encontró rápidamente el sospechoso ideal. Un judío de origen alemán llamado Oscar Slater, fue descubierto 5 días después, mientras intentaba vender un boleto de empeño por un broche de diamantes. Oscar Slater vivía cerca de la víctima y, además, había tomado un barco con destino a Nueva York y viajaba bajo un nombre falso, en lo que todo parecía apuntar como la huida de un asesino.
Al llegar a Nueva York, Slater fue sorprendido por las autoridades. Cuando se enteró de lo que ocurría, exigió permiso para regresar a Escocia a limpiar su nombre.
El juicio fue un mero trámite. Aunque se descubrieron claras inconsistencia como que el broche empeñado no era el robado, sino que pertenecía a Slater, que lo había empeñado varias semanas antes del asesinato. Incluso aparecieron testigos que podían confirmar que Slater estaba en otro lugar en el momento del asesinato.
Pero nada de todo esto sirvió ante el prejuicio institucional de la época capaz de aportar pruebas tan sólidas como la antropología criminal -método en boga en la época- que afirmaba que bastaba con observar los ojos furtivos, la forma de su boca y, particularmente, el tamaño de su nariz para saber que era capaz de hacer algo realmente malo. Además, Slater vivía con una prostituta y hablaba un pésimo inglés, así que estaba claro que tenía que tratarse sin duda alguna de un criminal.
Oscar Slater fue condenado a muerte el 27 de mayo de 1909.
Afortunadamente una parte de la sociedad inició una campaña en contra de la sentencia y el abogado de Slater, Ewing Speirs, logró reunir 20.000 firmas solicitando la conmutación de la pena de muerte a una vida tras las rejas por motivos de pruebas circunstanciales. Esta presión surtió efecto y, 48 horas antes de que se cumpliera su destino en el cadalso, su sentencia se redujo a cadena perpetua con trabajos forzados.
Sir Arthur Conan Doyle se vio rápidamente atraído por el caso, por lo que decidió aplicar, una vez más, el método Sherlock, investigando el caso en profundidad. Su esfuerzo dio fruto y fue capaz de hallar nuevas pruebas y testigos no llamados que cuestionaban claramente las pruebas de la acusación.
Doyle descubrió que si Slater viajó bajo un nombre falso no era porque huyese de la policía sino porque iba con su amante y trataba de evitar ser descubierto por su esposa. Además, demostró que, un martillo que poseía Slater y que se había presentado como el arma homicida, no era lo suficientemente grande y firme como para infligir el tipo de heridas que Gilchrist había sufrido. De hecho, Conan Doyle con la ayuda de un médico forense apuntó que la verdadera arma homicida usado por el criminal fue una silla grande y llena de sangre, que estaba en el lugar del crimen. También apuntó Doyle, que Gilchrist conocía a su asesino y le había abierto la puerta, pues no había señales de entrada a fuerza.
Sus hallazgos se publicaron como una súplica para el perdón de Slater en un panfleto titulado «El caso de Oscar Slater» en 1912. A pesar de la gran repercusión de su escrito, Arthur Conan Doyle no logró que se repitiera el juicio, debido a la cerrazón de las autoridades en Glasgow.
Hubo que esperar a 6 años después de la condena, cuando en 1914 se encontró un nuevo testigo que verificaba que Slater no había estado en ese apartamento cuando tuvo lugar el asesinato. Además, se descubrió que la doncella Helen Lambie, que se suponía que había identificado a Slater como el hombre que había visto el día del asesinato, en realidad le había dado a la policía otro nombre, que las autoridades habían decidido ignorar.
Ese año las autoridades ordenaron que se hiciera una investigación secreta. Un oficial de policía respetado, el teniente detective John Thompson Trench, reveló información ocultada en el caso policial original que implicaba a uno de los familiares de Gilchrist. Aun así, la investigación declaró nuevamente que la condena de Slater era justa y Trench fue despedido, desacreditado y finalmente incriminado por tomar parte en esta investigación. Afortunadamente, Trench guardó un documento del caso original que demostraba la veracidad de sus afirmaciones. Cuando murió en 1919, su viuda se lo envió a Sir Arthur Conan Doyle.
Ese documento, junto con un mensaje secreto del desesperado Slater sacado clandestinamente de la prisión, reavivó el interés de Conan Doyle que decidió volver una vez más al caso. Decidido a usar toda su influencia, el escritor no dudé en escribir a políticos e incluso utilizar su propio dinero para financiar los honorarios legales de la defensa de Oscar Slater.
18 años después de la condena, en 1927, se publicó un libro del periodista de Glasgow, William Park«La verdad sobre Oscar Slater», donde llegaba a las mismas conclusiones de Conan Doyle. Los medios estallaron de nuevo con el caso y se descubrió como la fiscalía había manipulado a los testigos para asegurar la condena Slater.
Finalmente, el 8 de noviembre de 1927, el secretario de Estado de Escocia autorizó la liberación de Oscar Slater, tras estar más de 18 años y medio en prisión. Se le compensó con 7000 dólares de la época, aunque nunca fue oficialmente exculpado.
Como anécdota, es curioso el dato de que Sir. Arthur Conan Doyle, al conseguir la salida de la cárcel de Slater, le reclamó los gastos de su defensa. Sin embargo, éste le respondió que no debería ser él quien pagara la defensa por un crimen que pagó, pero que no cometió.
De esta forma, Sir Arthur Conan Doyle demostró con este caso que sus dotes como detective estaban a la altura de su homólogo literario Sherlock Holmes, pero también que a veces lograr que se haga justicia puede salir muy caro.
Jack el Destripador
Obviamente, los crímenes más famosos de finales del siglo XIX fueron los de Jack el Destripadory Sir Arthur Conan Doyle no tuvo más remedio que implicarse en el caso.
He de confesaros aquí, pero que quede entre nosotros, que mi próximo libro que está ya calentando motores y verá la luz en enero, es precisamente una investigación sobre Jack el Destripador. Os dejo el enlaceal primer video promocional del libro. Ya os daré más detalles en próximos video artículos, pero por ahora baste este apunte para que entendáis que este tema lo conozco en profundidad.
Sir Arthur Conan Doyle junto a sus colegas del Crime Club, siguió los pasos de Jack por las peores calles del East End y, en diciembre de 1892, visitó además las instalaciones del Black Museum de Scotland Yard. Entre sus aportaciones a la investigación destacan su sugerencia de que el asesino podía ser una mujer lo que explicaría así la facilidad para acercarse a sus víctimas y el hecho de que estas no hubieran sido agredidas sexualmente. De hecho, llegó a sugerir que se utilizasen policías vestidos de mujeres para intentar tender una trampa al asesino. También sugirió la utilización del análisis grafológico de las cartas atribuidas al criminal y su publicación para intentar que algún conocido reconociera la letra.
La realidad es que nunca se capturó a Jack el Destripador y que, desde entonces, las teorías sobre su identidad no han hecho más que multiplicarse. Y, entre todas estas teorías, destaca una realmente asombrosa. Y es que el grafólogo español Jesús Delgado, en su obra “Informe policial: La verdadera identidad de Jack el destripador” que el propio Sir Arthur Conan Doyle era el asesino escondido tras la máscara del Destripador.
Tan peregrina afirmación surge en base a un perfil criminal elaborado por Jesús Delgado y a las similitudes entre la letra de una de las cartas del asesino (la misiva encabezada por el famoso «desde el infierno, Mr. Lusk») y la del propio Conan Doyle. Además, hay que recordar que Sir Arthur Conan Doyle era médico de profesión, lo que justificaría los supuestos conocimientos anatómicos del Destripador.
Con todo mi respeto para esta obra, que os recomiendo, de mi propia investigación, que verá la luz muy pronto, se desprende una realidad tras los crímenes diametralmente opuesta a esta teoría. Pero eso ya es otra historia….
Sin embargo, lo interesante es que existe una acusación completamente distinta de la elaborada por Jesús Delgado, en la que Arthur Conan Doyle también es apuntado como un posible asesino.
¿Fue Arthur Conan Doyle un asesino?
Este nuevo misterio alrededor de Doyle surge tras la publicación en agosto de 1901 de una historia titulada«El sabueso de los Baskerville», que fue publicada por entregas en el The Strand Magazine a lo largo de ocho meses (hasta abril de 1902, año en el que apareció publicado en un libro de un solo volumen).
Esta novela acabó por convertirse en uno de los libros más importantes y vendidos de la historia de la literatura de ficción. El problema bien de que no fue una historia originalmente pensada y desarrollada por el propio Arthur Conan Doyle, sino que recibió ayuda externa de un joven periodista y escritor llamado Bertram Fletcher Robinson.
Doyle conoció a Fletcher en 1900 durante un viaje en barco desde Ciudad del Cabo (Sudáfrica) hasta Southampton (Reino Unido). Durante el viaje trabaron amistad y, unos meses después, a inicios de 1901, Bertram Fletcher volvió a contactar con Conan Doyle para hablarle de una historia en la que podría encajar perfectamente el personaje de Sherlock Holmes. Era un relato basado en una leyenda popular que, según decían, había tenido lugar en el condado de Devon y que tenía como protagonista a un fantasmagórico perro.
Doyle aceptó la sugerencia de Fletcher y «El sabueso de los Baskerville» fue publicado. De hecho, inicialmente Fletcher aparecía nombrado en los créditos del libro, aunque en posteriores ediciones su nombre desapareció. Fletcher colaboró con Doyle también como autor de la idea original tras el relato «El constructor de Norwood», publicado en 1903.
Pues bien, el 21 de enero de 1907, Bertram Fletcher falleció repentinamente a los 36 años de edad a consecuencia de una peritonitis. Y es aquí donde surge el misterio, ya que en 2007, cien años después, Rodger Garrick-Steele, un psicólogo jubilado que se había retirado a vivir a la casa donde residió Bertram Fletcher Robinson, presentó una serie de documentos en los que señalaba que Sir Arthur Conan Doyle estuvo detrás de aquella muerte.
Según el señor Garrick-Steele y su obra «La casa de los Baskerville», el creador de Sherlock Holmes habría mantenido una relación sentimental adúltera con Gladys Hill Morris, esposa de Bertram Fletcher Robinson y con la ayuda de esta se le suministró ‘láudano’ (compuesto químico de extracto de opio). Con la muerte de Fletcher, Conan Doyle se aseguraba que en un futuro este no haría pública su autoría sobre la novela «El sabueso de los Baskerville» y otras que habría escrito y que, en los siguientes años, se las atribuiría el célebre escritor británico.
Se llegó incluso a solicitar la exhumación de los restos de Bertram Fletcher Robinson, para realizar los correspondientes análisis en busca de la supuesta sustancia tóxica que acabó con su vida. Sin embargo, el tribunal eclesiástico que debía decidirlo se negó rotundamente, tachando la hipótesis de Garrick-Steele como una mera especulación sin fundamente alguno.
El misterio de los manuscritos originales de Conan Doyle
16 años después de la muerte de Sir Arthur Conan Doyle, aún surgiría un nuevo misterio a su alrededor, digno de una de sus novelas. En 1946, 79 originales del autor desaparecieron de la casa de Conan Doyle en Crowborough, sureste de Inglaterra. La investigación del extraño caso requirió la ayuda de Scotland Yard y del mismísimo FBI.
¿Fue aquella desaparición planeada por el mismo autor, o se trató de una venganza del mayordomo que él despidió por robar algunas de sus pertenencias? La suerte de los 79 originales que desaparecieron de la casa de Conan Doyle en Crowborough, sureste de Inglaterra, fue siempre un misterio para su familia, que solicitó en su momento la ayuda de la policía para localizar tan valiosa literatura.
Denis y Adrian Conan Doyle, hijos del escritor, acudieron a la policía tras descubrir que los manuscritos perdidos habían aparecido en Estados Unidos, en manos de un coleccionista privado, el doctor A. S. Rosenbach, de Nueva York.
Scotland Yard pidió la ayuda del entonces director del FBI, Edgar Hoover. Sin embargo, la investigación del FBI llegó a la conclusión de que Rosenbach había adquirido legalmente los textos en una subasta organizada por la casa Sotheby’s en Londres en 1931, por tan sólo 95 libras (unos 152 dólares). De hecho, según Sotheby’s, las obras llegaron a su poder porque el mismo Colan Doyle las envió por correo antes de su muerte, en 1930.
Sin embargo, los hijos del novelista escocés no aceptaron nunca las conclusiones de la investigación policial y, para ellos, el caso no quedó resuelto.
De hecho, existe otra pista que siguió la policía pero que jamás se pudo comprobar. Y es que, se barajó la posibilidad de que un mayordomo que tuvo Conan Doyle, Charles Roy Harris, hubiera sido el responsable de sustraer los originales. Se da la circunstancia de que Harris fue despedido en 1928 precisamente por robar pertenencias del escritor. El problema es que el mayordomo se fugó y nunca fue encontrado por la policía. En 1935, la orden de busca y captura contra él fue anulada dejando así sin conclusión el último misterio de Sir Arthur Conan Doyle.
Y hasta aquí los misterios de Sir Arthur Conan Doyle. Os dejos con el video de mi canal de youtube y volvemos la semana que viene con más y mejor. No olvidéis comentar, suscribiros y dad a la campanita para que os lleguen las notificaciones. Hasta la semana que viene.