10 curiosidades navideñas literarias, que seguramente os van a sorprender, es el menú navideño que hoy os he preparado. Una buena manera de celebra la Navidad para todos los adictos a la literatura. No os las perdáis porque no me cabe duda de que la mayoría no las conocéis. Vistámonos con nuestras mejores galas, hagamos una bola de nieve y pongámonos manos a la obra. Empecemos:
1. A Papá Noel no lo creó Coca Cola.
Estoy seguro de que todos habéis oído esa historia de que Coca Cola fue la que creó la imagen actual de Papa Noel. Bueno pues no es ni mucho menos cierto. Aunque sí que crearon un diseño navideño de Papá Noel, que es el que nos ha llegado por la publicidad, fue en una obra literaria donde nació el verdadero Papa Noel.
Un autor americano llamado Clement Clarke Moore escribió un poema publicado anónimamente en 1823 titulado “Una visita de San Nicolás”. En él describía ya a Papa Noel como un vejete sonriente de barba blanca, traje rojo, regordete y que llegaba en un trineo tirado por ocho renos. Además, se introducía en la casa por la chimenea llevando su saco de juguetes. ¿Os suena no?
De todas maneras, no todos los países comparten esta imagen de San Nicolás o Papa Noel. Seguro que os sorprende (a los que no seáis holandeses), que en Holanda, San Nicolás proviene de España, viaja en barco desde Madrid, y, cuando llega a Holanda, obsequia a los niños con ¡mandarinas!
2. En un principio los villancicos eran compuestos por escritores.
Si hay otro elemento típico de la Navidad son los villancicos. Pues bien, estas tonadillas navideñas que tanto nos gustan a todos, tienen unos orígenes poco religiosos. El termino “Villancico” alude a pequeños relatos literarios que eran cantadas por villanos o habitantes de las villas, campesinos. En los primeros villancicos abundaban los temas amorosos, las sátiras y las burlas, donde la temática religiosa era escasa y el navideño prácticamente inexistente. Uno de los primeros compositores de villancicos fue el escritor Juan del Enzina (Iniciador y patriarca del teatro español) en la época de los Reyes Católicos.
Realmente no fue hasta el siglo XVIII en que fueron quedando relegados a las festividades navideñas, adquiriendo poco a poco sus características actuales y que tanto nos gustan.
3. El oso Paddington fue un regalo navideño.
Para quien no lo conozcáis el oso Paddington es un personaje imaginario en la literatura infantil del Reino Unido que ha llegado a convertirse también en icono navideño. Apareció por primera vez en 1958 en el libro titulado «Un oso llamado Paddington» del escritor inglés Michael Bond.
Pues bien, el origen de este simpático osito fue un oso de peluche que compró su autor Michael Bond, el día de Nochebuena de 1956. Al parecer, al autor le dio mucha pena cuando vio que era el único peluche que quedaba en las estanterías y se lo compró a su mujer. Y a partir de ahí se creo el icono navideño que conocemos.
4. La primera cena de Navidad literaria la describió Dickens.
Si hay un relato típico navideño ese es «Cuento de Navidad» de Charles Dickens, sin embargo, lo que pocos saben es que el primer escrito de este autor sobre la Navidad no fue este sino «Christmas Festivities» también titulado posteriormente como «A Christmas Dinner», publicado en 1835 donde describía la perfecta cena navideña. Dickens era un un defensor a ultranza de estas fiestas, cuando no era aún tan habitual celebrarlas por todo lo alto y contribuyó, sin duda, a su fama actual.
5. La cesta de Navidad apareció literariamente por primera vez en 1663.
Por lo menos en la literatura inglesa, el concepto de regalo navideño aparece por primera vez en el diario privado del célebre diarista inglés Samuel Pepys, que se publicaría más de 100 años después de su muerte(1893). El autor menciona la costumbre de los empresarios de la época de entregar “Christmas boxes” o Cajas de Navidad con regalo o dinero a sus trabajadores, el primer fin de semana después de Navidad.
6. El ballet más famoso a nivel mundial es un cuento infantil navideño
«El Cascanueces y el Rey de los Ratones» es un cuento infantil del escritor alemán Ernst Hoffman. Fue escrito en el año 1816 y se ha convertido en uno de los clásicos de la literatura universal, formando parte, de igual forma, de la tradición navideña mundial. Su mágica historia trata sobre el nuevo juguete de la joven Marie Sthahlbaum, el Cascanueces (muñeco de madera artesanal que viste uniforme militar ruso), recibido en la noche de Navidad.
En 1892, el compositor ruso Pyotr Ilyich Chaikovski, junto con los coreógrafos Marius Petipa y Lev Ivanov, decidió ponerle música a esta historia transformándola en el Ballet El Cascanueces, el cual se ha convertido, quizá, en el más popular de todos los ballets alrededor del planeta.
7. Harper S. Lee escribió ‘Matar a un ruiseñor’ gracias a un regalo navideño.
Esta famosa novela que llegó a valerle un premio Pulitzer a su escritora Harper Lee, tiene una historia navideña tras de si que seguro que no conocéis.
Harper trabajaba en Nueva York, como empleada de reservas en una compañía aérea, lo que simultaneaba con su afición a la literatura. Alrededor de 1957, conoció al matrimonio Brown y la escritora se atrevió a enseñarles algunos de sus textos. En diciembre, le enviaron una nota que decía «Tomate un año lejos de tu trabajo para escribir lo que quieras. Feliz Navidad». Con la nota se adjuntaba una cantidad de dinero equivalente a lo que podría ser su salario anual en ese entonces. Ella aceptó y durante ese año escribió «Matar a un Ruiseñor», publicado en julio de 1960.
¿Quién tuviese un regalo así en Navidad?
8. La primera obra de teatro de Sartre fue navideña.
Jean-Paul Sartre, fue un filósofo, escritor, novelista, dramaturgo, activista político, biógrafo y crítico literario francés, exponente del existencialismo, posmodernismo y del marxismo humanista. Una figura literaria que desde luego no unimos a la Navidad precisamente.
Pues bien, su primera obra de teatro se tituló «Barioná, el hijo del trueno» y trataba sobre el nacimiento de Jesús. Fue escrita mientras Sartre se encontraba en un campo de prisioneros de guerra, en Tréveris, durante la segunda guerra mundial. La pieza se representaría el 24 de diciembre de 1940, y tuvo tanto éxito entre los alemanes que hay quien asegura que por eso liberaron a Sartre. Para que veáis la de utilidades que tiene la literatura.
9. J. R. R. Tolkien escribió muchas cartas firmando como Papá Noel.
El conocido autor de «El Seños de los Anillos»,J. R. R. Tolkienescribió numerosas cartas entre 1920 y 1943, simulando ser Papa Noel. En ellas Tolkien escribe, en boca del propio Papá Noel, para contarles a los niños decenas de anécdotas que le ocurren en su casa, en su taller u otros acontecimientos del Polo Norte.
Con el paso de los años los personajes de la casa de Papá Noel van creciendo en número. Además del Oso Polar del Norte conoceremos elfos de nieve, gnomos rojos, hombres de nieve, osos cavernarios, a su ayudante y secretario elfo Ilbereth y hasta los sobrinos del Oso Polar. Las cartas fueron recopiladas en la obra “Las cartas de Papa Noel”.
10. Gandalf se basó en Papa Noel
Pero las cartas de Papa Noel de Tolkien aún esconden una sorpresa más. En la carta escrita en 1939 se nos narra la batalla de Papá Noel contra los Goblins. En realidad, es como era habitual en el escritor una metáfora de la segunda guerra mundial y a la amenaza alemana. Pues bien, estos personajes sirvieron de base para «El Hobbit», obra que ya había empezado a escribir Tolkien y en la que Papa Noel pasó a ser la inspiración de Gandalf y los Goblins los temibles orcos.
Y hasta aquí las 10 curiosidades navideñas literarias de hoy, que espero os hayan sorprendido. Volvemos muy prontito con más temas navideños. Así que os dejo con el video correspondiente del canal de youtube. No olvidéis suscribiros, aquí y al canal de youtube,y dar a la campanita para que os lleguen las notificaciones.
La novela oculta de Julio Verne: “Paris en el siglo XX»
La novela oculta de Julio Verne: “Paris en el siglo XX». Hoy vamos a rescatar una de las obras más desconocidas y misteriosas de Julio Verne. Este escritor, que es imposible que no conozcáis es probablemente el autor cuyas profecías literarias más han acertado e influido en el mundo actual. Un escritor cuya vida y obra está tan llena de misterio que puede llenar por sí sola innumerables capítulos deMisterios de la Literatura.
Así que os prometo volver sobre su figura en futuras entregas. Sin embargo, hoy quiero centrarme en una de sus obras más polémicas. Una novela que estuvo oculta durante más de 130 años: “París en el siglo XX”.
“París en el siglo XX”. es una novela escrita por Julio Verne que fue publicada por primera vez en francés en 1994. Es considerada como la novela perdida o la novela oculta de Julio Verne, ya que fue escrita en 1863 y se mantuvo oculta durante más de ciento treinta años.
El editor Pierre J. Hetzelhabía sido el único en confiar en Julio Verne al publicar «Cinco semanas en globo» en enero de 1863 (cuando el escritor ya contaba 35 años). Sin embargo, el siguiente libro que presentó el autor, «París en el siglo XX», cambiaba totalmente el registro de un modo que a Hetzel no le gustó nada.
Sus críticas fueron demoledoras, incluso insultantes («un desastre… como escrito por un niño… nada original… mediocre… sin chispa») y quedaron consignadas en los márgenes del manuscrito original y en el borrador de una carta dirigida a Verne.
Hetzel era un buen editor y conocía los gustos del público, como quedó ampliamente demostrado. Vió en aquel manuscrito un estilo excesivamente teatral, unos personajes endebles y una línea narrativa poco sólida, todo lo cual era cierto y producto de la bisoñez de Verne.
Además, esa visión pesimista del futuro no se correspondía con el luminoso proyecto de los «Viajes Extraordinarios» que Hetzel tenía en mente. El editor sabía que el éxito se encontraba en acercar el saber humano a los jóvenes media nte una serie de novelas en las que se exaltara la exploración científica y el avance tecnológico.
“Ha emprendido usted una tarea imposible y —como sus predecesores en cosas análogas— tampoco ha conseguido llevarla a buen fin. Está cien pies por debajo de Cinco semanas en Globo. Si la vuelve a leer estará de acuerdo conmigo. Es periodismo barato y sobre un tema nada afortunado.
No esperaba una cosa perfecta; le vuelvo a decir que sabía que estaba intentando algo imposible, pero esperaba algo mejor. Aquí no hay resuelta ninguna cuestión de futuro serio, ninguna crítica que no parezca una caricatura ya hecha y rehecha, y si algo me asombra es que haya podido usted hacer, como en un arrebato y empujado por algún dios, algo tan penoso, tan poco vivo…
No está usted maduro para un libro así, vuelva a intentarlo dentro de veinte años. Mi querido Verne, fuera usted profeta, nadie creería hoy en su profecía».
Aquello fue definitivo. La siguiente obra de Verne en ver la luz sería otra novela de aventuras, «Viajes y aventuras del capitán Hatteras» y su vena futurista/pesimista quedó enterrada. El manuscrito se olvidó y durante mucho tiempo se creyó perdido.
En los años ochenta del siglo XX, se confirmó su existencia gracias al hallazgo del borrador de la corrosiva carta de Hetzel, a la que hemos hecho referencia antes, y unos años después el bisnieto de Verne encontró el manuscrito olvidado dentro de una caja fuerte que había pertenecido a su abuelo y cuya llave se había perdido.
Cuando se publicó, en 1995, se convirtió en un éxito editorial y fue recibido por los críticos como un trabajo de «importancia histórica inestimable». Incluso se sugirió que se le otorgase el premio Hugo (el máximo galardón que se otorga a obras de ciencia-ficción publicadas el año precedente).
Los expertos vernianos afirmaron incluso que ningún otro de los trabajos del autor se había acercado tanto a la imagen del futuro como esta obra, por mucho que la calidad literaria y la línea argumental, casi inexistente, son propias de una obra primeriza.
A menudo se suele presentar a Julio Verne como un precursor visionario de la tecnología en su vertiente más luminosa, poniendo como ejemplo dos de sus novelas más famosas, «De la Tierra a la Luna» y «Viaje alrededor de la Luna», en las que el ingenio humano es capaz de salvar obstáculos aparentemente infranqueables.
Los héroes de sus novelas son frecuentemente personajes ejemplares, íntegros y valerosos como Miguel Strogoff; o sabios un tanto excéntricos pero llenos de energía y pasión, como el profesor Lidenbrock de «Viaje al Centro de la Tierra» o Paganel, de «Los Hijos del Capitán Grant». Sus conocimientos, unidos a la rectitud moral y al coraje, les hacen salir airosos de empresas colosales, en ocasiones haciendo uso de la tecnología y la ciencia.
Pero lo cierto es que, en el fondo, Verne era un conservador que abrigaba no pocas reservas hacia el progreso técnico y las consecuencias de este sobre la sociedad. Esta cara oscura siempre estuvo presente (el Nautilus del capitán Nemo no sólo es un maravilloso invento, sino que también era un arma temible que condena a muerte a cientos de personas).
Sin embargo, fue en la última etapa de su producción donde se hace más patente: «Los 500 millones de la princesa india», «Robur el Conquistador» o «Ante la bandera» son buenos ejemplos de esta visión mucho más pesimista del autor.
En la novela oculta de Julio Verne: “Paris en el siglo XX» el protagonista del libro, Michel Dufrenoy, es un poeta frustrado. La sociedad del siglo XX desprecia todo aquello que no es práctico y rentable. Todo está centrado en el dinero: «El demonio de la fortuna los empujaba hacia delante sin piedad ni descanso», escribe Verne. Ello ha llevado a una obsesión por las ciencias y la técnica que ha convertido en objeto de ridículo a aquellos que demuestran interés o talento en las artes, la literatura o los conocimientos humanísticos.
Verne habla de un barrio en el que «no se ofrecía un solo alojamiento a los habitantes de la capital; entre otros la Cité, donde se erguían el Tribunal de Comercio, el Palacio de Justicia, la Jefatura de Policía, la catedral, el depósito de cadáveres, es decir, lo necesario para ser juzgado, condenado, encarcelado, enterrado e incluso salvado. Los edificios habían expulsado a las casas».
Lo curioso es que en la actualidad existe un barrio parisino que lleva el mismo nombre, construido más de cien años después de escribirse este libro y veinte años antes de que se publicara.
Verne predice también que en el patio del Louvre se construiría una estructura moderna y geométrica. La famosa pirámide de cristal de I.M. Pei se terminó en 1989 en el mismo lugar que menciona la novela. También predijo una estructura parecida a la Torre Eiffel, aunque esta se construiría 24 años más tarde, en 1887. Anticipó asimismo los altos edificios de pequeños apartamentos y la necesidad de adaptar los muebles a esos diminutos espacios, así como un altísimo grado de polución ambiental.
París se ha convertido en una ciudad enorme en la que sus ciudadanos acceden a los suburbios gracias a una red de trenes de cercanías. El transporte urbano se completa con un ferrocarril ligero y elevado impulsado por una combinación de aire comprimido y fuerza electromagnética.
La energía es generada por molinos eólicos; las calles se iluminan con lámparas eléctricas que se encienden y apagan centralizadamente; las casas tienen portero automático, aire acondicionado y ascensor; los automóviles se impulsan por gas hidrógeno; en los bancos se utiliza un trasunto de fax, las cuentas se realizan con máquinas calculadoras y las cajas fuertes disponen de mecanismos eléctricos de seguridad, el gobierno utiliza la silla eléctrica para ejecutar a los reos …
Por supuesto, también hay otras predicciones que no han llegado a cumplirse, como la desaparición de las guerras o la muerte de la política. Aunque no se ha alejado tanto de la realidad ya que realmente en Europa y el mundo occidental las guerras son casi inexistentes precisamente por el motivo que explicaba Verne. Las armas son tan potentes que la devastación sería global.
Con todo esto, unido a sus otras grandes novelas donde abundan las predicciones increíbles, es imposible no preguntarse si Verne era algún tipo de adivino. Lo cierto es que aunque hay algunas predicciones difíciles de explicar, como veremos en futuros artículos, Verne se basaba realmente en una erudición y preparación documental simplemente excepcional.
Verne era un ávido lector de todo tipo de revistas especializadas, y a lo largo de los años, organizó una enorme base de datos, de la que extraía la información que precisaba para los detalles técnicos, científicos y geográficos de sus novelas. Muchas de las invenciones futuristas que describe no eran sino descripciones algo mejoradas de invenciones recientes o cuyas investigaciones se hallaban bastante avanzadas.
Por ejemplo, los coches que Verne describe se basan en el motor de explosión que Lenoir había inventado en 1859. El «fax» no es sino el Pantelégrafo Caelli, inventado en 1859, que permitía la reproducción telegráfica de la escritura y el dibujo. Y el ascensor de Otis fue instalado en un edificio por primera vez en 1853.
Sea como fuere Julio Verne fue un escritor excepcional sobre el que volveremos muy pronto. Ahora os dejo, adictos a la literatura, con el video de mi canal de youtube. No olvidéis suscribiros si os ha gustado y dar a la campanita para que os lleguen las notificaciones.
La novela oculta de Julio Verne: “Paris en el siglo XX»
Los misterios de Sir Arthur Conan Doyle. Volvemos con una nueva entrega de Misterios de la Literatura. Esta semana le ha llegado al turno ni más ni menos que a Sir Arthur Conan Doyle, conocido universalmente por ser el creador de Sherlock Holmes. Un autor que de ninguna manera podía dejar de estar en esta sección, ya que si algo caracterizó su vida fue el misterio en todas sus dimensiones. Así que pongámonos a ello.
Arthur Ignatius Conan Doyle nació en Edimburgo, Escocia, el 22 de mayo de 1859. Creció en una familia numerosa de entre 9 o 10 hermanos. Su padre era el arquitecto Charles Altamont Doyle, proveniente de una familia de ilustradores y caricaturistas. Algo que él también el practicaba por lo que llegó a ilustrar la primera edición de la obra de su hijo “Estudio en escarlata”. Su madre, Mary Foley, era una mujer irlandesa, hogareña, pero también una mujer de letras, lectora apasionada y profundamente imaginativa. Ella fue, probablemente, quien despertó el gusanillo de la literatura del pequeño Arthur Conan Doyle.
No fue una infancia fácil. El alcoholismo creciente de su padre fue llevando a la familia a graves problemas económicos. En 1864 la familia tuvo incluso que separarse durante 3 años, yendo los hermanos a residir temporalmente a diversas instituciones. Finalmente, en 1867 la familia se reunió de nuevo alquilando unas habitaciones en una casa de huéspedes.
Afortunadamente y gracias al apoyo económico de sus tíos, en 1868, Arthur Conan Doyle, pudo acceder a una buena educación en diversos colegios de la orden de la Compañía de Jesús. En 1876, comenzó la carrera de Medicina en la Universidad de Edimburgo, donde curiosamente destacó como deportista y conoció al médico forense Joseph Bell, del que ya os hablaré más en profundidad porque es la figura inspiraría al personaje de Sherlock Holmes.
Artur Conan Doyle empezó a escribir y publicar historias cortas mientras estudiaba medicina, aunque esto no le impidió doctorarse y llegar a ejercer como cirujano durante seis meses, a principio de 1880, en un ballenero llamado The Hope. Un años después y acabados sus estudios volvería a embarcare como médico, en esta ocasión en el buque SS Mayumba en su viaje a las costas de África Occidental.
En 1882 intentó establecerse como médico por su propia cuenta en Portsmouth, sin demasiado éxito, por lo que volvió a la literatura con nuevas historias inspiradas en sus viajes marinos, que fueron publicados sin demasiada pena ni gloria. En 1885 se casó con Louise Hawkins, más conocida como Touie, con la que tuvo dos hijos: Mary Louise (1889-1976) y Arthur Alleyne Kingsley (1892-1918).
Una vez más, en 1887 se mudó a Londres para ejercer de oftalmólogo. Sin embargo, el destino le volvió a dejar claro que la medicina no era su futuro y, como él mismo reconoció en su biografía, ningún paciente entró en su clínica. Esto, para fortuna de todos nosotros los lectores, le llevó a lanzarse definitivamente a la escritura dando a luz al personaje que lo haría inmortal, Sherlock Holmes. A partir de aquí su carrera literaria despegaría hasta lanzarle a una merecida fama.
Arthur Conan Doyle fue también un hombre interesado en la política y comprometido. En 1900, tras escribir su libro más largo «La guerra de los bóeres», se presentó como candidato para la Unión Liberal. A pesar de que ya entonces era un personaje querido y muy respetado no logró la elección. En 1902, tras escribir un artículo titulado «La guerra en el sur de África: causas y desarrollo», que alcanzó gran difusión, fue nombrado caballero de la Orden del Imperio Británico en 1902, otorgándole el tratamiento de sir.
Sin embargo, la desgracia esperaba a la vuelta de la esquina y el 4 de julio de 1906, su mujer pereció de tuberculosis a pesar de haber acudido con toda su familia a Suiza para intentar que se repusiera. Sólo un año después de casaría de nuevo, en esta ocasión con la médium Jean Elizabeth Leckie, a la que al parecer llevaba unido por un amor platónico más de 20 años. Con ella tendría de tres hijos más: Jean Lena, Denis Percy Stewart y Adrian Malcolm.
Al estallar la Primera Guerra Mundial en 1914, Arthur Conan Doyle volvió a demostrar su compromiso político, intentando alistarse, a sus 55 años, como simple soldado raso. Lógicamente fue rechazado, pero aun así fue al frente de batalla y reportó los acontecimientos para el Ministerio de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña.
Sir Arthur Conan Doyle murió en Crowborough, East Sussex (Inglaterra), el 7 de julio de 1930 de un ataque al corazón. Tenía 71 años de edad y en su honor se erigió una estatua que se encuentra en esa localidad, donde residió durante 23 años. Fue enterrado en el cementerio de la iglesia de Minstead en New Forest, Hampshire.
Sir Arthur Conan Doyle fue uno de los grandes escritores del siglo XX. Aunque los 56 relatos y cuatro novelas que escribió sobre Sherlock Holmes opacaron el resto de su obra, lo cierto es que fue un autor prolífico que barco todo tipo de temáticas. Se le calculan entre veinte y treinta obras de ficción, libros de historia sobre dos guerras, varios títulos de ciencia paranormal, tres de viajes, uno sobre literatura, varias obras de teatro, dos libros de criminología, dos panfletos políticos, tres poemarios, un libro sobre la infancia y una autobiografía.
Pero más allá de todo esto, Sir Arthur Conan Doyle estuvo rodeado de misterio y no sólo en sus obras de ficción. Se trató sin duda de uno de esos escritores en los que ficción y realidad llegan a mezclarse hasta hacerse casi indistinguibles. Por eso llega el momento de repasar algunos de los grandes misterios de Sir Arthur Conan Doyle.
Sir. Arthur Conan Doyle y el espiritismo
Aunque parezca paradójico, el creador de uno de los personajes más racionales y defensores del método científico como Sherlock Holmes, fue también un profundo creyente en el mundo del más allá y especialmente en el espiritismo.
Sir Arthur Conan Doyle se vio muy influenciado por sus experiencias en el campo de batalla durante la Primera Guerra Mundial. Estas experiencias traumáticas junto a la muerte de su hijo Kingsley que falleció a causa de una neumonía en 1918, y de su propio hermano, el Brigadier General Innes Doyle, en 1919, hicieron que volcase en la búsqueda de la espiritualidad y el esoterismo.
Sólo 2 años después el escritor se vio envuelto en uno de lo casos más curiosos de la historia del espiritismo; la aparición de unas fotos que probaban la existencia de las hadas.
La historia comenzó en el jardín de una casa en la aldea de Cottingley, cerca de la ciudad inglesa de Leeds. Elsie Wright y su prima Frances Griffiths pasaban aquel verano de 1917 jugando en el jardín, junto a un arroyo, según ellas, con hadas.
Griffiths había llegado de Sudáfrica con su madre, para vivir con su tía, su tío y su prima Elsie en el condado de Yorkshire, en Inglaterra, mientras su padre peleaba en la Primera Guerra Mundial. Las dos niñas solían jugar en el jardín todo el tiempo y volvía con la ropa, los zapatos y las medias sucias. Para justificarse solían decir que querían jugar en el jardín porque jugaba con hadas.
En 1920 las dos niñas dijeron haber fotografiado a las hadas en el jardín de la casa en la que vivían, en el norte de Inglaterra. Elsie Wright describiría en la BBC siendo ya adulta lo que había visto entonces:
«Este es el lugar donde vi el gnomo. Yo estaba aquí y Frances estaba allí, con la cámara. El gnomo venía de atrás de un árbol y caminó hasta donde yo estaba. Me pareció que me iba a tocar y extendí el brazo, pero desapareció. Ellos eran así, se acercaban y después desaparecían»
Las fotos que presentaron las madres de las niñas, eran de gran calidad para la época. De hecho, las hadas no tienen apariencia etérea, sino que, por el contrario, eran bastante sólidas, lo que llamó rápidamente la atención de los medios.
Sir Arthur Conan Doyle, se interesó en el caso y, tras encargar un estudio de las imágenes, escribió un controvertido artículo en el Strand Magazine titulado «Hadas fotografiadas: un suceso memorable», en el que defendió su autenticidad. Posteriormente incluso escribiría un libro «El misterio de las hadas» (1921) en el que trataría el tema con más profundidad.
La realidad se supo 50 años después de la muerte de Doyle. En 1981 en una entrevista realizada por Joe Cooper para la revista The Unexplained, las primas declararon que las fotografías eran falsas; habían sujetado recortes con alfileres de sombrero. Lo más sorprendente es que el motivo por el que mantuvieron tanto tiempo su mentira fuer, según explicó Elsie Wright, porque habían estado demasiado avergonzadas para admitir la verdad después de engañar al autor de Sherlock Holmes.
Es justo también reconocer que a pesar de reconocer que las fotos eran falsas, sus autoras mantuvieron hasta el final que las como las meigas, haberlas hay las y que efectivamente en su jardín vivían hadas.
¿Existió Sherlock Holmes?
Puede que esta pregunta os resulte extraña, pero el personaje de Sherlock Holmes de Sir Arthur Conan Doyle, fue caracterizado con tal perfección por su autor, que muchas preguntas han llegado a dudar si realmente había existido. Como anécdota basta comentar que aún hoy se reciben múltiples cartas en el número 221B de la calle Baker, en Londres, la dirección ficticia inventada por Doyle para el famoso detective, en la que se solicitan sus servicios.
Lo cierto es que, aunque pueda sorprenderos, existe un personaje real en el que el escritor se basó para crear a Holmes. Su nombre era Joseph Bell (1837-1911), un famoso cirujano y profesor de la Enfermería Real de Edimburgo.
Sir Arthur Conan Doyle le conoció durante sus estudios se medicina. De él se comentaba con asombro que, tras echar un vistazo al aspecto y vestimenta de un paciente, deducía su vida y sus costumbres con increíble precisión. Estas asombrosas facultades asombraron al joven Doyle que posteriormente lo describiría así:
«Bell era un hombre muy notable física y mentalmente. Enjuto, nervudo, moreno, de rostro afilado y nariz poderosa, ojos grises penetrantes, hombros angulosos y andares renqueantes. La voz, aguda y disonante. Cirujano muy mañoso, su punto fuerte era, sin embargo, el diagnóstico, y no sólo de la enfermedad sino también de la profesión y carácter del paciente.
Por alguna razón que nunca he logrado adivinar, de entre el montón de estudiantes que frecuentaban sus salas me escogió a mí para ayudarle a atender a los pacientes externos, lo que significaba que yo tenía que ocuparme de darles cita, escribir notas sencillas sobre sus casos y luego hacerlos entrar, uno a uno, a la gran sala, que presidía mayestáticamente Bell en medio de una cohorte de ayudantes y alumnos. Aquello me permitió estudiar sus métodos de cerca y comprobar que él obtenía más datos del paciente con unas cuantas ojeadas que yo con mi sarta de preguntas”.
Lo cierto es que tanto mental como físicamente Sherlock Holmes debe mucho al doctor Bell, aunque también hubo otra influencia, en esta ocasión literaria, que le sirvió de inspiración y que es justo recordar: el detective C. Auguste Dupin salido de la increíble imaginación de otro de esos grandes genios a los que hemos dedicado un capítulo de Misterios de la literatura: Edgar Allan Poe.
En cuanto al ayudante abnegado de Holmes, el buen doctor Wartson, no hace falta decir que Arthur Conan Doyle se basó en si mismo para el personaje. Doctor como él, excombatiente en la guerra como él y médico poco afortunado en sus consultas particulares, como él mismo. Eso sí, a quien realmente quería parecerse Doyle era a Holmes, a quien no dudó en emular como criminólogo en varios casos reales, como veremos a continuación.
Sir Conan Doyle metido a investigador privado
La fama de Sherlock Holmes y su autor Arthur Conan Doyle llegó a tal punto que sus lectores empezaron a confundir al autor con su propio personaje. La verdad es que la gente no estaba tan equivocada ya que Sir Arthur Conan Doyle se convirtió en un criminólogo avezado que no dudó en aplicar el método Holmes a casos reales, con notable éxito la verdad.
El caso de Adolf Beck
Uno de ellos fue el extraño caso de Adolf Beck, un agente naviero noruego acusado de una serie de estafas contra mujeres en 1895, después de que una testigo le reconociera en plena calle. Beck fue acusado de diez delitos menores y cuatro delitos graves. Beck fue identificado también por un policía como un hombre que se hacía llamar John Smith, condenado a cinco años de trabajos forzados en 1877 por robar los pendientes, un anillo y once chelines a una mujer llamada Louisa Leonard.
De nada sirvieron las protestas de Beck que aseguró que tenía testigos que podían demostrar que se encontraba en Sudamérica en 1877. El 5 de marzo de 1896 Adolf Beck fue declarado culpable de fraude y sentenciado a siete años de servidumbre penal en la Prisión de Convictos de Portland en la Isla de Portland.
Sir Arthur Conan Doyle investigó el caso en profundidad aplicando el método Sherlock, como se dio en llamar en los medios. Sus conclusiones fueron que Beck era inocente y que había pruebas claras de que se encontraba en Sudamérica cuando se produjeron sus supuestos delitos. Todo apuntaba a un error de identificación por parte de las víctimas.
En 1901, Beck fue puesto en libertad tras cumplir su condena, pero su mala suerte aún no había acabado. El 22 de marzo de 1904, un sirviente llamado Paulina Scott presentó una denuncia de que un hombre de pelo gris y aspecto distinguido la había abordado en la calle, le había hecho cumplidos y luego le había robado sus joyas. El inspector que tomó la denuncia estaba familiarizado con el caso de Beck y asumió que él debía ser el culpable. Beck volvió a ser arrestado y juzgado el 27 de junio en Old Bailey ante Sir William Grantham.
Cinco mujeres lo identificaron y, con base en esta identificación positiva, fue declarado culpable por el jurado. El juez, sin embargo, se mostró insatisfecho con el caso y expresó algunas dudas al respecto. Afortunadamente, a pesar de las garantías del Ministerio del Interior y la policía sobre la culpabilidad de Beck, decidió posponer la sentencia.
Sin embargo, para fortuna de Beck y alegría de Doyle, que seguía defendiendo su inocencia la verdad salió a la luz diez días después. El 7 de julio, el inspector John Kane del Departamento de Investigación Criminal fue informado de la detención de un hombre que había intentado estafar a un par de actrices desempleadas esa tarde y había sido aprehendido en una casa de empeños. El modus operandi coincidía con el atribuido a Beck, pero éste en ese momento estaba en la cárcel.
Tras investigar al detenido, este resultó ser Wilhelm Meyer, nacido en Viena. Un estafador que había utilizado diversos seudónimos como William Thomas, William Wyatt, William Weius y, por supuesto, John Smith. Era el verdadero autor de los delitos atribuidos al pobre Adolf Beck desde un principio, como el propio Meyer terminó confesando. Al final, tal y como Sir Arthur Conan Doyle había defendido, se había tratado de un caso de identificación errónea.
Beck recibió el perdón real el 29 de julio de 1904 y una compensación de 2000 libras y su caso sirvió para establecer el Tribunal de Apelación Penal, hasta ese momento inexistente en Gran Bretaña.
El asesinato de Marion Gilchrist
Sin embargo, hubo otro en el que Conan Doyle se involucró más profundamente demostrando que no estaba tan lejano de su propio personaje Sherlock Holmes.
Marion Gilchrist era una mujer adinerada de 82 años que vivía en Glasgow, con su doncella, Helen Lambie, de 21 años. Alrededor de las 7 de la noche del 21 de diciembre de 1908, Lambie salió a comprar el periódico vespertino, como solía hacer a diario; cerró las dos cerraduras de puerta del apartamento con llave, así como la puerta del hall de salida.
Al poco rato, un vecino que vivía en el apartamento de debajo, oyó un fuerte golpe, por lo que subió por si su vecina necesitaba ayuda. Aunque llamó al timbre nadie le abrió por lo que bajo de nuevo a su casa, pero allí sus hermanas le insistieron en que volviera a subir. En esta ocasión coincidió con Helen Lambie, que volvía con el periódico, a la que contó lo que había ocurrido.
Ambos entraron a tiempo de ver a un hombre bien vestido que salía de la casa caminando con calma. Ambos asumieron que se trataba de algún invitado y no le dieron mayor importancia. Tras revisar la cocina y la habitación principal, Lambie dijo que todo estaba en orden. Sin embargo, cuando Lambie fue al salón, descubrió el cuerpo de Marion Gilchrist en el piso, con una alfombra en la cabeza. Estaba viva pero inconsciente y murió a los pocos minutos. Había sido golpeada brutalmente y tenía la cara destrozada.
Cuando se registraron las pertenencias de la desafortunada mujer se descubrió que faltaba un broche de diamantes.
La policía, acuciada por la opinión pública que clamaba por un culpable para tan atroz crimen, encontró rápidamente el sospechoso ideal. Un judío de origen alemán llamado Oscar Slater, fue descubierto 5 días después, mientras intentaba vender un boleto de empeño por un broche de diamantes. Oscar Slater vivía cerca de la víctima y, además, había tomado un barco con destino a Nueva York y viajaba bajo un nombre falso, en lo que todo parecía apuntar como la huida de un asesino.
Al llegar a Nueva York, Slater fue sorprendido por las autoridades. Cuando se enteró de lo que ocurría, exigió permiso para regresar a Escocia a limpiar su nombre.
El juicio fue un mero trámite. Aunque se descubrieron claras inconsistencia como que el broche empeñado no era el robado, sino que pertenecía a Slater, que lo había empeñado varias semanas antes del asesinato. Incluso aparecieron testigos que podían confirmar que Slater estaba en otro lugar en el momento del asesinato.
Pero nada de todo esto sirvió ante el prejuicio institucional de la época capaz de aportar pruebas tan sólidas como la antropología criminal -método en boga en la época- que afirmaba que bastaba con observar los ojos furtivos, la forma de su boca y, particularmente, el tamaño de su nariz para saber que era capaz de hacer algo realmente malo. Además, Slater vivía con una prostituta y hablaba un pésimo inglés, así que estaba claro que tenía que tratarse sin duda alguna de un criminal.
Oscar Slater fue condenado a muerte el 27 de mayo de 1909.
Afortunadamente una parte de la sociedad inició una campaña en contra de la sentencia y el abogado de Slater, Ewing Speirs, logró reunir 20.000 firmas solicitando la conmutación de la pena de muerte a una vida tras las rejas por motivos de pruebas circunstanciales. Esta presión surtió efecto y, 48 horas antes de que se cumpliera su destino en el cadalso, su sentencia se redujo a cadena perpetua con trabajos forzados.
Sir Arthur Conan Doyle se vio rápidamente atraído por el caso, por lo que decidió aplicar, una vez más, el método Sherlock, investigando el caso en profundidad. Su esfuerzo dio fruto y fue capaz de hallar nuevas pruebas y testigos no llamados que cuestionaban claramente las pruebas de la acusación.
Doyle descubrió que si Slater viajó bajo un nombre falso no era porque huyese de la policía sino porque iba con su amante y trataba de evitar ser descubierto por su esposa. Además, demostró que, un martillo que poseía Slater y que se había presentado como el arma homicida, no era lo suficientemente grande y firme como para infligir el tipo de heridas que Gilchrist había sufrido. De hecho, Conan Doyle con la ayuda de un médico forense apuntó que la verdadera arma homicida usado por el criminal fue una silla grande y llena de sangre, que estaba en el lugar del crimen. También apuntó Doyle, que Gilchrist conocía a su asesino y le había abierto la puerta, pues no había señales de entrada a fuerza.
Sus hallazgos se publicaron como una súplica para el perdón de Slater en un panfleto titulado «El caso de Oscar Slater» en 1912. A pesar de la gran repercusión de su escrito, Arthur Conan Doyle no logró que se repitiera el juicio, debido a la cerrazón de las autoridades en Glasgow.
Hubo que esperar a 6 años después de la condena, cuando en 1914 se encontró un nuevo testigo que verificaba que Slater no había estado en ese apartamento cuando tuvo lugar el asesinato. Además, se descubrió que la doncella Helen Lambie, que se suponía que había identificado a Slater como el hombre que había visto el día del asesinato, en realidad le había dado a la policía otro nombre, que las autoridades habían decidido ignorar.
Ese año las autoridades ordenaron que se hiciera una investigación secreta. Un oficial de policía respetado, el teniente detective John Thompson Trench, reveló información ocultada en el caso policial original que implicaba a uno de los familiares de Gilchrist. Aun así, la investigación declaró nuevamente que la condena de Slater era justa y Trench fue despedido, desacreditado y finalmente incriminado por tomar parte en esta investigación. Afortunadamente, Trench guardó un documento del caso original que demostraba la veracidad de sus afirmaciones. Cuando murió en 1919, su viuda se lo envió a Sir Arthur Conan Doyle.
Ese documento, junto con un mensaje secreto del desesperado Slater sacado clandestinamente de la prisión, reavivó el interés de Conan Doyle que decidió volver una vez más al caso. Decidido a usar toda su influencia, el escritor no dudé en escribir a políticos e incluso utilizar su propio dinero para financiar los honorarios legales de la defensa de Oscar Slater.
18 años después de la condena, en 1927, se publicó un libro del periodista de Glasgow, William Park«La verdad sobre Oscar Slater», donde llegaba a las mismas conclusiones de Conan Doyle. Los medios estallaron de nuevo con el caso y se descubrió como la fiscalía había manipulado a los testigos para asegurar la condena Slater.
Finalmente, el 8 de noviembre de 1927, el secretario de Estado de Escocia autorizó la liberación de Oscar Slater, tras estar más de 18 años y medio en prisión. Se le compensó con 7000 dólares de la época, aunque nunca fue oficialmente exculpado.
Como anécdota, es curioso el dato de que Sir. Arthur Conan Doyle, al conseguir la salida de la cárcel de Slater, le reclamó los gastos de su defensa. Sin embargo, éste le respondió que no debería ser él quien pagara la defensa por un crimen que pagó, pero que no cometió.
De esta forma, Sir Arthur Conan Doyle demostró con este caso que sus dotes como detective estaban a la altura de su homólogo literario Sherlock Holmes, pero también que a veces lograr que se haga justicia puede salir muy caro.
Jack el Destripador
Obviamente, los crímenes más famosos de finales del siglo XIX fueron los de Jack el Destripadory Sir Arthur Conan Doyle no tuvo más remedio que implicarse en el caso.
He de confesaros aquí, pero que quede entre nosotros, que mi próximo libro que está ya calentando motores y verá la luz en enero, es precisamente una investigación sobre Jack el Destripador. Os dejo el enlaceal primer video promocional del libro. Ya os daré más detalles en próximos video artículos, pero por ahora baste este apunte para que entendáis que este tema lo conozco en profundidad.
Sir Arthur Conan Doyle junto a sus colegas del Crime Club, siguió los pasos de Jack por las peores calles del East End y, en diciembre de 1892, visitó además las instalaciones del Black Museum de Scotland Yard. Entre sus aportaciones a la investigación destacan su sugerencia de que el asesino podía ser una mujer lo que explicaría así la facilidad para acercarse a sus víctimas y el hecho de que estas no hubieran sido agredidas sexualmente. De hecho, llegó a sugerir que se utilizasen policías vestidos de mujeres para intentar tender una trampa al asesino. También sugirió la utilización del análisis grafológico de las cartas atribuidas al criminal y su publicación para intentar que algún conocido reconociera la letra.
La realidad es que nunca se capturó a Jack el Destripador y que, desde entonces, las teorías sobre su identidad no han hecho más que multiplicarse. Y, entre todas estas teorías, destaca una realmente asombrosa. Y es que el grafólogo español Jesús Delgado, en su obra “Informe policial: La verdadera identidad de Jack el destripador” que el propio Sir Arthur Conan Doyle era el asesino escondido tras la máscara del Destripador.
Tan peregrina afirmación surge en base a un perfil criminal elaborado por Jesús Delgado y a las similitudes entre la letra de una de las cartas del asesino (la misiva encabezada por el famoso «desde el infierno, Mr. Lusk») y la del propio Conan Doyle. Además, hay que recordar que Sir Arthur Conan Doyle era médico de profesión, lo que justificaría los supuestos conocimientos anatómicos del Destripador.
Con todo mi respeto para esta obra, que os recomiendo, de mi propia investigación, que verá la luz muy pronto, se desprende una realidad tras los crímenes diametralmente opuesta a esta teoría. Pero eso ya es otra historia….
Sin embargo, lo interesante es que existe una acusación completamente distinta de la elaborada por Jesús Delgado, en la que Arthur Conan Doyle también es apuntado como un posible asesino.
¿Fue Arthur Conan Doyle un asesino?
Este nuevo misterio alrededor de Doyle surge tras la publicación en agosto de 1901 de una historia titulada«El sabueso de los Baskerville», que fue publicada por entregas en el The Strand Magazine a lo largo de ocho meses (hasta abril de 1902, año en el que apareció publicado en un libro de un solo volumen).
Esta novela acabó por convertirse en uno de los libros más importantes y vendidos de la historia de la literatura de ficción. El problema bien de que no fue una historia originalmente pensada y desarrollada por el propio Arthur Conan Doyle, sino que recibió ayuda externa de un joven periodista y escritor llamado Bertram Fletcher Robinson.
Doyle conoció a Fletcher en 1900 durante un viaje en barco desde Ciudad del Cabo (Sudáfrica) hasta Southampton (Reino Unido). Durante el viaje trabaron amistad y, unos meses después, a inicios de 1901, Bertram Fletcher volvió a contactar con Conan Doyle para hablarle de una historia en la que podría encajar perfectamente el personaje de Sherlock Holmes. Era un relato basado en una leyenda popular que, según decían, había tenido lugar en el condado de Devon y que tenía como protagonista a un fantasmagórico perro.
Doyle aceptó la sugerencia de Fletcher y «El sabueso de los Baskerville» fue publicado. De hecho, inicialmente Fletcher aparecía nombrado en los créditos del libro, aunque en posteriores ediciones su nombre desapareció. Fletcher colaboró con Doyle también como autor de la idea original tras el relato «El constructor de Norwood», publicado en 1903.
Pues bien, el 21 de enero de 1907, Bertram Fletcher falleció repentinamente a los 36 años de edad a consecuencia de una peritonitis. Y es aquí donde surge el misterio, ya que en 2007, cien años después, Rodger Garrick-Steele, un psicólogo jubilado que se había retirado a vivir a la casa donde residió Bertram Fletcher Robinson, presentó una serie de documentos en los que señalaba que Sir Arthur Conan Doyle estuvo detrás de aquella muerte.
Según el señor Garrick-Steele y su obra «La casa de los Baskerville», el creador de Sherlock Holmes habría mantenido una relación sentimental adúltera con Gladys Hill Morris, esposa de Bertram Fletcher Robinson y con la ayuda de esta se le suministró ‘láudano’ (compuesto químico de extracto de opio). Con la muerte de Fletcher, Conan Doyle se aseguraba que en un futuro este no haría pública su autoría sobre la novela «El sabueso de los Baskerville» y otras que habría escrito y que, en los siguientes años, se las atribuiría el célebre escritor británico.
Se llegó incluso a solicitar la exhumación de los restos de Bertram Fletcher Robinson, para realizar los correspondientes análisis en busca de la supuesta sustancia tóxica que acabó con su vida. Sin embargo, el tribunal eclesiástico que debía decidirlo se negó rotundamente, tachando la hipótesis de Garrick-Steele como una mera especulación sin fundamente alguno.
El misterio de los manuscritos originales de Conan Doyle
16 años después de la muerte de Sir Arthur Conan Doyle, aún surgiría un nuevo misterio a su alrededor, digno de una de sus novelas. En 1946, 79 originales del autor desaparecieron de la casa de Conan Doyle en Crowborough, sureste de Inglaterra. La investigación del extraño caso requirió la ayuda de Scotland Yard y del mismísimo FBI.
¿Fue aquella desaparición planeada por el mismo autor, o se trató de una venganza del mayordomo que él despidió por robar algunas de sus pertenencias? La suerte de los 79 originales que desaparecieron de la casa de Conan Doyle en Crowborough, sureste de Inglaterra, fue siempre un misterio para su familia, que solicitó en su momento la ayuda de la policía para localizar tan valiosa literatura.
Denis y Adrian Conan Doyle, hijos del escritor, acudieron a la policía tras descubrir que los manuscritos perdidos habían aparecido en Estados Unidos, en manos de un coleccionista privado, el doctor A. S. Rosenbach, de Nueva York.
Scotland Yard pidió la ayuda del entonces director del FBI, Edgar Hoover. Sin embargo, la investigación del FBI llegó a la conclusión de que Rosenbach había adquirido legalmente los textos en una subasta organizada por la casa Sotheby’s en Londres en 1931, por tan sólo 95 libras (unos 152 dólares). De hecho, según Sotheby’s, las obras llegaron a su poder porque el mismo Colan Doyle las envió por correo antes de su muerte, en 1930.
Sin embargo, los hijos del novelista escocés no aceptaron nunca las conclusiones de la investigación policial y, para ellos, el caso no quedó resuelto.
De hecho, existe otra pista que siguió la policía pero que jamás se pudo comprobar. Y es que, se barajó la posibilidad de que un mayordomo que tuvo Conan Doyle, Charles Roy Harris, hubiera sido el responsable de sustraer los originales. Se da la circunstancia de que Harris fue despedido en 1928 precisamente por robar pertenencias del escritor. El problema es que el mayordomo se fugó y nunca fue encontrado por la policía. En 1935, la orden de busca y captura contra él fue anulada dejando así sin conclusión el último misterio de Sir Arthur Conan Doyle.
Y hasta aquí los misterios de Sir Arthur Conan Doyle. Os dejos con el video de mi canal de youtube y volvemos la semana que viene con más y mejor. No olvidéis comentar, suscribiros y dad a la campanita para que os lleguen las notificaciones. Hasta la semana que viene.
Nos ha dejado Almudena Grandes. Hoy es un mal día para todos los que nos gusta la literatura. Hoy quiero dedicar una palabras a esta escritura cuya grandeza iba mucho más allá de su apellido.
Almudena Grandes fue una madrileña nacida en 1960 que lamentablemente se ha marchado con sólo 61 años. Pronto, demasiado pronto, pero aún así ha dejado tras de sí un legado inolvidable y eterno. Y no hablo sólo de sus grandes obras como Las edades de Lulú con la que obtuvo el Premio La Sonrisa Vertical, en 1989_; o sus Episodios de una guerra interminable, que comenzó a escribir en 2010 y en los que relató la resistencia antifranquista tras la Guerra Civil.
No, no hablo de su obras, que por supuesto ocupan ya, por mérito propio, un lugar de honor en los anaqueles de la historia de la literatura. Hablo de su compromiso, de su continua lucha por defender unos principios y unas ideas, de los que siempre tuvo a gala presumir. Almudena Grandes era una persona sin pelos en la lengua, cuyo ejercicio de la libertad, eso que algunos pregonan y ni si quiera entienden, es una lección para todos.
Hoy hay voces que desde la iniquidad más absoluta, por el mero hecho de no compartir las idas de Almudena Grandes, pretenden ignorarla e incluso insultan su memoria. Allá ellos, que se queden refugiados en su oscura cueva de odio, mientras Almudena se ríe desde la luz de quien de verdad entendió lo que era la verdadera libertad.
Os dejo con algunas de las mejores frases de Almudena Grandes recogidas por el canal de Youtube «Frases de la vida», porque no hay mejor manera que recordar a esta gran escritora que escuchando sus palabras.
Los antihéroes en la literatura es el tema del artículo de esta semana y que os debía desde que hablamos de los héroes literarios. Sin embargo, antes de entrar en harina, dejadme disculparme porque esta semana pasada no haya habido video artículo ni aquí ni en el canal de youtube. La explicación es que se han aliado una serie de catastróficas desdichas que me han impedido llegar a tiempo con el video.
Una de ellas la podéis adivinar por mi tono de voz en el vídeo, aún tomado por la visita del famoso virus que nos tiene a todos acongojados desde hace ya prácticamente dos años. Pero, por si esto no fuera suficiente, simultáneamente mis webs fueron atacadas por simpáticos hackers, más algunas cosas más que no es momento ni lugar de comentar.
También, antes de abordar el tema de hoy, quiero comentaros una nueva iniciativa del canal a la que espero que os apuntéis todos los adictos a la literatura. En esta ocasión, ha llegado el momento de que escribáis vosotros y no yo. Quiero animaros a que me enviéis a mi correo de contacto o a través del formulario de contacto de mi web, un relato de vuestra autoría. El único requisito es que no exceda las 1000 palabras, pero la temática es completamente libre.
Estaré recibiendo estos relatos lo que queda de año. Entre todos escogeré 5 que comentaré en profundidad en uno o más video artículos para celebrar la llegada de 2022. Todos ellos tendrán un premio sorpresa por supuesto. Así que es el momento de quitaros la vergüenza a que otros os lean y abriros a la crítica. Espero vuestros relatos.
Y ahora sí, adentrémonos en la cada vez más importante figura del antihéroe. Pero ¿Cómo definiríamos este tipo de personaje?
Realmente esta palabra “antihéroe” es de uso muy reciente, en literatura se solía hablar en su lugar de “Protagonista antagónico”. Con esta denominación nos estamos refiriendo a un tipo de personaje que, aunque suele ser el protagonista de la narración y realiza actos heroicos, no lo hace con los métodos habituales de un héroe ni movido por intenciones nobles o altruistas. Es decir, se trata de un protagonista desprovisto de las habituales cualidades atribuidas a los héroes como la integridad, una moralidad intachable o incluso la perfección física.
En literatura este tipo de protagonista se hizo muy famoso en la novela picaresca, que surgió en el siglo XVI como crítica y burla de la sociedad.El Quijote deMiguel de Cervantes es un buen ejemplo, como también El Lazarillo de Tormes. Aunque quizá el culmen de este género es Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán. Escrita en 1599, narra las aventuras de su protagonista con afán moralizante y construye uno de los mayores antihéroes literarios en este Guzmán, un personaje de orígenes infames, pícaro y amoral.
A la hora de abordar los tipos de antihéroes existen muchas propuestas de clasificación. Yo os propongo aquí una muy sencilla que os puede servir para vuestros relatos, pero que es totalmente personal. Veamos los tipos de antihéroes:
1. Arrepentido
Suele ser un personaje de pasado oscuro que, ante una situación inesperada, o simplemente por cansancio o hartazgo con su vida vacía, opta por actuar de forma heroica en busca de redención. Este personaje es ideal para construir historias de crecimiento personal, donde el protagonista cambie a la vez que la historia encontrándose a sí mismo.
El personaje de Solomone Kane deRobert E. Howard es un gran ejemplo de este tipo de antihéroes. Con un pasado de asesino y guerrero, arrepentido inicia el camino de la Fe dispuesto a no volver a matar. Algo que le resultará muy complicado.
2. Vengador
Se trata de un personaje que, ante una situación de injusticia contra él mismo o alguien de su entorno, decide emprender el camino de venganza. Lo que le lleva a convertirse en héroe muy a su pesar. Suele ser el protagonista escogido para historias repletas de acción y aventura.
La famosa saga cinematográfica de John Wick es un ejemplo perfecto de antihéroe vengador. En este caso, la furia del protagonista se despierta cuando irrumpen en su casa, roban su antiguo coche (un Mustang del 69) y matan a su perro, que era un regalo de su mujer recién fallecida…
3. Cínico
Suele ser un personaje harto de todo, que se considera a sí mismo sin nada que perder. Aunque actúe de forma desenfadada, suele estar deprimido y completamente decepcionado por el mundo que le rodea. Su falta de miedo le convierte casi sin querer en protagonista de acciones que a la postre resultan heroicas. Este personaje da pie a historias más reflexivas y mordaces, donde el cinismo del protagonista puede aprovecharse para realizar una crítica sobre algún tema que nos interese especialmente.
La reciente serie de Loki de Marvel utiliza este tipo de enfoque, convirtiendo al rey del engaño en un personaje cínico e irreverente que, en el fondo, lucha contra su propia soledad…
4. Pícaro
Es el personaje que hemos comentado antes. Normalmente de origen miserable y criado en la amoralidad, no duda en recurrir a todo tipo de argucias y trucos para conseguir sus fines. Sin embargo, en el fondo, se trata de un personaje de buen corazón, al que es el entorno el que realmente le ha llevado a su forma de actuar. Es un personaje perfecto para la comedia y la sátira y, sobre todo, para construir historias con ánimo moralizante.
Sin volver al siglo XVI, tenemos al personaje de Jack Sparrow, de la saga de Piratas del Caribe, que personaliza de forma perfecta al truhan, pícaro y sinvergüenza que, en el fondo, está bien intencionado.
Más allá de esta clasificación podemos sacar algunas conclusiones sobre una serie de características propias del antihéroe, que es conveniente manjar y combinar con soltura para crear estos personajes con solvencia.
“Tienen un código moral propio”. Aunque un antihéroe no sigue la moral tradicional y puede resultar incluso amoral, debe sin embargo mantenerse fiel a un código de comportamiento propio. El personaje de The Mandalorian, por ejemplo, sigue de forma rigurosa las normas de su clan, a pesar de ser en un principio un simple mercenario.
No respeta la ley. El antihéroe no ve la ley como una barrera infranqueable sino como algo maleable para modificar según sus intereses. Igual puede actuar dentro que fuera de la ley si lo ve necesario. En V de Vendetta de Alan Moore, el protagonista enmascarado no duda en saltarse la ley e incluso convertirse en terrorista para denunciar una sociedad que considera injusta.
Tiene un pasado oscuro. En el fondo todo antihéroe o ha sido un villano con anterioridad o ha estado apunto de serlo. En todo caso, el pasado no es algo de lo que se sienta orgulloso. El personaje deWolverine en losXMenarrastra un pasado de crímenes del que nunca termina de escapar del todo.
Puede ser un personaje asocial con nula capacidad comunicativa, o depresivo y solitario, puede que incluso acomplejado por algún problema físico. Todas estas barreras le convierten en alguien que no cree en la sociedad y que, además, se considera al margen de ésta. La futura película Morbius de Marvel, tiene como protagonista a un doctor desahuciado y con nulas capacidades sociales, obsesionado con la búsqueda de una cura para su enfermedad.
Lógicamente no todo antihéroe reúne todas estas características, sino que suele ser el resultado de una combinación de ellas. Así que lo ideal es combinarlas para crear vuestro antihéroe ideal. Y cómo siempre, para lograr esto, os dejo finalmente cinco consejos que espero que os ayuden a crear vuestros antihéroes.
1. Sorpresa
Es interesante cuando se quiere introducir un antihéroe en una historia, jugar con la sorpresa del lector. Puede funcionar muy bien presentar un supuesto protagonista y que éste ceda su lugar protagónico a un antihéroe escondido en el relato.. Conseguir que no se lo espere el lector debe ser nuestro objetivo.
Por poner un ejemplo donde se consigue este efecto, en Watchmen de Alan Moore, es al final de la historia cuando el personaje más despreciable de todos los protagonistas Rorschach, se revela como el auténtico héroe de moral inquebrantable.
2. Marco moral limitado.
Los antihéroes no siguen las leyes morales habituales, pero, como hemos visto, tienen su propio marco moral. Pues bien, hay que tener mucho cuidado con qué marco moral le ponemos a nuestro antihéroe. Si nos pasamos de manga ancha y lo hacemos demasiado inmoral puede resultar irrecuperable para la historia. Y, lo que es peor, hacer que el lector no se identifique en absoluto con él.
Un personaje que juega en este límite es Deadpool, donde los guionistas hacen maravillas para no traspasar esta línea tan sutil y, aún así, crear un personaje al borde de la total inmoralidad.
3. Ambigüedad
Jugar con la ambigüedad siempre es buena idea y en el caso de los antihéroes es además obligatorio. Si consigues que el lector se plantee sus propios valores morales en algún momento, tienes el éxito asegurado.
Por ejemplo, en la famosa serieLa casa de papel, los televidentes llegan a identificarse con los ladrones como los héroes y la policía como los villanos, haciendo que sus robos se vean como un acto de rebeldía contra un sistema corrupto.
4. Motivación
Abundando en lo anterior, el mejor método para conseguir esa ambigüedad moral en tu antihéroe es motivarlo de manera profunda. Sus razones para actuar, por fuera de las normas sociales habituales que estén, deben ser comprensibles para el lector. Hay que conseguir que éste se identifique con las motivaciones de nuestro antihéroe.
En la serie The Boysla violencia de los protagonistas se justifica ante la completa brutalidad y desprecio con la que actúan los supuestos héroes oficiales.
5. Evolución
Como siempre la creación de personajes lineales o planos es un error y en un antihéroe aún más. Este tipo de personajes deben dudar, cambiar de opinión y en definitiva emprender su propio camino de evolución a lo largo de la historia, en el que encontrarse consigo mismos como héroes.
En la fantástica serie Killing Eve, la relación entre la asesina en serie y su perseguidora va pasando por distintas fases lo que enriquece enormemente un relato.
Y hasta aquí al video artículo de hoy. Volveremos con más temas heroicos que aún nos quedan por abordad como “el camino del héroe”, así que continuará…
Como siempre, espero vuestros comentarios y, como os comenté al inicio del artículo, mandadme vuestros relatos de no más de 1000 palabras de aquí a fin de año. Prometo comenzar el 2022 comentado los cinco que más me hayan gustado, que, además, tendrán premio seguro.
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