El viaje del héroe, que tratamos esta semana, es la última parte de los artículos que he dedicado a los héroes en la literatura. Después de hablar de los distintos tipos de héroes y de dedicar un video artículo completo a la figura del antihéroe, nos faltaba la tercera parte de esta auténtica trilogía heroica: El viaje del héroe.
Un tema muy especial porque, no sólo vamos a descubrir la estructura clásica a la que se ajustan la mayoría de las grandes historias literarias de todos los tiempos, sino que además también comprobaremos que se puede aplicar incluso a etapas de nuestra propia vida.
Pero antes de meternos en harina quiero recordaros que aún estoy recibiendo vuestros relatos, ya sabéis, con un máximo de mil palabras y temática libre, de aquí a fin de año. Podéis mandarlos a mi email de contacto. Animaos que aún os veo muy tímidos y si no son suficientes declararé desierto el concurso. Recordad que los cinco mejores tendrán regalo sorpresa y los comentaré aquí en el canal.
Y ahora sí empecemos el viaje del héroe.
El camino del Héroe o viaje del héroe, también llamado Monomito, es un término acuñado por Joseph Campbell, un escritor, profesor, mitólogo y antropólogo estadounidense que viajó por Europa y Asia. Apasionado de la mitología, Campbell descubrió que existía un patrón que se repetía en mitos y relatos de distintas culturas. En 1949 escribió el libro «El héroe de las mil caras» donde acuño el término del Viaje del héroe o monomito, que no es otra cosa que este patrón universal descubierto por él.
Pero aquí lo interesante es saber en qué consiste y como aplicar lo descubierto por Campbell e a nuestras propias obras literarias. Y para conseguirlo lo mejor es analizar el viaje del héroe que normalmente se considera dividido en 12 etapas. Veámoslas en detalle:
Etapa 1. El Mundo Ordinario
Es la etapa inicial del relato en que se presenta el héroe como una persona ordinaria inmersa en su vida habitual. Esta etapa sirve para identificar al lector con el personaje y crear empatía con él. En algunos relatos se realiza esta presentación mediante una descripción del personaje y su vida. Sin embargo, si el relato es de aventuras, puede funcionar presentar al héroe inmerso en una escena de acción. Es, por ejemplo, el caso de las películas de Indiana Jones que presentan al personaje terminando una última aventura.
Etapa 2. La llamada a la Aventura
Este es el momento es que sucede algo que rompe la rutina o actividad habitual del héroe. Un suceso que viene a sacarle de su zona de confort. En algunas ocasiones este cambio puede llegar de la mano de un mensajero, un personaje al que se suele denominar el heraldo. También puede producirse como una llamada interna, una necesidad del héroe que siente que debe afrontar un cambio conflicto empieza a vislumbrarse en el horizonte.
No penséis que este esquema se aplica sólo a grandes historias épicas de aventuras, se aplica a todo tipo de historias. En una historia romántica la llamada a la aventura podría ser el momento de conocer a la persona de la que se va a enamorar el protagonista.
En la película ¿Conoces a Joe Black?, la llamada a la aventura se produce cuando los protagonistas se encuentran casualmente en una cafetería.
Etapa 3. Rechazo de la Llamada
En esta etapa el héroe duda e incluso rechaza en un primer momento la llamada a la aventura. Esto ayuda a dar dramatismo y realismo a la historia. ¿Quién de nosotros es capaz de salir de su zona de confort sin ni siquiera dudar?
Puede dar mucho juego literario utilizar una estructura rechazo-aceptación en esta etapa del relato. Es decir, hacer que el héroe rechace completamente la aventura para aceptarla inevitablemente después.
Este elemento lo juega Stan Lee magistralmente en su personaje de Spiderman cuando Peter Parker es llamado a usar sus nuevos poderes, pero se niega en un primer momento. El resultado la muerte del tío Ben y su conversión inmediata en justiciero enmascarado.
Etapa 4. Encuentro con el mentor
En esta etapa, después de que nuestro protagonista ha aceptado la aventura, se encuentra con un personaje que le guía y ayuda a afrontar ésta. Se trata de una figura catalizadora que despeja las dudas que le puedas quedar al héroe y que suele denominarse genéricamente el mentor.
Normalmente se trata de un personaje experimentado que ya ha pasado por la misma aventura u otra muy similar a la que le espera al protagonista. El mentor ofrecerá consejos, herramientas o poderes que le serán de utilidad al héroe en el mundo especial al que se va a enfrentar. Los mentores son catalizadores que convencen a los héroes de emprender la aventura y favorecen su buen desarrollo.
Un ejemplo perfecto es Gandalf en «El Señor de los Anillos» de J. R. Tolkien, un mago que ofrece su ayuda y consejo a Frodo, para que éste inicie su camino a Rivendel para poner el anillo a salvo.
Etapa 5. Cruce del Primer Umbral
Este es el momento que el viaje se puede considerar iniciado. El héroe se adentra definitivamente fuera del mundo ordinario cruzando el umbral al llamado mundo especial. Suele ser un momento de confusión donde el héroe pueda mostrarse confuso, pero en el que también éste reconoce que ya no hay vuelta atrás posible.
En Matrix este momento es cuando Neo toma la pastilla roja que le ofrece Morfeo, que ejerce aquí como el mentor, adentrándose definitivamente en el mundo real que, paradójicamente es el mundo especial de su particular viaje del héroe.
Etapa 6. Pruebas, Aliados y enemigos
En esta etapa el héroe inmerso ya en un mundo nuevo debe adaptarse a nuevas reglas pasando diversas pruebas que irán transformándole poco a poco. Es interesante jugar aquí con el fracaso del héroe en alguna de estas pruebas. Esto ayuda a crear un héroe más creíble y a justificar la introducción de aliados que ayuden al héroe. En esta etapa suelen aparecer los primeros enemigos del héroe.
En «Dune» de Frank Herbert, Paul Atreides debe enfrentarse en el desierto a diversas pruebas hasta encontrar la ayuda de sus aliados los Fremen.
Etapa 7. Acercamiento a la caverna más profunda
En esta etapa el héroe ya ha madurado y ha formado nuevas creencias con la experiencia que ha ido adquiriendo. Esto le hace decidirse a afrontar su batalla final. Es el momento en que el héroe se decide a enfrentar las “fuerzas del mal” de forma definitiva.
Etapa 8. El Calvario
Es el momento álgido del viaje del héroe. El momento en que éste por fin se enfrenta a su reto mayor, aquel para el que ha estado preparándose.
Este enfrentamiento puede ser literal si estamos hablando de historias épicas de acción o metafórico si hablamos de un viaje interior. Se puede tratar también del momento en que nuestro protagonista enfrenta una batalla interior que le cambia para siempre.
Etapa 9. La recompensa
Es el momento en que el héroe vence su batalla y recibe una recompensa que puede ser material o inmaterial. Sin embargo, aquí no acaba su viaje, ya que el héroe tras disfrutar de su victoria debe volver al camino. Suele ser un momento de alivio dramático donde parece haberse solucionado la crisis que dio lugar al viaje.
Etapa 10. El camino de vuelta
En esta etapa se rompe la calma alcanzada tras la victoria aparente y su recompensa porque en el viaje de vuelta del héroe, surge un nuevo problema que pone en peligro todo lo alcanzado. Esto obliga al héroe a afrontar un nuevo reto que, esta vez sí, será el definitivo que marcará el éxito o fracaso de su viaje.
Etapa 11. Resurrección del héroe
Este el auténtico clímax de la historia, donde el héroe triunfa definitivamente, venciendo a sus enemigos y superando sus defectos y sus miedos. Todo esto hace que el héroe sufra una transformación definitiva, ya no es el mismo personaje que inició el viaje.
Etapa 12. Regreso con el Elixir.
Es el final de la historia que se produce cuando el héroe retorna a su mundo ordinario, pero transformado por su viaje. Suele hablarse dos tipos de finales:
Circular: Tras solucionar la crisis, el héroe vuelve a su vida habitual, aunque transformado en alguien mejor.
Abierto: El final es ambiguo ya que algunas cuestiones que dieron lugar al viaje del héroe permaneces sin solucionar, dando así pie a una futura continuación del viaje.
Y con eso llegamos al final de la estructura clásica del viaje del héroe, del monomito. Es interesante destacar que no todos los escritores comparten, no obstante, esta visión de Joseph Campbell. De hecho, aunque hemos nombrado la novela «Dune», de Frank Herbert como ejemplo de historia que sigue el monomito, su trama se ingenió, de hecho, para subvertir este esquema.
Herbert tenía una posición crítica sobre el monomito que explicaba así:
«El sentido subyacente de la trilogía de Dune es: Cuidado con los héroes. Es mucho mejor confiar en el propio juicio y en los propios errores. Dune estaba enfocada contra esta idea del líder infalible, ya que mi visión de la historia sostiene que los errores cometidos por un líder (o cometidos en su nombre) se amplifican proporcionalmente al número de adeptos que lo secundan sin cuestionarlo».
Algunos autores creen, incluso, que la teoría del monomito es una generalización excesiva que no respeta las peculiaridades de las distintas mitologías y que no todas pueden identificarse tan claramente con este esquema. Incluso se la ha tildado, no sin falta de razón, de una visión machista centrada en el hombre.
La verdad es que esta última crítica es muy cierta, pero fácilmente solucionable con considerar que este esquema literario es exactamente igual, independientemente se trate del viaje de un héroe o heroína. En cuanto a la excesiva generalización, es justo reconocer que el propio Campbell apuntaba que no siempre se cumplen todas estas etapas y que en muchas historias algunas desaparecen y otras se amplían de acuerdo a los gustos del autor.
Lo cierto es que, en mayor o menor medida, prácticamente en cualquier historia encontramos elementos fácilmente identificables con este viaje del héroe. Además, tal y como os comenté el inicio de este video artículo, incluso en los problemas y conflictos que afrontamos en nuestra propia vida, en muchos casos aparecen una o varias de estas etapas.
Si no me creéis, un buen ejercicio que podéis hacer, como futuros escritores, es pensar en alguna etapa especialmente conflictiva de vuestra vida e id identificando una o varias de las etapas definidas por Campbell. Ya me diréis qué os resulta del experimento.
Y hasta aquí el viaje del héroe. No olvidéis enviadme vuestros relatos, os dejo con el video de mi canal de youtube. Espero vuestros comentarios y ya sabéis, suscribíos y dad a la campanita para que os lleguen las notificaciones.
Los misterios de Sir Arthur Conan Doyle. Volvemos con una nueva entrega de Misterios de la Literatura. Esta semana le ha llegado al turno ni más ni menos que a Sir Arthur Conan Doyle, conocido universalmente por ser el creador de Sherlock Holmes. Un autor que de ninguna manera podía dejar de estar en esta sección, ya que si algo caracterizó su vida fue el misterio en todas sus dimensiones. Así que pongámonos a ello.
Arthur Ignatius Conan Doyle nació en Edimburgo, Escocia, el 22 de mayo de 1859. Creció en una familia numerosa de entre 9 o 10 hermanos. Su padre era el arquitecto Charles Altamont Doyle, proveniente de una familia de ilustradores y caricaturistas. Algo que él también el practicaba por lo que llegó a ilustrar la primera edición de la obra de su hijo “Estudio en escarlata”. Su madre, Mary Foley, era una mujer irlandesa, hogareña, pero también una mujer de letras, lectora apasionada y profundamente imaginativa. Ella fue, probablemente, quien despertó el gusanillo de la literatura del pequeño Arthur Conan Doyle.
No fue una infancia fácil. El alcoholismo creciente de su padre fue llevando a la familia a graves problemas económicos. En 1864 la familia tuvo incluso que separarse durante 3 años, yendo los hermanos a residir temporalmente a diversas instituciones. Finalmente, en 1867 la familia se reunió de nuevo alquilando unas habitaciones en una casa de huéspedes.
Afortunadamente y gracias al apoyo económico de sus tíos, en 1868, Arthur Conan Doyle, pudo acceder a una buena educación en diversos colegios de la orden de la Compañía de Jesús. En 1876, comenzó la carrera de Medicina en la Universidad de Edimburgo, donde curiosamente destacó como deportista y conoció al médico forense Joseph Bell, del que ya os hablaré más en profundidad porque es la figura inspiraría al personaje de Sherlock Holmes.
Artur Conan Doyle empezó a escribir y publicar historias cortas mientras estudiaba medicina, aunque esto no le impidió doctorarse y llegar a ejercer como cirujano durante seis meses, a principio de 1880, en un ballenero llamado The Hope. Un años después y acabados sus estudios volvería a embarcare como médico, en esta ocasión en el buque SS Mayumba en su viaje a las costas de África Occidental.
En 1882 intentó establecerse como médico por su propia cuenta en Portsmouth, sin demasiado éxito, por lo que volvió a la literatura con nuevas historias inspiradas en sus viajes marinos, que fueron publicados sin demasiada pena ni gloria. En 1885 se casó con Louise Hawkins, más conocida como Touie, con la que tuvo dos hijos: Mary Louise (1889-1976) y Arthur Alleyne Kingsley (1892-1918).
Una vez más, en 1887 se mudó a Londres para ejercer de oftalmólogo. Sin embargo, el destino le volvió a dejar claro que la medicina no era su futuro y, como él mismo reconoció en su biografía, ningún paciente entró en su clínica. Esto, para fortuna de todos nosotros los lectores, le llevó a lanzarse definitivamente a la escritura dando a luz al personaje que lo haría inmortal, Sherlock Holmes. A partir de aquí su carrera literaria despegaría hasta lanzarle a una merecida fama.
Arthur Conan Doyle fue también un hombre interesado en la política y comprometido. En 1900, tras escribir su libro más largo «La guerra de los bóeres», se presentó como candidato para la Unión Liberal. A pesar de que ya entonces era un personaje querido y muy respetado no logró la elección. En 1902, tras escribir un artículo titulado «La guerra en el sur de África: causas y desarrollo», que alcanzó gran difusión, fue nombrado caballero de la Orden del Imperio Británico en 1902, otorgándole el tratamiento de sir.
Sin embargo, la desgracia esperaba a la vuelta de la esquina y el 4 de julio de 1906, su mujer pereció de tuberculosis a pesar de haber acudido con toda su familia a Suiza para intentar que se repusiera. Sólo un año después de casaría de nuevo, en esta ocasión con la médium Jean Elizabeth Leckie, a la que al parecer llevaba unido por un amor platónico más de 20 años. Con ella tendría de tres hijos más: Jean Lena, Denis Percy Stewart y Adrian Malcolm.
Al estallar la Primera Guerra Mundial en 1914, Arthur Conan Doyle volvió a demostrar su compromiso político, intentando alistarse, a sus 55 años, como simple soldado raso. Lógicamente fue rechazado, pero aun así fue al frente de batalla y reportó los acontecimientos para el Ministerio de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña.
Sir Arthur Conan Doyle murió en Crowborough, East Sussex (Inglaterra), el 7 de julio de 1930 de un ataque al corazón. Tenía 71 años de edad y en su honor se erigió una estatua que se encuentra en esa localidad, donde residió durante 23 años. Fue enterrado en el cementerio de la iglesia de Minstead en New Forest, Hampshire.
Sir Arthur Conan Doyle fue uno de los grandes escritores del siglo XX. Aunque los 56 relatos y cuatro novelas que escribió sobre Sherlock Holmes opacaron el resto de su obra, lo cierto es que fue un autor prolífico que barco todo tipo de temáticas. Se le calculan entre veinte y treinta obras de ficción, libros de historia sobre dos guerras, varios títulos de ciencia paranormal, tres de viajes, uno sobre literatura, varias obras de teatro, dos libros de criminología, dos panfletos políticos, tres poemarios, un libro sobre la infancia y una autobiografía.
Pero más allá de todo esto, Sir Arthur Conan Doyle estuvo rodeado de misterio y no sólo en sus obras de ficción. Se trató sin duda de uno de esos escritores en los que ficción y realidad llegan a mezclarse hasta hacerse casi indistinguibles. Por eso llega el momento de repasar algunos de los grandes misterios de Sir Arthur Conan Doyle.
Sir. Arthur Conan Doyle y el espiritismo
Aunque parezca paradójico, el creador de uno de los personajes más racionales y defensores del método científico como Sherlock Holmes, fue también un profundo creyente en el mundo del más allá y especialmente en el espiritismo.
Sir Arthur Conan Doyle se vio muy influenciado por sus experiencias en el campo de batalla durante la Primera Guerra Mundial. Estas experiencias traumáticas junto a la muerte de su hijo Kingsley que falleció a causa de una neumonía en 1918, y de su propio hermano, el Brigadier General Innes Doyle, en 1919, hicieron que volcase en la búsqueda de la espiritualidad y el esoterismo.
Sólo 2 años después el escritor se vio envuelto en uno de lo casos más curiosos de la historia del espiritismo; la aparición de unas fotos que probaban la existencia de las hadas.
La historia comenzó en el jardín de una casa en la aldea de Cottingley, cerca de la ciudad inglesa de Leeds. Elsie Wright y su prima Frances Griffiths pasaban aquel verano de 1917 jugando en el jardín, junto a un arroyo, según ellas, con hadas.
Griffiths había llegado de Sudáfrica con su madre, para vivir con su tía, su tío y su prima Elsie en el condado de Yorkshire, en Inglaterra, mientras su padre peleaba en la Primera Guerra Mundial. Las dos niñas solían jugar en el jardín todo el tiempo y volvía con la ropa, los zapatos y las medias sucias. Para justificarse solían decir que querían jugar en el jardín porque jugaba con hadas.
En 1920 las dos niñas dijeron haber fotografiado a las hadas en el jardín de la casa en la que vivían, en el norte de Inglaterra. Elsie Wright describiría en la BBC siendo ya adulta lo que había visto entonces:
«Este es el lugar donde vi el gnomo. Yo estaba aquí y Frances estaba allí, con la cámara. El gnomo venía de atrás de un árbol y caminó hasta donde yo estaba. Me pareció que me iba a tocar y extendí el brazo, pero desapareció. Ellos eran así, se acercaban y después desaparecían»
Las fotos que presentaron las madres de las niñas, eran de gran calidad para la época. De hecho, las hadas no tienen apariencia etérea, sino que, por el contrario, eran bastante sólidas, lo que llamó rápidamente la atención de los medios.
Sir Arthur Conan Doyle, se interesó en el caso y, tras encargar un estudio de las imágenes, escribió un controvertido artículo en el Strand Magazine titulado «Hadas fotografiadas: un suceso memorable», en el que defendió su autenticidad. Posteriormente incluso escribiría un libro «El misterio de las hadas» (1921) en el que trataría el tema con más profundidad.
La realidad se supo 50 años después de la muerte de Doyle. En 1981 en una entrevista realizada por Joe Cooper para la revista The Unexplained, las primas declararon que las fotografías eran falsas; habían sujetado recortes con alfileres de sombrero. Lo más sorprendente es que el motivo por el que mantuvieron tanto tiempo su mentira fuer, según explicó Elsie Wright, porque habían estado demasiado avergonzadas para admitir la verdad después de engañar al autor de Sherlock Holmes.
Es justo también reconocer que a pesar de reconocer que las fotos eran falsas, sus autoras mantuvieron hasta el final que las como las meigas, haberlas hay las y que efectivamente en su jardín vivían hadas.
¿Existió Sherlock Holmes?
Puede que esta pregunta os resulte extraña, pero el personaje de Sherlock Holmes de Sir Arthur Conan Doyle, fue caracterizado con tal perfección por su autor, que muchas preguntas han llegado a dudar si realmente había existido. Como anécdota basta comentar que aún hoy se reciben múltiples cartas en el número 221B de la calle Baker, en Londres, la dirección ficticia inventada por Doyle para el famoso detective, en la que se solicitan sus servicios.
Lo cierto es que, aunque pueda sorprenderos, existe un personaje real en el que el escritor se basó para crear a Holmes. Su nombre era Joseph Bell (1837-1911), un famoso cirujano y profesor de la Enfermería Real de Edimburgo.
Sir Arthur Conan Doyle le conoció durante sus estudios se medicina. De él se comentaba con asombro que, tras echar un vistazo al aspecto y vestimenta de un paciente, deducía su vida y sus costumbres con increíble precisión. Estas asombrosas facultades asombraron al joven Doyle que posteriormente lo describiría así:
«Bell era un hombre muy notable física y mentalmente. Enjuto, nervudo, moreno, de rostro afilado y nariz poderosa, ojos grises penetrantes, hombros angulosos y andares renqueantes. La voz, aguda y disonante. Cirujano muy mañoso, su punto fuerte era, sin embargo, el diagnóstico, y no sólo de la enfermedad sino también de la profesión y carácter del paciente.
Por alguna razón que nunca he logrado adivinar, de entre el montón de estudiantes que frecuentaban sus salas me escogió a mí para ayudarle a atender a los pacientes externos, lo que significaba que yo tenía que ocuparme de darles cita, escribir notas sencillas sobre sus casos y luego hacerlos entrar, uno a uno, a la gran sala, que presidía mayestáticamente Bell en medio de una cohorte de ayudantes y alumnos. Aquello me permitió estudiar sus métodos de cerca y comprobar que él obtenía más datos del paciente con unas cuantas ojeadas que yo con mi sarta de preguntas”.
Lo cierto es que tanto mental como físicamente Sherlock Holmes debe mucho al doctor Bell, aunque también hubo otra influencia, en esta ocasión literaria, que le sirvió de inspiración y que es justo recordar: el detective C. Auguste Dupin salido de la increíble imaginación de otro de esos grandes genios a los que hemos dedicado un capítulo de Misterios de la literatura: Edgar Allan Poe.
En cuanto al ayudante abnegado de Holmes, el buen doctor Wartson, no hace falta decir que Arthur Conan Doyle se basó en si mismo para el personaje. Doctor como él, excombatiente en la guerra como él y médico poco afortunado en sus consultas particulares, como él mismo. Eso sí, a quien realmente quería parecerse Doyle era a Holmes, a quien no dudó en emular como criminólogo en varios casos reales, como veremos a continuación.
Sir Conan Doyle metido a investigador privado
La fama de Sherlock Holmes y su autor Arthur Conan Doyle llegó a tal punto que sus lectores empezaron a confundir al autor con su propio personaje. La verdad es que la gente no estaba tan equivocada ya que Sir Arthur Conan Doyle se convirtió en un criminólogo avezado que no dudó en aplicar el método Holmes a casos reales, con notable éxito la verdad.
El caso de Adolf Beck
Uno de ellos fue el extraño caso de Adolf Beck, un agente naviero noruego acusado de una serie de estafas contra mujeres en 1895, después de que una testigo le reconociera en plena calle. Beck fue acusado de diez delitos menores y cuatro delitos graves. Beck fue identificado también por un policía como un hombre que se hacía llamar John Smith, condenado a cinco años de trabajos forzados en 1877 por robar los pendientes, un anillo y once chelines a una mujer llamada Louisa Leonard.
De nada sirvieron las protestas de Beck que aseguró que tenía testigos que podían demostrar que se encontraba en Sudamérica en 1877. El 5 de marzo de 1896 Adolf Beck fue declarado culpable de fraude y sentenciado a siete años de servidumbre penal en la Prisión de Convictos de Portland en la Isla de Portland.
Sir Arthur Conan Doyle investigó el caso en profundidad aplicando el método Sherlock, como se dio en llamar en los medios. Sus conclusiones fueron que Beck era inocente y que había pruebas claras de que se encontraba en Sudamérica cuando se produjeron sus supuestos delitos. Todo apuntaba a un error de identificación por parte de las víctimas.
En 1901, Beck fue puesto en libertad tras cumplir su condena, pero su mala suerte aún no había acabado. El 22 de marzo de 1904, un sirviente llamado Paulina Scott presentó una denuncia de que un hombre de pelo gris y aspecto distinguido la había abordado en la calle, le había hecho cumplidos y luego le había robado sus joyas. El inspector que tomó la denuncia estaba familiarizado con el caso de Beck y asumió que él debía ser el culpable. Beck volvió a ser arrestado y juzgado el 27 de junio en Old Bailey ante Sir William Grantham.
Cinco mujeres lo identificaron y, con base en esta identificación positiva, fue declarado culpable por el jurado. El juez, sin embargo, se mostró insatisfecho con el caso y expresó algunas dudas al respecto. Afortunadamente, a pesar de las garantías del Ministerio del Interior y la policía sobre la culpabilidad de Beck, decidió posponer la sentencia.
Sin embargo, para fortuna de Beck y alegría de Doyle, que seguía defendiendo su inocencia la verdad salió a la luz diez días después. El 7 de julio, el inspector John Kane del Departamento de Investigación Criminal fue informado de la detención de un hombre que había intentado estafar a un par de actrices desempleadas esa tarde y había sido aprehendido en una casa de empeños. El modus operandi coincidía con el atribuido a Beck, pero éste en ese momento estaba en la cárcel.
Tras investigar al detenido, este resultó ser Wilhelm Meyer, nacido en Viena. Un estafador que había utilizado diversos seudónimos como William Thomas, William Wyatt, William Weius y, por supuesto, John Smith. Era el verdadero autor de los delitos atribuidos al pobre Adolf Beck desde un principio, como el propio Meyer terminó confesando. Al final, tal y como Sir Arthur Conan Doyle había defendido, se había tratado de un caso de identificación errónea.
Beck recibió el perdón real el 29 de julio de 1904 y una compensación de 2000 libras y su caso sirvió para establecer el Tribunal de Apelación Penal, hasta ese momento inexistente en Gran Bretaña.
El asesinato de Marion Gilchrist
Sin embargo, hubo otro en el que Conan Doyle se involucró más profundamente demostrando que no estaba tan lejano de su propio personaje Sherlock Holmes.
Marion Gilchrist era una mujer adinerada de 82 años que vivía en Glasgow, con su doncella, Helen Lambie, de 21 años. Alrededor de las 7 de la noche del 21 de diciembre de 1908, Lambie salió a comprar el periódico vespertino, como solía hacer a diario; cerró las dos cerraduras de puerta del apartamento con llave, así como la puerta del hall de salida.
Al poco rato, un vecino que vivía en el apartamento de debajo, oyó un fuerte golpe, por lo que subió por si su vecina necesitaba ayuda. Aunque llamó al timbre nadie le abrió por lo que bajo de nuevo a su casa, pero allí sus hermanas le insistieron en que volviera a subir. En esta ocasión coincidió con Helen Lambie, que volvía con el periódico, a la que contó lo que había ocurrido.
Ambos entraron a tiempo de ver a un hombre bien vestido que salía de la casa caminando con calma. Ambos asumieron que se trataba de algún invitado y no le dieron mayor importancia. Tras revisar la cocina y la habitación principal, Lambie dijo que todo estaba en orden. Sin embargo, cuando Lambie fue al salón, descubrió el cuerpo de Marion Gilchrist en el piso, con una alfombra en la cabeza. Estaba viva pero inconsciente y murió a los pocos minutos. Había sido golpeada brutalmente y tenía la cara destrozada.
Cuando se registraron las pertenencias de la desafortunada mujer se descubrió que faltaba un broche de diamantes.
La policía, acuciada por la opinión pública que clamaba por un culpable para tan atroz crimen, encontró rápidamente el sospechoso ideal. Un judío de origen alemán llamado Oscar Slater, fue descubierto 5 días después, mientras intentaba vender un boleto de empeño por un broche de diamantes. Oscar Slater vivía cerca de la víctima y, además, había tomado un barco con destino a Nueva York y viajaba bajo un nombre falso, en lo que todo parecía apuntar como la huida de un asesino.
Al llegar a Nueva York, Slater fue sorprendido por las autoridades. Cuando se enteró de lo que ocurría, exigió permiso para regresar a Escocia a limpiar su nombre.
El juicio fue un mero trámite. Aunque se descubrieron claras inconsistencia como que el broche empeñado no era el robado, sino que pertenecía a Slater, que lo había empeñado varias semanas antes del asesinato. Incluso aparecieron testigos que podían confirmar que Slater estaba en otro lugar en el momento del asesinato.
Pero nada de todo esto sirvió ante el prejuicio institucional de la época capaz de aportar pruebas tan sólidas como la antropología criminal -método en boga en la época- que afirmaba que bastaba con observar los ojos furtivos, la forma de su boca y, particularmente, el tamaño de su nariz para saber que era capaz de hacer algo realmente malo. Además, Slater vivía con una prostituta y hablaba un pésimo inglés, así que estaba claro que tenía que tratarse sin duda alguna de un criminal.
Oscar Slater fue condenado a muerte el 27 de mayo de 1909.
Afortunadamente una parte de la sociedad inició una campaña en contra de la sentencia y el abogado de Slater, Ewing Speirs, logró reunir 20.000 firmas solicitando la conmutación de la pena de muerte a una vida tras las rejas por motivos de pruebas circunstanciales. Esta presión surtió efecto y, 48 horas antes de que se cumpliera su destino en el cadalso, su sentencia se redujo a cadena perpetua con trabajos forzados.
Sir Arthur Conan Doyle se vio rápidamente atraído por el caso, por lo que decidió aplicar, una vez más, el método Sherlock, investigando el caso en profundidad. Su esfuerzo dio fruto y fue capaz de hallar nuevas pruebas y testigos no llamados que cuestionaban claramente las pruebas de la acusación.
Doyle descubrió que si Slater viajó bajo un nombre falso no era porque huyese de la policía sino porque iba con su amante y trataba de evitar ser descubierto por su esposa. Además, demostró que, un martillo que poseía Slater y que se había presentado como el arma homicida, no era lo suficientemente grande y firme como para infligir el tipo de heridas que Gilchrist había sufrido. De hecho, Conan Doyle con la ayuda de un médico forense apuntó que la verdadera arma homicida usado por el criminal fue una silla grande y llena de sangre, que estaba en el lugar del crimen. También apuntó Doyle, que Gilchrist conocía a su asesino y le había abierto la puerta, pues no había señales de entrada a fuerza.
Sus hallazgos se publicaron como una súplica para el perdón de Slater en un panfleto titulado «El caso de Oscar Slater» en 1912. A pesar de la gran repercusión de su escrito, Arthur Conan Doyle no logró que se repitiera el juicio, debido a la cerrazón de las autoridades en Glasgow.
Hubo que esperar a 6 años después de la condena, cuando en 1914 se encontró un nuevo testigo que verificaba que Slater no había estado en ese apartamento cuando tuvo lugar el asesinato. Además, se descubrió que la doncella Helen Lambie, que se suponía que había identificado a Slater como el hombre que había visto el día del asesinato, en realidad le había dado a la policía otro nombre, que las autoridades habían decidido ignorar.
Ese año las autoridades ordenaron que se hiciera una investigación secreta. Un oficial de policía respetado, el teniente detective John Thompson Trench, reveló información ocultada en el caso policial original que implicaba a uno de los familiares de Gilchrist. Aun así, la investigación declaró nuevamente que la condena de Slater era justa y Trench fue despedido, desacreditado y finalmente incriminado por tomar parte en esta investigación. Afortunadamente, Trench guardó un documento del caso original que demostraba la veracidad de sus afirmaciones. Cuando murió en 1919, su viuda se lo envió a Sir Arthur Conan Doyle.
Ese documento, junto con un mensaje secreto del desesperado Slater sacado clandestinamente de la prisión, reavivó el interés de Conan Doyle que decidió volver una vez más al caso. Decidido a usar toda su influencia, el escritor no dudé en escribir a políticos e incluso utilizar su propio dinero para financiar los honorarios legales de la defensa de Oscar Slater.
18 años después de la condena, en 1927, se publicó un libro del periodista de Glasgow, William Park«La verdad sobre Oscar Slater», donde llegaba a las mismas conclusiones de Conan Doyle. Los medios estallaron de nuevo con el caso y se descubrió como la fiscalía había manipulado a los testigos para asegurar la condena Slater.
Finalmente, el 8 de noviembre de 1927, el secretario de Estado de Escocia autorizó la liberación de Oscar Slater, tras estar más de 18 años y medio en prisión. Se le compensó con 7000 dólares de la época, aunque nunca fue oficialmente exculpado.
Como anécdota, es curioso el dato de que Sir. Arthur Conan Doyle, al conseguir la salida de la cárcel de Slater, le reclamó los gastos de su defensa. Sin embargo, éste le respondió que no debería ser él quien pagara la defensa por un crimen que pagó, pero que no cometió.
De esta forma, Sir Arthur Conan Doyle demostró con este caso que sus dotes como detective estaban a la altura de su homólogo literario Sherlock Holmes, pero también que a veces lograr que se haga justicia puede salir muy caro.
Jack el Destripador
Obviamente, los crímenes más famosos de finales del siglo XIX fueron los de Jack el Destripadory Sir Arthur Conan Doyle no tuvo más remedio que implicarse en el caso.
He de confesaros aquí, pero que quede entre nosotros, que mi próximo libro que está ya calentando motores y verá la luz en enero, es precisamente una investigación sobre Jack el Destripador. Os dejo el enlaceal primer video promocional del libro. Ya os daré más detalles en próximos video artículos, pero por ahora baste este apunte para que entendáis que este tema lo conozco en profundidad.
Sir Arthur Conan Doyle junto a sus colegas del Crime Club, siguió los pasos de Jack por las peores calles del East End y, en diciembre de 1892, visitó además las instalaciones del Black Museum de Scotland Yard. Entre sus aportaciones a la investigación destacan su sugerencia de que el asesino podía ser una mujer lo que explicaría así la facilidad para acercarse a sus víctimas y el hecho de que estas no hubieran sido agredidas sexualmente. De hecho, llegó a sugerir que se utilizasen policías vestidos de mujeres para intentar tender una trampa al asesino. También sugirió la utilización del análisis grafológico de las cartas atribuidas al criminal y su publicación para intentar que algún conocido reconociera la letra.
La realidad es que nunca se capturó a Jack el Destripador y que, desde entonces, las teorías sobre su identidad no han hecho más que multiplicarse. Y, entre todas estas teorías, destaca una realmente asombrosa. Y es que el grafólogo español Jesús Delgado, en su obra “Informe policial: La verdadera identidad de Jack el destripador” que el propio Sir Arthur Conan Doyle era el asesino escondido tras la máscara del Destripador.
Tan peregrina afirmación surge en base a un perfil criminal elaborado por Jesús Delgado y a las similitudes entre la letra de una de las cartas del asesino (la misiva encabezada por el famoso «desde el infierno, Mr. Lusk») y la del propio Conan Doyle. Además, hay que recordar que Sir Arthur Conan Doyle era médico de profesión, lo que justificaría los supuestos conocimientos anatómicos del Destripador.
Con todo mi respeto para esta obra, que os recomiendo, de mi propia investigación, que verá la luz muy pronto, se desprende una realidad tras los crímenes diametralmente opuesta a esta teoría. Pero eso ya es otra historia….
Sin embargo, lo interesante es que existe una acusación completamente distinta de la elaborada por Jesús Delgado, en la que Arthur Conan Doyle también es apuntado como un posible asesino.
¿Fue Arthur Conan Doyle un asesino?
Este nuevo misterio alrededor de Doyle surge tras la publicación en agosto de 1901 de una historia titulada«El sabueso de los Baskerville», que fue publicada por entregas en el The Strand Magazine a lo largo de ocho meses (hasta abril de 1902, año en el que apareció publicado en un libro de un solo volumen).
Esta novela acabó por convertirse en uno de los libros más importantes y vendidos de la historia de la literatura de ficción. El problema bien de que no fue una historia originalmente pensada y desarrollada por el propio Arthur Conan Doyle, sino que recibió ayuda externa de un joven periodista y escritor llamado Bertram Fletcher Robinson.
Doyle conoció a Fletcher en 1900 durante un viaje en barco desde Ciudad del Cabo (Sudáfrica) hasta Southampton (Reino Unido). Durante el viaje trabaron amistad y, unos meses después, a inicios de 1901, Bertram Fletcher volvió a contactar con Conan Doyle para hablarle de una historia en la que podría encajar perfectamente el personaje de Sherlock Holmes. Era un relato basado en una leyenda popular que, según decían, había tenido lugar en el condado de Devon y que tenía como protagonista a un fantasmagórico perro.
Doyle aceptó la sugerencia de Fletcher y «El sabueso de los Baskerville» fue publicado. De hecho, inicialmente Fletcher aparecía nombrado en los créditos del libro, aunque en posteriores ediciones su nombre desapareció. Fletcher colaboró con Doyle también como autor de la idea original tras el relato «El constructor de Norwood», publicado en 1903.
Pues bien, el 21 de enero de 1907, Bertram Fletcher falleció repentinamente a los 36 años de edad a consecuencia de una peritonitis. Y es aquí donde surge el misterio, ya que en 2007, cien años después, Rodger Garrick-Steele, un psicólogo jubilado que se había retirado a vivir a la casa donde residió Bertram Fletcher Robinson, presentó una serie de documentos en los que señalaba que Sir Arthur Conan Doyle estuvo detrás de aquella muerte.
Según el señor Garrick-Steele y su obra «La casa de los Baskerville», el creador de Sherlock Holmes habría mantenido una relación sentimental adúltera con Gladys Hill Morris, esposa de Bertram Fletcher Robinson y con la ayuda de esta se le suministró ‘láudano’ (compuesto químico de extracto de opio). Con la muerte de Fletcher, Conan Doyle se aseguraba que en un futuro este no haría pública su autoría sobre la novela «El sabueso de los Baskerville» y otras que habría escrito y que, en los siguientes años, se las atribuiría el célebre escritor británico.
Se llegó incluso a solicitar la exhumación de los restos de Bertram Fletcher Robinson, para realizar los correspondientes análisis en busca de la supuesta sustancia tóxica que acabó con su vida. Sin embargo, el tribunal eclesiástico que debía decidirlo se negó rotundamente, tachando la hipótesis de Garrick-Steele como una mera especulación sin fundamente alguno.
El misterio de los manuscritos originales de Conan Doyle
16 años después de la muerte de Sir Arthur Conan Doyle, aún surgiría un nuevo misterio a su alrededor, digno de una de sus novelas. En 1946, 79 originales del autor desaparecieron de la casa de Conan Doyle en Crowborough, sureste de Inglaterra. La investigación del extraño caso requirió la ayuda de Scotland Yard y del mismísimo FBI.
¿Fue aquella desaparición planeada por el mismo autor, o se trató de una venganza del mayordomo que él despidió por robar algunas de sus pertenencias? La suerte de los 79 originales que desaparecieron de la casa de Conan Doyle en Crowborough, sureste de Inglaterra, fue siempre un misterio para su familia, que solicitó en su momento la ayuda de la policía para localizar tan valiosa literatura.
Denis y Adrian Conan Doyle, hijos del escritor, acudieron a la policía tras descubrir que los manuscritos perdidos habían aparecido en Estados Unidos, en manos de un coleccionista privado, el doctor A. S. Rosenbach, de Nueva York.
Scotland Yard pidió la ayuda del entonces director del FBI, Edgar Hoover. Sin embargo, la investigación del FBI llegó a la conclusión de que Rosenbach había adquirido legalmente los textos en una subasta organizada por la casa Sotheby’s en Londres en 1931, por tan sólo 95 libras (unos 152 dólares). De hecho, según Sotheby’s, las obras llegaron a su poder porque el mismo Colan Doyle las envió por correo antes de su muerte, en 1930.
Sin embargo, los hijos del novelista escocés no aceptaron nunca las conclusiones de la investigación policial y, para ellos, el caso no quedó resuelto.
De hecho, existe otra pista que siguió la policía pero que jamás se pudo comprobar. Y es que, se barajó la posibilidad de que un mayordomo que tuvo Conan Doyle, Charles Roy Harris, hubiera sido el responsable de sustraer los originales. Se da la circunstancia de que Harris fue despedido en 1928 precisamente por robar pertenencias del escritor. El problema es que el mayordomo se fugó y nunca fue encontrado por la policía. En 1935, la orden de busca y captura contra él fue anulada dejando así sin conclusión el último misterio de Sir Arthur Conan Doyle.
Y hasta aquí los misterios de Sir Arthur Conan Doyle. Os dejos con el video de mi canal de youtube y volvemos la semana que viene con más y mejor. No olvidéis comentar, suscribiros y dad a la campanita para que os lleguen las notificaciones. Hasta la semana que viene.
Nos ha dejado Almudena Grandes. Hoy es un mal día para todos los que nos gusta la literatura. Hoy quiero dedicar una palabras a esta escritura cuya grandeza iba mucho más allá de su apellido.
Almudena Grandes fue una madrileña nacida en 1960 que lamentablemente se ha marchado con sólo 61 años. Pronto, demasiado pronto, pero aún así ha dejado tras de sí un legado inolvidable y eterno. Y no hablo sólo de sus grandes obras como Las edades de Lulú con la que obtuvo el Premio La Sonrisa Vertical, en 1989_; o sus Episodios de una guerra interminable, que comenzó a escribir en 2010 y en los que relató la resistencia antifranquista tras la Guerra Civil.
No, no hablo de su obras, que por supuesto ocupan ya, por mérito propio, un lugar de honor en los anaqueles de la historia de la literatura. Hablo de su compromiso, de su continua lucha por defender unos principios y unas ideas, de los que siempre tuvo a gala presumir. Almudena Grandes era una persona sin pelos en la lengua, cuyo ejercicio de la libertad, eso que algunos pregonan y ni si quiera entienden, es una lección para todos.
Hoy hay voces que desde la iniquidad más absoluta, por el mero hecho de no compartir las idas de Almudena Grandes, pretenden ignorarla e incluso insultan su memoria. Allá ellos, que se queden refugiados en su oscura cueva de odio, mientras Almudena se ríe desde la luz de quien de verdad entendió lo que era la verdadera libertad.
Os dejo con algunas de las mejores frases de Almudena Grandes recogidas por el canal de Youtube «Frases de la vida», porque no hay mejor manera que recordar a esta gran escritora que escuchando sus palabras.
Los antihéroes en la literatura es el tema del artículo de esta semana y que os debía desde que hablamos de los héroes literarios. Sin embargo, antes de entrar en harina, dejadme disculparme porque esta semana pasada no haya habido video artículo ni aquí ni en el canal de youtube. La explicación es que se han aliado una serie de catastróficas desdichas que me han impedido llegar a tiempo con el video.
Una de ellas la podéis adivinar por mi tono de voz en el vídeo, aún tomado por la visita del famoso virus que nos tiene a todos acongojados desde hace ya prácticamente dos años. Pero, por si esto no fuera suficiente, simultáneamente mis webs fueron atacadas por simpáticos hackers, más algunas cosas más que no es momento ni lugar de comentar.
También, antes de abordar el tema de hoy, quiero comentaros una nueva iniciativa del canal a la que espero que os apuntéis todos los adictos a la literatura. En esta ocasión, ha llegado el momento de que escribáis vosotros y no yo. Quiero animaros a que me enviéis a mi correo de contacto o a través del formulario de contacto de mi web, un relato de vuestra autoría. El único requisito es que no exceda las 1000 palabras, pero la temática es completamente libre.
Estaré recibiendo estos relatos lo que queda de año. Entre todos escogeré 5 que comentaré en profundidad en uno o más video artículos para celebrar la llegada de 2022. Todos ellos tendrán un premio sorpresa por supuesto. Así que es el momento de quitaros la vergüenza a que otros os lean y abriros a la crítica. Espero vuestros relatos.
Y ahora sí, adentrémonos en la cada vez más importante figura del antihéroe. Pero ¿Cómo definiríamos este tipo de personaje?
Realmente esta palabra “antihéroe” es de uso muy reciente, en literatura se solía hablar en su lugar de “Protagonista antagónico”. Con esta denominación nos estamos refiriendo a un tipo de personaje que, aunque suele ser el protagonista de la narración y realiza actos heroicos, no lo hace con los métodos habituales de un héroe ni movido por intenciones nobles o altruistas. Es decir, se trata de un protagonista desprovisto de las habituales cualidades atribuidas a los héroes como la integridad, una moralidad intachable o incluso la perfección física.
En literatura este tipo de protagonista se hizo muy famoso en la novela picaresca, que surgió en el siglo XVI como crítica y burla de la sociedad.El Quijote deMiguel de Cervantes es un buen ejemplo, como también El Lazarillo de Tormes. Aunque quizá el culmen de este género es Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán. Escrita en 1599, narra las aventuras de su protagonista con afán moralizante y construye uno de los mayores antihéroes literarios en este Guzmán, un personaje de orígenes infames, pícaro y amoral.
A la hora de abordar los tipos de antihéroes existen muchas propuestas de clasificación. Yo os propongo aquí una muy sencilla que os puede servir para vuestros relatos, pero que es totalmente personal. Veamos los tipos de antihéroes:
1. Arrepentido
Suele ser un personaje de pasado oscuro que, ante una situación inesperada, o simplemente por cansancio o hartazgo con su vida vacía, opta por actuar de forma heroica en busca de redención. Este personaje es ideal para construir historias de crecimiento personal, donde el protagonista cambie a la vez que la historia encontrándose a sí mismo.
El personaje de Solomone Kane deRobert E. Howard es un gran ejemplo de este tipo de antihéroes. Con un pasado de asesino y guerrero, arrepentido inicia el camino de la Fe dispuesto a no volver a matar. Algo que le resultará muy complicado.
2. Vengador
Se trata de un personaje que, ante una situación de injusticia contra él mismo o alguien de su entorno, decide emprender el camino de venganza. Lo que le lleva a convertirse en héroe muy a su pesar. Suele ser el protagonista escogido para historias repletas de acción y aventura.
La famosa saga cinematográfica de John Wick es un ejemplo perfecto de antihéroe vengador. En este caso, la furia del protagonista se despierta cuando irrumpen en su casa, roban su antiguo coche (un Mustang del 69) y matan a su perro, que era un regalo de su mujer recién fallecida…
3. Cínico
Suele ser un personaje harto de todo, que se considera a sí mismo sin nada que perder. Aunque actúe de forma desenfadada, suele estar deprimido y completamente decepcionado por el mundo que le rodea. Su falta de miedo le convierte casi sin querer en protagonista de acciones que a la postre resultan heroicas. Este personaje da pie a historias más reflexivas y mordaces, donde el cinismo del protagonista puede aprovecharse para realizar una crítica sobre algún tema que nos interese especialmente.
La reciente serie de Loki de Marvel utiliza este tipo de enfoque, convirtiendo al rey del engaño en un personaje cínico e irreverente que, en el fondo, lucha contra su propia soledad…
4. Pícaro
Es el personaje que hemos comentado antes. Normalmente de origen miserable y criado en la amoralidad, no duda en recurrir a todo tipo de argucias y trucos para conseguir sus fines. Sin embargo, en el fondo, se trata de un personaje de buen corazón, al que es el entorno el que realmente le ha llevado a su forma de actuar. Es un personaje perfecto para la comedia y la sátira y, sobre todo, para construir historias con ánimo moralizante.
Sin volver al siglo XVI, tenemos al personaje de Jack Sparrow, de la saga de Piratas del Caribe, que personaliza de forma perfecta al truhan, pícaro y sinvergüenza que, en el fondo, está bien intencionado.
Más allá de esta clasificación podemos sacar algunas conclusiones sobre una serie de características propias del antihéroe, que es conveniente manjar y combinar con soltura para crear estos personajes con solvencia.
“Tienen un código moral propio”. Aunque un antihéroe no sigue la moral tradicional y puede resultar incluso amoral, debe sin embargo mantenerse fiel a un código de comportamiento propio. El personaje de The Mandalorian, por ejemplo, sigue de forma rigurosa las normas de su clan, a pesar de ser en un principio un simple mercenario.
No respeta la ley. El antihéroe no ve la ley como una barrera infranqueable sino como algo maleable para modificar según sus intereses. Igual puede actuar dentro que fuera de la ley si lo ve necesario. En V de Vendetta de Alan Moore, el protagonista enmascarado no duda en saltarse la ley e incluso convertirse en terrorista para denunciar una sociedad que considera injusta.
Tiene un pasado oscuro. En el fondo todo antihéroe o ha sido un villano con anterioridad o ha estado apunto de serlo. En todo caso, el pasado no es algo de lo que se sienta orgulloso. El personaje deWolverine en losXMenarrastra un pasado de crímenes del que nunca termina de escapar del todo.
Puede ser un personaje asocial con nula capacidad comunicativa, o depresivo y solitario, puede que incluso acomplejado por algún problema físico. Todas estas barreras le convierten en alguien que no cree en la sociedad y que, además, se considera al margen de ésta. La futura película Morbius de Marvel, tiene como protagonista a un doctor desahuciado y con nulas capacidades sociales, obsesionado con la búsqueda de una cura para su enfermedad.
Lógicamente no todo antihéroe reúne todas estas características, sino que suele ser el resultado de una combinación de ellas. Así que lo ideal es combinarlas para crear vuestro antihéroe ideal. Y cómo siempre, para lograr esto, os dejo finalmente cinco consejos que espero que os ayuden a crear vuestros antihéroes.
1. Sorpresa
Es interesante cuando se quiere introducir un antihéroe en una historia, jugar con la sorpresa del lector. Puede funcionar muy bien presentar un supuesto protagonista y que éste ceda su lugar protagónico a un antihéroe escondido en el relato.. Conseguir que no se lo espere el lector debe ser nuestro objetivo.
Por poner un ejemplo donde se consigue este efecto, en Watchmen de Alan Moore, es al final de la historia cuando el personaje más despreciable de todos los protagonistas Rorschach, se revela como el auténtico héroe de moral inquebrantable.
2. Marco moral limitado.
Los antihéroes no siguen las leyes morales habituales, pero, como hemos visto, tienen su propio marco moral. Pues bien, hay que tener mucho cuidado con qué marco moral le ponemos a nuestro antihéroe. Si nos pasamos de manga ancha y lo hacemos demasiado inmoral puede resultar irrecuperable para la historia. Y, lo que es peor, hacer que el lector no se identifique en absoluto con él.
Un personaje que juega en este límite es Deadpool, donde los guionistas hacen maravillas para no traspasar esta línea tan sutil y, aún así, crear un personaje al borde de la total inmoralidad.
3. Ambigüedad
Jugar con la ambigüedad siempre es buena idea y en el caso de los antihéroes es además obligatorio. Si consigues que el lector se plantee sus propios valores morales en algún momento, tienes el éxito asegurado.
Por ejemplo, en la famosa serieLa casa de papel, los televidentes llegan a identificarse con los ladrones como los héroes y la policía como los villanos, haciendo que sus robos se vean como un acto de rebeldía contra un sistema corrupto.
4. Motivación
Abundando en lo anterior, el mejor método para conseguir esa ambigüedad moral en tu antihéroe es motivarlo de manera profunda. Sus razones para actuar, por fuera de las normas sociales habituales que estén, deben ser comprensibles para el lector. Hay que conseguir que éste se identifique con las motivaciones de nuestro antihéroe.
En la serie The Boysla violencia de los protagonistas se justifica ante la completa brutalidad y desprecio con la que actúan los supuestos héroes oficiales.
5. Evolución
Como siempre la creación de personajes lineales o planos es un error y en un antihéroe aún más. Este tipo de personajes deben dudar, cambiar de opinión y en definitiva emprender su propio camino de evolución a lo largo de la historia, en el que encontrarse consigo mismos como héroes.
En la fantástica serie Killing Eve, la relación entre la asesina en serie y su perseguidora va pasando por distintas fases lo que enriquece enormemente un relato.
Y hasta aquí al video artículo de hoy. Volveremos con más temas heroicos que aún nos quedan por abordad como “el camino del héroe”, así que continuará…
Como siempre, espero vuestros comentarios y, como os comenté al inicio del artículo, mandadme vuestros relatos de no más de 1000 palabras de aquí a fin de año. Prometo comenzar el 2022 comentado los cinco que más me hayan gustado, que, además, tendrán premio seguro.
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Los misterios de Agatha Christie. Bienvenidos adictos a la literatura a una nueva entrega de Misterios de la Literatura. Esta semana os traigo un enigma real, que unió ficción y realidad, alrededor de la dama del misterio: Agatha Christie. Hoy vamos a hablar de la extraña desaparición de esta inolvidable escritora, que trajo de cabeza a la sociedad británica durante más de once días. Y al final del video os hablaré de otro misterio mucho más desconocido de la escritora que seguro que no conocéis.
Debo confesaros que para mi Agatha Christie fue y sigue siendo una de mis autoras favoritas en el campo del thriller, donde la considero la gran maestra del siglo XX. Por eso sumergirme es su biografía y misterio me emociona esta semana especialmente.
Puede que los lectores más jóvenes penséis que no es una autora tan importante en la actualidad, ya que sus obras no son las más difundidas en los medios últimamente. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Para que os hagáis una idea de su enorme repercusión internacional basta saber que El Libro Guinness de los Récords calificó a Christie como la novelista que más obras ha vendido de todos los tiempos. Se le calculan unas ventas de dos mil millones de copias de sus obras, solo por detrás de las obras de William Shakespeare y la Biblia. También se la considera una de las autoras individuales más traducidas de todos los tiempos con traducciones al menos a 103 idiomas. Su obra El asesinato de Roger Ackroyd fue elegida, en 2013, como la mejor novela de crimen de todos los tiempos por 600 miembros de la Asociación de Escritores de Crimen. No es de extrañar que se concediese el título de Dama comendadora de la Orden del Imperio Británico por la reina Isabel II.
Pero ¿quién era realmente Agatha Christie y qué misterio envuelve su vida?
Agatha Mary Clarissa Miller (conocida universalmente por su pseudónimo Agatha Christie) nació el 15 de septiembre de 1890 en el seno de una familia de clase media alta en Torquay, Devon, al sudoeste de Inglaterra. Su madre fue Clara Boehmer, originaria de Belfast y su padre Frederick Alvah Miller, un agente de bolsa estadounidense bien posicionado. Tuvo dos hermanos, Margaret y Monty, bastante mayores que ella.
Agatha Christie tuvo una infancia feliz y acomodada. Recibía clases particulares en su propia casa y su familia incluso realizaba frecuentes viajes al sur de Europa en vacaciones. La pequeña Agatha demostró pronto sus excepcionales capacidades cuando fue capaz de aprender a leer a la edad de cuatro años a pesar de que su madre creía que no debía hacerlo hasta los ocho. También aprendió música siendo capaz de tocar la guitarra y la mandolina.
Sus primeros contactos con el mundo del misterio provienen de las creencias esotéricas de su propia familia. Aunque eran de tradición cristiana, esto no impedía que ella y sus hermanos se criasen en la creencia de su madre Clara era una psíquica con percepciones extrasensoriales.
Agatha fue desde pequeña una lectora voraz que consumía con rapidez libros infantiles de aventuras y misterio. Pronto pasó a leer también versos surrealistas de autores comoEdward Lear yLewis Carroll.
Su padre murió en noviembre de 1901 a la edad de 55 años, lo que puso en serio peligro la economía familiar. Aquello, como ella misma reconoció, marcó el final de la infancia de Agatha Christie. Con sólo once años comenzó a recibir una educación formal en la Escuela de Niñas de la Señorita Guyer en Torquay, siendo trasladada en 1905, a París, donde estudió en tres insituciones; Mademoiselle Cabernet, Les Marroniers y la de la señorita Dryden.
En esta época estudió piano y canto con la intención de convertirse en cantante profesional. Desafortunadamente para ella y afortunadamente para nosotros, ya que ganamos una gran escritora, esta vocación demostró tener poco recorrido y en 1910, tras descubrir que su madre estaba enferma, se trasladó junto a ella a El Cairo, en busca de un clima benigno. Fue allí, durante los tres meses en que se alojó en el Gezirah Palace Hotel, donde visitó monumentos egipcios antiguos como la Gran Pirámide de Giza, plantándose la semilla de su amor por la arqueología que marcaría posteriormente toda su obra.
Tras su regreso a Gran Bretaña se despertaría de forma definitiva su vocación literaria comenzando a escribir sus primeras obras. Al principio eran cuentos e historias cortas con tintes esotéricos que tuvieron poca o nula repercusión. De hecho, tuvo tantos problemas para publicar que en un principio pensó que la escritura no sería su futuro profesional.
En 1914 se casó con el piloto de aviación Archibald Christie (del que tomaría el apellido para su famoso pseudónimo). Tras el estallido de la Primera Guerra Mundial ambos colaboraron en la guerra, Archibald como piloto en Francia, y Agatha atendiendo a heridos como voluntaria en el hospital de Torquay. En su desempeño como enfermera, profesión a la que definió como “uno de los trabajos más gratificantes que cualquiera pueda tener”, adquirió importantes conocimientos en medicina y farmacología que utilizaría posteriormente en sus obras.
Tras el final de la guerra los Christie se instalaron en un departamento en el número 5 de Northwick Terrace al noroeste de Londres. Allí Agatha Christie se aficionó a los relatos detectivescos, especialmente después de leer La dama de blanco y La piedra lunar de Wilkie Collins, así como las primeras historias de Sherlock Holmes de SirArthur Conan Doyle. Tras esto, crearía su inolvidable personaje detective Hércules Poirot, en su primera novela policíaca, El misterioso caso de Styles. Lo describía como un exoficial de la policía belga que se había refugiado en Gran Bretaña después de la invasión alemana en Bélgica, conocido por sus «magníficos bigotes» y su cabeza en forma de huevo.
Aunque en un principio no tuvo una gran acogida, lo cierto es que con el tiempo se convertiría en uno de los personajes más inolvidables de la literatura de todos los tiempos.
En 1926 con Agatha Christie en la cima de su carrera se produjo el episodio más extraño de su carrera, del que hablaremos hoy en profundidad. Tras una discusión con su marido, en la que éste le confesó su infidelidad con otra mujer, Nancy Neele, por la que le solicitaba el divorcio, Agatha Christie protagonizó una de las desapariciones más extrañas de la historia. ¿Qué ocurrió realmente? Te lo contaré al final del artículo así que paciencia.
Los Christie se divorciaron en 1928, Archie se casó al poco tiempo con Nancy Neele y Agatha recibió la custodia de su hija Rosalind.
En 1930 Agatha Christie, tras un breve noviazgo, se casó con con el arqueólogo Max Mallowan, a quien acompañó en todos sus viajes a Irak y Siria, aficionándose con el de forma definitiva a la arqueología. Sus múltiples viajes con Mallowan tuvieron una importante influencia sobre varias de sus novelas ambientadas en el Medio Oriente. También daría lugar en esta época a otros de sus grandes personajes, la inolvidable Miss Marple, una solterona chismosa que extrae de lo observado en su pueblo natal.
Lamentablemente, Agatha Chritie tuvo que vivir también, junto a su nuevo marido, la Segunda Guerra Mundial. Como hiciese en la anterior, volvió a colaborar, trabajando en El Cairo, Christie, en la farmacia del University College de Londres, donde adquirió aún más conocimientos sobre los venenos, que le sirvieron de nuevo para sus siguientes novelas.
Tras la guerra, Agatha se volcó en su actividad como autora teatral, con obras como La ratonera o Testigo de cargo. La primera, estrenada en 1952, se representó en Londres ininterrumpidamente durante más de veinticinco años; la segunda fue llevada al cine en 1957 en una magnífica versión dirigida por Billy Wilder.
A partir de los años 70, la salud de Agatha Christie se deterioró considerablemente, aunque continuó trabajando. Algunos investigadores canadienses manifestaron su opinión de que Christie pudo haber padecido mal de Alzheimer o demencia senil en sus últimos años. Falleció de causas naturales el 12 de enero de 1976 a los 85 años, en su residencia Winterbrook House de Wallingford, Oxfordshire. Como una curiosa casualidad, de esas que no dejan de ser realmente extrañas, se da la circunstancia de que la única hija de Christie, Rosalind Margaret Hicks, murió el 28 de octubre de 2004 a la misma edad y de las mismas causas que su madre.
Y ahora sí, llega el momento de abordar el misterio de la desaparición de Agatha Christie cuando en 1926, Agatha Christie desapareció de su casa durante 11 días, provocando una conmoción total en el Reino Unido y una de las búsquedas de desaparecidos más grandes que había visto jamás aquel país.
Todo sucedió el 3 de diciembre de 1926. Tras discutir con su marido en aquel momento, Archibald Christie, a eso de las 21:45, Agatha salió de su casa de Berkshire a bordo de su coche, un Morris Crowley, después de indicarle a su secretaria que se dirigía a Yorkshire a pasar la noche. Unas horas más tarde su vehículo apareció abandonado en Newlands Corner, muy cerca de un lago, con restos de sangre en su interior, el abrigo y el carnet de conducir de la escritora. Sin embargo, no había el menor rastro de ella.
La noticia llegó inmediatamente a los periódicos, donde sus seguidores comenzaron a bombardear las redacciones con cientos de cartas exigiendo saber su paradero. Se llegó incluso a ofrecer 100 libras (en la época una fortuna) por cualquier información sobre su paradero. Incluso, el ministro de Interior británico llegó a presionar a Scotland Yard para que intensificase la búsqueda, debido a la presión pública.
Durante 11 días se llevó a cabo una operación policial sin precedentes en Gran Bretaña. Mil agentes de policía, más de 15.000 voluntarios organizados, varios aviones y una cantidad indeterminada de espontáneos se sumaron a la búsqueda infructuosa de Agatha Christie. Sin embargo, la búsqueda no dio ningún resultado. El propio Sir Arthur Conan Doyle, el padre de Sherlock Holmes, aficionado a la parapsicología, usó un guante de Agatha Christie para entregárselo a una medium en busca de alguna pista. Sin embargo, nada dio resultado, Agatha Christie se había esfumado sin dejar rastro alguno.
La sorpresa surgió el 14 de diciembre de 1926 cuando una paciente registrada como Nancy Neele, del Swan Hydropathic Hotel en Harrogate, relativamente cerca del lugar en el que había dejado el coche Agatha Christie, fue identificada como la escritora. Sin embargo, ésta no sabía quién era ni por qué estaba allí y tampoco fue capaz de reconocer a su marido cuando este llegó a su encuentro. Tras varias semanas de tratamiento, Agatha Christie recuperó la memoria, aunque nunca pudo explicar qué había ocurrido en aquello misteriosos 11 días.
Una primera explicación fue que había sufrido lo que llaman un episodio de fuga psicogénica, una especie de crisis nerviosa, ocasionada por su propensión a la depresión agravada por la muerte de su madre a principios de año y las infidelidades de su marido. De acuerdo a esta hipótesis, Agatha Christie podría haber estado tan desorientada que incluso habría sido incapaz de reconocerse a sí misma en los periódicos. Esta explicación no convenció mucho a la opinión pública de la época que lo achacó todo a un truco publicitario de la escritora. Aunque realmente, esto parece bastante absurdo ya que, si algo no necesitaba Agatha Christie, debido a su fama, era publicidad. De hecho, lo ocurrido no fue precisamente positivo para su carrera.
Sin embargo, no hace mucho surgió una nueva teoría de uno de los biógrafos más conocidos de la escritora, Andrew Wilson.
Según éste, Agatha Christie estaba deprimida tras descubrir la infidelidad de su marido y que éste pretendía divorciarse. De hecho, su marido pretendía irse el mismo fin de semana de su desaparición con Nancy Neele, su amante. Esto llevó a Agatha Christie a tomar la decisión de suicidarse. De acuerdo a la versión de Wilson, subida en su Morris Crowley comenzó a recorrer carreteras rurales inglesas sin un rumbo correcto, hasta que vio un árbol que le parecía adecuado para sus fines. Con un escalofrió de determinación, apretó el acelerador y sujetó con fuerza el volante, dispuesta a estrellarse y acabar con su vida… pero en el último segundo se arrepintió. El Morris se salió de la calzada con un zigzagueo, apenas rozando el árbol lo suficiente como para dejar unas marcas en la carrocería, hasta detenerse en la zanja donde más tarde apareció.
Agatha Christie resultó magullada, aunque no herida de gravedad. Desorientada y confusa sin saber qué hacer, debió caminar durante horas en medio de la noche helada, hasta tomar la decisión de desaparecer por un tiempo hasta que se aclarasen sus ideas. En una muestra de ironía decidió inscribirse en el hotel donde fue encontrada como Nancy Neele, precisamente el nombre de la amante de su marido.
Tras 11 días escondida del huracán mediático, uno de los empleados la reconoció y avisó a la policía. Agatha Christie inventó entonces su supuesta amnesia ante la incómoda situación, para no tener que confesar sus problemas conyugales.
Existe, no obstante, otra teoría, que choca con la de Wilson, y que parece más cercana a una de las novelas de la propia autora. En esta ocasión el motivo detrás de la desaparición de la autora sería conseguir que su marido fuese acusado de asesinato. De esta manera Agatha Christie impedía que el futuro matrimonio de su marido con Nancy Neele pusiese en peligro, no sólo su fortuna personal, sino la custodia de su propia hija. También se suele añade al cocktail el problema que suponía la gestión de los derechos de autor que en ese momento ya generaba la marca Agatha Christie, y que le corresponderían a él como administrador legal de la menor en caso de que la escritora desapareciera. Una teoría un tanto rebuscada pero que la verdad es que sería un excelente guion para una de las novelas de la autora.
Y, como os prometí al inicio del este video artículo, como colofón os traigo un nuevo misterio de Agatha Christie que seguro os asombra ¿sabías que la escritora fue investigada por el MI5 por miedo a que revelases secretos de estado?
Pues sí, el problema fue debido a una novela titulada “N o M”. En ella, el dúo de detectives Tommy y Tuppence, el matrimonio Thomas y Prudence Beresford, se dedicaban a rastrear a espías alemanes en Gran Bretaña. El problema es que en la historia estos detectives conocían a un tal Mayor Bletchley, un viejo oficial del Ejército indio que quería saber todo lo que realmente estaba sucediendo en la guerra.
Lo que preocupó al servicio secreto ingles fue que precisamente un equipo de trabajo en Bletchley Park había quebrado el código alemán de la máquina Enigmay gracias a eso los oficiales británicos sabían lo que planeaban los alemanes. A esto se sumaba que Agatha Christie era amiga cercana de Alfred Dilwyn “Dilly” Knox, un experto británico en ruptura de códigos.
La conclusión parecía clara Agatha Christie podía estar al tanto del secreto mejor guardado de la Segunda Guerra Mundial. Un secreto que era vital que no saliese a la luz para que los alemanes siguieran creyendo que el código Enigma era totalmente irrompible.
Aunque Knox aseguró al MI5 tras ser interrogado que no había revelado nada a la escritora, éste fue presionado para que la interrogara en secreto. Para conseguirlo la invitó a su cabaña en Courn’s Wood, evitando que la propia Agatha Christie o la opinión pública pudiese montar un escándalo al enterarse de que la policía sospechaba de ella.
Fingiendo una conversación trivial mientras tomaban el té, Knox le preguntó por qué había elegido nombrar al personaje de su novela con el nombre de Mayor Bletchley. Ella respondió: «¿Bletchley? Querido, un día quedé atrapada en ese lugar mientras viajaba en tren desde Oxford a Londres y se me ocurrió ponerle ese nombre a uno de mis personajes».
Al parecer todo se había debido a una de esas extrañas casualidades que suelen perseguir a los escritores.
Y hanta aquí el misterio literario de esta semana. Como siempre os digo comentad y participad aquí o siguiéndome en mis redes sociales. Y, ya sabéis suscribiros y dad a la campanita para que os lleguen las notificaciones. Os dejo con el correspondiente video artículo en el canal de youtube.