Cabecera Jack el destripador

Categoría: Opinión Página 18 de 21

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Libertad de expresión secuestrada

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Esta semana conocíamos una nueva sentencia que condenaba, en esta ocasión, al rapero Josep Miguel Arenas, conocido como Valtónyc, a tres años y medio de prisión por los delitos de enaltecimiento del terrorismo, injurias a la Corona y amenazas, por una de sus canciones.  Esta sentencia se une a otras similares, como la que condenaba a César Strawberry, cantante de Def con Dos, a un año de cárcel por unos comentarios en Twitter, la imputación de los raperos granadinos Ayax y Prok, por un video en Youtube, o la condena a dos años de cárcel, del también rapero José Mata, por una de sus canciones subida a Youtube.

Sin querer entrar o no a valorar la calidad moral, oportunidad de las declaraciones de estos cantantes, o su ideología, la prisión de privación de libertad es lo suficientemente grave como para que deba ser reservada para delitos de especial importancia. Esta misma semana hemos visto como se permitía la libertada provisional de Iñaki Urdangarín sin fianza, condenado ya en firme a seis años de cárcel, porque se ha valorado la gravedad de la privación de libertar por encima del riesgo de fuga.

Cuando en un sistema democrático, la libre expresión de las ideas, sean estas las que sean, puede significar la perdida de libertad, este sistema deja de ser realmente democrático y se convierte en algo muy diferente: un sistema autoritario donde se pena la disidencia. Esto no significa, en ningún caso, que un sistema democrático no persiga la apología o defensa de la violencia, pero debe hacerlo mediante sanciones que no impliquen la pérdida de libertad.

Delitos como “injurias a la corona” no pueden ni deben tener cabida en nuestra legislación, ya que nuestra constitución establece claramente que todos los ciudadanos debemos ser iguales ante la ley., Considerar que una ofensa o injuria contra los miembros de la realeza es más grave que una ofensa a un ciudadano cualquiera es simple y llanamente vulnerar la Constitución. Además, si consideramos que lo que se ofende es la institución y que ésta debe ser especialmente protegida por su importancia, ¿no sería adecuado que las ofensas de la propia Casa Real a los ciudadanos fuesen también especialmente penadas? ¿Deberíamos pues pedir que la pena de Iñaki Urdangarín y la Infanta fuese multiplicada ya que al ser miembros de la familia real su delito es especialmente gravoso para el Estado y, por tanto, para todos los ciudadanos?

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La peor palabra del mundo: buenismo

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Hoy quiero hablaros de un término que ha ido ganando popularidad y que amenaza con terminar asentándose, para desgracia nuestra, en el imaginario colectivo. Se trata del mal llamado “buenismo”.

Si acudimos a  la RAE veremos que dicho vocablo ni siquiera existe, a pesar de que la Wikipedia le dedique todo un artículo en el que le adjudica la siguiente definición:

Buenismo es un término acuñado para designar determinados esquemas de pensamiento y actuación social y política (como el multiculturalismo y la corrección política) que, de forma bienintencionada pero ingenua, y basados en un mero sentimentalismo carente de autocrítica hacia los resultados reales, demuestran conductas basada en la creencia de que todos los problemas pueden resolverse a través del diálogo, la solidaridad y la tolerancia”

Atendiendo a esta peculiar definición, el “buenismo” es una manera de descalificar la actuación de las personas que aspiran a solucionar los conflictos en base al diálogo, la solidaridad y la tolerancia. De hecho, de la definición se desprende con claridad que, para su autor, solo los resultados de una acción cuentan y no los métodos, ya que descalifica un método bueno en base a la carencia de “autocrítica en los resultados reales”.

Nos encontramos, pues, ante una aberración lingüística que pretende dar un matiz despectivo a lo que es, ni más ni menos, que la bondad. Una, simple y llana, tergiversación ideológica del lenguaje que pretende utilizar éste, una vez más, como arma manipuladora de la verdad, en busca de introducir en nuestro subconsciente una idea política determinada, en este caso que “el fin justifica los medios”.

La realidad es que, matizar con un sufijo “ismo” la palabra bueno, ya sea en su acepción como adjetivo o adverbio, no tiene sentido ya que es una palabra que, por definición, indica siempre lo positivo en contraposición a “malo” que indica siempre lo negativo.  Nuestro leguaje es lo suficientemente rico como para no necesitar de “atajos” en el lenguaje, por lo que términos como “buenismo” deben ser rechazados con contundencia.

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La manipulación del lenguaje: la era de la posverdad

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Hoy, quiero hablaros brevemente sobre un tema que me preocupa sobremanera: la manipulación del lenguaje: la era de la posverdad.

El lenguaje no es, como solemos creer, un sistema para expresar nuestros pensamientos, sino que en realidad, sirve para moldear nuestros pensamientos. Esto, que puede sonar un poco fuerte, es una verdad conocida por mucha gente, que no duda en aprovechar su poder para manipular nuestra forma de entender el mundo.

author-1320965_1280Últimamente habréis oído utilizar con asiduidad el término posverdad”. Este vocablo cuyo significado “denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la información pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”, es en si mismo una manipulación de la realidad. Se nos intenta vender que estamos en una “Era de posverdad”, donde las emociones van más allá de la verdad misma (el prefijo “post” denota aquí, no posterioridad temporal sino  algo que supera y va más allá). En realidad, es una manera de vendernos como un tipo de verdad lo que es, simple y llanamente, la mentira. Vivimos, pues, no en la era de la posverdad, sino en la era de la mentira y la manipulación.

Estas manipulaciones del lenguaje son habituales en los medios de comunicación y su finalidad es modificar nuestra manera de percibir el mundo que nos rodea. Podemos poner algunos ejemplos de usos prostituidos del lenguaje, mediante la utilización de eufemismo,  como:

– “Desplazados” por “Refugiados del guerra”

– “Radicales” por “extremistas”

– Populistas de derechas por “fascistas” o “neonazis”

– “Daños colaterales” por “víctimas civiles”

Y un largo etcétera que sería interminable de enumerar.

Por último, me gustaría recordar aquí la “neolengua” de la novela 1984 de George Orwell, que nos advertía que la manipulación creciente del lenguaje es una herramienta que imprescindible para instaurar totalitarismos. Advertencia que debemos tener muy en cuenta en los tiempo que nos toca vivir.

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Aborto sí, aborto no: Todo un manual de cómo manipular un debate.

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bebe2-410x411Aborto sí, aborto no. En estos días se está viviendo una batalla, con aire caduco y cierta sensación de Deja Vú, sobre La Modificación de la Ley del Aborto en España.  La modificación de la Ley, que de momento no es más que un borrador propuesto por un comité de expertos, ha servido de excusa para que la derecha, con la Iglesia a la cabeza, como no podía ser de otra manera, reedite un debate ya amortizado en la sociedad española sobre el aborto. Nuevamente nos encontramos con abanderados “Pro Vida”, que esgrimen fotografías gore de fetos desmembrados y equiparan el aborto al exterminio de seres humanos (les gusta mucho compararlo con el nazismo especialmente). El debate se convierte así, en tertulias y periódicos, en una toma de postura a favor o en contra del aborto, manipulando el verdadero debate subyacente, enterrado hasta el olvido entre banderas y soflamas eclesiales.

El verdadero debate no se produce entre gentes partidarias de abortar y gentes contrarias a abortar, como se suele dar a entender. Lo cierto es que no existe nadie, salvo alguna mente pervertida, que de todo hay en esta bola de barro, que crea que abortar es algo bueno y esté deseando hacerlo. El aborto es un hecho traumático y una decisión dolorosa, que suele marcar la vida de las mujeres que se ven obligadas a tomarla.  Entonces, si todos estamos en contra del aborto, ¿cuál es el verdadero debate? La respuesta es que el verdadero conflicto se plantea entre quienes quieren que abortar esté penalizado (que sea ilegal) y quienes quieren que esté despenalizado (que sea legal) en algunos supuestos.

Una vez centrado el debate, podemos ya estudiar cada postura y ver sus consecuencias prácticas con claridad, ya que ambas situaciones se dan en la realidad en diversos lugares del globo.

– Aborto Penalizado: En los países en que el aborto está penalizado, éste no ha desaparecido, sino que sigue practicándose de forma clandestina. Las clases acomodadas realizan viajes a países donde está despenalizado para llevarlos a cabo y las clases menos pudientes se ven obligadas a acudir a clínicas ilegales, en el mejor de lo casos, o a abortistas clandestinos, con el resultado de que numerosos abortos terminan en ingresos hospitalarios con grave riesgo para la vida de la madre. Estas mujeres no sólo sufren un aborto traumático y con grave riesgo para su vida, sino que, además, deben enfrentarse a penas de cárcel.

¿Defender esto es una opción Pro Vida?

– Aborto Despenalizado: El aborto se realiza, en una serie de supuestos, con atención médica profesional, desapareciendo el abortismo clandestino y el riesgo para la vida de las mujeres. La decisión de abortar queda en manos de la propia conciencia de la mujer y ésta no es encarcelada en caso de decidirse a realizarlo. aborto_si-no_te_moris

Tomar partido a favor o en contra del aborto es en realidad elegir entre estos dos escenarios. Los debates sobre si el feto es o no un ser vivo desde el momento de su concepción, son en realidad debates baldíos sin solución posible, ya que el único juez capaz de determinar algo así, no es la ciencia ni la religión, sino la conciencia de cada cual. La ley existe para regular la convivencia de la mejor manera posible y no para administrar una moral determinada, que es algo que atañe al propio individuo.

El Estado debe garantizar la libertad de elección de la mujer, facilitándole todas la información y opciones posibles (educación sexual, políticas familiares, adopciones, etc…) para no tener que recurrir al aborto. Pero, si al final decide hacerlo, es labor de todos respetar, apoyar y facilitar los medios para que esa dura decisión se realice en las mejores condiciones posibles. Esto es tener una auténtica postura Pro Vida y Pro Libertad.

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La Novela y los elementos que la componen

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Ha llegado el momento de abordar la novela y los elementos que la componen. Dentro de la narrativa existen dos grandes géneros: el Cuento (relatos de corta extensión) y la Novela (relatos de larga extensión). Vamos a iniciar una serie de artículos donde abordaremos las características principales de ambos géneros. Hoy empezaremos con la novela, abordando cada uno de los elementos principales que la componen.

Ante todo, deberíamos definir qué se entiende por una novela para comprender mejor sus elementos. Suele definirse a la novela como un relato en prosa que sucede a unos personajes, enmarcado en una época y ambiente determinados. De esta definición es fácil extraer los elementos principales que componen toda novela:

2008-X-Max-125-action-01_tcm44-2064341. Acción: Se entiende por acción la serie de sucesos que se desarrollan durante el relato. La acción suele construirse mediante la narración de un conflicto que se plantea, alcanza su punto crítico y finalmente se resuelve, a lo largo del relato. La manera de conseguir dotar a una novela de una acción adecuada es cuidar el ritmo (la velocidad y cadencia con que suceden los hechos) y la coherencia (adecuación de los elementos de la acción evitando contradicciones en la trama).

0000010902. Caracteres: Son los personajes que participan de los sucesos narrados. Suele hablarse de la caracterización de los personajes, refiriéndose a la capacidad del escritor de realizar una adecuada descripción física y emocional de éstos durante la narración. Una buena caracterización, capaz de dotar de vida propia a los personajes de una novela, es un punto fundamental a cuidar para dotar de realismo y de empatía con el lector a la novela.

3. Marco Escénico: El marco escénico se refiere al ambiente físico y temporal en que se desarrolla la acción. En este apartado, cobran especial importancia el lenguaje descriptivo, que debe ser capaz de transportar la mente del lector al marco escénico de la novela, sin importar lo ajeno, disparatado o extraño que pueda resultar.

Una conjunción adecuada de estos tres elementos son garantía de una buena realización técnica literaria, aunque para alcanzar el grado de obra de arte se requiere de algo más, algo indefinible que escapa de toda clasificación. En posteriores artículos iremos profundizando en cada uno de estos elementos con la intención de ofrecer una panorámica completa del rico género literario de la novela.

Si os ha gustado el artículo no os perdáis los 10 consejos para escribir vueatro propio libro que nadie os ha contado antes.

Publicado originalmente en Espaciolibros

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