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Ken Follet: Los pilares de la Tierra y Mundo sin Fin

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Tras el éxito de Un Mundo sin Fin, es el momento de volver la mirada hacia el libro que dio origen a este gran éxito editorial, que no es otro que Los pilares de la Tierra.

File_200842102159Los pilares de la Tierra es una novela escrita por Ken Follet, un autor galés que nos tenía acostumbrados a complicados thrillers políticos hasta que sorprendió a propios y extraños con esta obra en la que, al parecer, llevaba varios años trabajando. Se trata de una novela medieval ambientada en el siglo XII en Inglaterra, durante el periodo de guerra civil conocido como Anarquía inglesa.

Fue publicada en 1989 y, a pesar de sus más de 1300 páginas, se convirtió de inmediato en el mayor bestseller de Follet. El libro describe la vida de diversos personajes de distinta posición y origen, cuyas vidas se entrecruzan en una intrincada trama, que gira en torno a la construcción de la catedral de Kingsbridge.Lo más destacado de la novela es la recreación que hace tanto de la época como de los personajes, consiguiendo un realismo y profundidad estremecedora.

La extrema pobreza, la ignorancia o la superstición, son descritas con gran maestría. Las intrigas políticas y religiosas, tratadas con la dureza y despotismo que se merecen, completan una de las mejores descripciones de la Edad Media que se recuerdan en literatura.

un-mundo-sin-finAlgunos críticos has despreciado la novela por su estilo poco depurado en comparación con obras como El péndulo de Faucault de Humberto Eco. Estas críticas son en muchos casos el resultado del desprecio ciego que en algunos círculos literarios tienen todas las obras que lleven con ellas el adjetivo de bestseller, como si tal cosa fuese un estigma que tan sólo pudiesen acarrear obras de poca calidad. Lo cierto es que, aunque Follet no sea un erudito como Humberto Eco, ni tenga su capacidad para manejar el lenguaje de forma tan barroca y preciosista, ha conseguido plasmar la mejor obra de literatura de la Edad Media.

El año pasado, Follet presentó la continuación en una nueva novela Un Mundo sin Fin, que se ha convertido en otro bestseller de inmediato. En este caso, aunque la novela tiene características similares a su predecesora, el éxito no se ha debido tanto a la obra en sí misma como a la enorme campaña publicitaria erigida a su alrededor.

En todo caso, estamos ante las dos mejores obras de este autor y dos novelas que merece la pena tener en nuestra biblioteca de favoritos.

Publicado originalmente en: Espacio Libros

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Cuentos Solidarios: Los Gestos del Suicida

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CARACTERÍSTICAS

Título: Cuentos Solidarios 2008: Los Gestos del Suicida
Autor: Juan Carlos Boíza López
Encuadernación: Pasta Blanda
Interior: B/N
Nº de páginas: 236
Tamaño: A5 (150 mm x 210 mm)

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“Los Gestos del Suicida”, es el primer volumen de Cuentos Solidarios. Una colección de relatos cortos, en la que se reúnen distintos autores para contribuir de forma altruista y solidaria con distintas ONG`s, con la intención de hacer de este mundo un lugar mejor donde vivir.

En este volumen, se han reunido dieciséis autores que nos regalan veinticuatro de sus relatos, para intentar ofrecer una particular y personal definición de lo que es el amor. Los Cuentos Solidarios se venden a precios de impresión sin reportar beneficio alguno a sus autores y se pueden descargar de forma completamente gratuita en Bubok.com. Los autores tan solo piden que, si os gustan las obras, colaboréis en alguna acción solidaria de vuestra propia elección con alguna pequeña aportación.

Los autores que han colaborado en este volumen han sido:

Anca Balaj – Andrea López de León – Diego Jurado Lara – Eduardo Martos Gómez – Federico Laurenzana – Florencia Moragas – Francesca Verd – Josué Ramos – Juan Carlos Boíza López – María Martínez – Marta Lilián Molano – Óscar Álvarez – Ricardo Miranda – Rocío de Juan – Rudy Spillman – Yolanda Escribá

Y los relatos incluidos llevan los títulos:

Papá se ha enfadado… – El Tropiezo – Champán Cristal – La insatisfacción insufrible – Bajo una roca profunda – La montaña – Sensación imperfecta – Caverna de abstractos – Amor a la carta – En el Calidoscopio – Asimo – La oscuridad – La bestia –Rescate – Tres flores blancas en el muladar – Colosó – Pushkin mirando la Luna – Nosotros – Aperitivo con la princesa – El halcón y la paloma – Un sueño de vida – Ciudadano herido – El campesino y el maestro – Don Pereza.

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EL VISITANTE (7ª PARTE): La Conclusión – Juan Carlos Boíza López

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 EL VISITANTE (7ª PARTE)

No sabría decir exactamente por qué, pero había algo en el tono de su voz cuando relataba su historia que me inquietaba profundamente. El leve temblor de sus manos y su mirada perdida en un terrible recuerdo que se negaba a abandonar su memoria, me parecían prueba suficiente de que aquel hombre, en apariencia mentalmente trastornado, era en realidad una persona afectada por un terrible sufrimiento, por un temor que contraía su mente y su alma.

Aunque se recuperó físicamente con gran rapidez, su mente se había vuelto frágil como el cristal. A penas era capaz de mantener una leve conversación coherente sin empezar a divagar y a proferir interminables frases sin sentido, repletas de nombres de dioses desconocidos y amenazadores. Cthulhu, Hastur, Azathoth, Yog-Shotot, Shub-Niggurath, Nyarlathothep y otros nombres, que soy incapaz de recordar, poblaban una jerigonza febril repleta de frases apocalípticas y amenazadoras. Una noche acudí a su habitación y lo encontré mirando por la ventana hacia la oscuridad de la noche. Sus ojos brillaban como si acabase de llorar. Me miró fijamente y sonrió con amargura mientras susurraba “Ya viene a por mí”.

Sentí un escalofrío recorrer mi columna vertebral y, sin saber muy bien por qué, me precipité hacia la ventana mirando con ansiedad al exterior. Fuera había una noche perfecta, la luna brillaba en su plenitud iluminando con su pálida luz los bosques. No había nada amenazador y por un momento me sentí estúpido. Me volví hacia Wortingthon, que se había recostado en su cama con la mirada fija en la ventana ignorando por completo mi presencia. Cuando le vi allí quieto pensé que, quizá, después de todo, mis impresiones fuesen incorrectas y que, al final, tan sólo fuese un pobre diablo que había perdido la mente, refugiándose en extrañas alucinaciones. Abandoné la habitación dejándole con su mirada perdida en la profundidad de la noche. Ahora sé que nunca podré olvidar aquella mirada.

A la mañana siguiente Wortingthon no estaba en su habitación. En su cama aún podía verse la huella que había dejado su cuerpo, aún en la misma posición que yo le dejase. Casi como si se hubiese evaporado en el aire. De inmediato se organizó una partida de búsqueda por el bosque. Hombres y mujeres del pueblo, junto con la mayoría del personal de hospital exploraron las montañas en busca de su rastro, pero yo no fui con ellos. Cuando vi la habitación mi mundo cambio por completo. Aunque para los demás pasó desapercibido, quizá porque sus sentidos se negaban a comprender la verdad, yo vi inmediatamente las extrañas huellas que bajaban por la ventana hasta llegar a la cama. Huellas alargadas, como si una extraña humedad hubiese resbalado por el marco y reptado hasta los pies del lecho donde estaba Wortingthon. Unos rastros mohosos en los que se distinguían extraños círculos, en los que creí adivinar la silueta de las monstruosas ventosas de un desproporcionado tentáculo.

Pero, a pesar de que aquellas huellas borrosas me llenaron de espanto, lo que de verdad me trastornaba el espíritu era imagina cómo aquel caos reptante había regresado por el mismo camino que había llegado, llevando consigo el cuerpo del infortunado Wortingthon y atravesando sin dificultad una ventana repleta de barrotes, como si su naturaleza fuese la de un fluido antinatural.

Después de aquello, decidí escribir todo lo sucedido a aquel pobre viajero que conocí en el hospital, como una catarsis que me sirviese para calmar mi espíritu y aceptar que, más allá de nuestro mundo ordenado, existe otro, cuya naturaleza es el caos y el horror, que acecha su oportunidad para volver a dominar un mundo que en tiempos pretérito fue suyo. Pero creo que no lo he conseguido, aún me estremezco cuando la luna ilumina la noche y sólo soy capaz de relajarme cuando la lluvia irrumpe en los cielos.

FIN

Con este capítulo doy por terminado mi pequeño homenaje a H. P. Lovecraft, espero que os halla gustado.

Si queréis leerlo desde el principio, podéis hacerlo mediante el siguiente enlace:

 LEER DESDE EL PRIMER CAPÍTULO

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El Visitante (6ª PARTE)

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 EL VISITANTE (6ª PARTE)

Cuando los tentáculos de la criatura comenzaron a enroscarse alrededor se sus brazos, un dolor lacerante atravesó su cuerpo como si mil cuchillas ardientes penetraran su piel. Estaba a punto de perder la conciencia por el terrible dolor, cuando notó que los tentáculos retrocedían comenzando a liberarle. Al principio no entendió lo que sucedía, estaba demasiado confuso y aterrorizado para comprender que el azar del destino había girado su caprichosa ruleta a su favor. Gotas de agua vivificadora golpearon su rostro, al principio tímidamente, pero después con más fuerza, contribuyendo a aclarar su mente. Miró a su alrededor y vio como los horribles habitantes de aquel pueblo olvidado corrían a esconderse a sus hogares, como si una fuerza invisible les persiguiese. Tan sólo el sacerdote permaneció unos instantes más mirándole fijamente. Wortingthon pudo sentir sus ojos golpearle con profundo desprecio y odio, antes de que él también abandonase la plaza, tras sus asustados acólitos.

Aún aturdido, Wortingthon miró hacia el cielo, esperando encontrar la mole de aquella criatura obscena aún sobre él, pero en su lugar sólo pudo contemplar un cielo encapotado, que derramaba sobre el la furia de una tormenta. Entonces fue cuando se dió cuenta de lo sucedido, de alguna forma que no entendía aquellas criaturas no soportaban agua, su naturaleza corrompida no era capaz de enfrentarse a un elemento tan natural, quizá porque representaba la esencia de la pureza mientras ellos no eran más que naturaleza corrupta. Mientras el agua empapaba la piedra oscura en que se hallaba sujeto, Wortingthon notó como su cuerpo comenzaba a resbalar por la superficie.

Creía estar atado de alguna manera al monumento, pero se equivocaba, aquel material extraño le había mantenido adherido a él, casi succionando su cuerpo a través de la piedra y, ahora, el agua le estaba liberando. Poco a poco fue rebalando por la piedra, hasta alcanzar el frío enlosado de la calle con un golpe sordo. Estaba completamente desnudo y la lluvia golpeaba su cuerpo con furia, pero Wortingthon no notaba las inclemencias del tiempo, tan sólo sabía que era libre.

Wortingthon corrió, corrió como nunca lo había hecho antes. Se adentró en plena noche en los bosques escarpados y corrió con desesperación y locura, arriesgándose a caer y despeñarse en cualquiera de los desfiladeros, que se multiplicaban en aquellos lugares, o a ser presa de los lobos hambrientos que vagaban por la montaña. Pero acompañado por la fortuna que antes se le negase, consiguió sobrevivir. Le encontraron dos días después. Según le describieron los leñadores que dieron con él inconsciente entre los árboles, aún se encontraba desnudo y su cuerpo era un mapa confuso de arañazos y contusiones sin fin. Pero lo que más les llamó la atención, fueron sus pies. A penas una fina capa de piel quedaba ya junto al hueso de la planta de sus pies sanguinolentos.

Cuando le trajeron al hospital en que yo trabajaba de enfermero, nadie pensaba que sobreviviría con las terribles heridas que tenía, pero sólo dos días después recuperó al consciencia. Fue allí, junto a su cama, mientras le cambiaba los vendajes que cubrían casi todo su ,donde oí por primera vez su historia. Huelga decir que nadie le creyó. Casi todos pensaron que se trataban de alucinaciones. El rumor más extendido era que había sido atacado por bandidos y abandonado en el bosque y que su mente enloquecida había inventado aquel fantástico relato. Pero yo no estaba tan seguro.

 Leer la continuación

Escrito por: Juan Carlos Boíza López

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José Luis Borau nuevo académico de la RAE: Se unen el cine y la literatura

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Parece que le cine y la literatura están ahora un poco más hermanados hoy, después de que la letra B de la Real Academia de la Lengua, vacante desde el fallecimiento de Fernando Fernán Gómez, haya pasado a Jose Luis Borau. Borau, que ha hecho prácticamente de todo en el mundo del cine: actor, director, productor, crítico e incluso profesor de cine, es sobre todo un gran guionista cinematográfico.

Su excelente capacidad se manifiesta en películas inolvidables como Mi querida señorita, Furtivos, La Sabina, Tata Mía, Río abajo, Niño nadie o Leo y en series de televisión como Celia. Como escritor destacan Camisa de once varas”, por la que recibió el Premio Tigre Juan de Narrativa y “Navidad, horrible navidad. Actualmente se encuentra trabajando, por encargo de la Universidad de Valladolid, en el libro titulado “El cine en nuestro lenguaje”. Una auténtica declaración de intenciones, de este autor tan comprometido en la defensa del peso del cine en la lengua y literatura.

A continuación os trascribo algunas frases famosas que he encontrado en el artículo del País digital, Borau y el cine hecho palabra, que sirven muy bien para ilustrar el pensamiento de este ilustre guionista español y ahora académico de la lengua. El cine en nuestro lenguaje, el libro de José Luis Borau, recoge expresiones, vocablos y palabras que forman parte del lenguaje de todos los días en la calle y que utilizan también con frecuencia periodistas y escritores. Sirvan estos ejemplos para ilustrar el propósito del nuevo académico:

– «Siempre nos quedará París». Frase de Casablanca que pronuncia Humphrey Bogart al recordar su enamoramiento de Ingrid Bergman y que Borau subraya como una expresión estilizadísima en español.

– «La cagaste, Burt Lancaster». Expresión coloquial y juvenil que busca la rima fácil con el nombre del famoso y viril actor estadounidense cuando alguien comete un error.

– «¡Más madera, es la guerra!». Exclamación de Groucho en Los hermanos Marx en el Oeste, sinónimo de pasar al ataque.

– «¡Y también dos huevos duros!». Otra de las geniales intervenciones de Groucho, en esta ocasión en la secuencia del camarote abarrotado de Una noche en la ópera y símbolo del caos en una situación. Tal como cuenta Borau, el escritor Miguel Mihura fue el adaptador-traductor de esos diálogos al español.

– «Nadie es perfecto». Frase con la que termina la película Con faldas y a lo loco y que pronuncia el actor Joe Brown tras confesarle Jack Lemmon que no es una mujer, sino un hombre.

– «Rebeca». El nombre de esta prenda de vestir tiene su origen en las que usa Joan Fontaine en Rebeca, de Alfred Hitchcock.

– «Hombres machos». El libro explica que, hasta los años cuarenta, no se empleaba el calificativo de macho para un hombre y sólo se aplicaba a los animales. La acepción responde al éxito de las películas mexicanas en España en esa época.

– «Bocata». Neologismo que se utilizó por actores y técnicos italianos durante el rodaje de coproducciones y que italianizó la palabra bocadillo.

Fuente: País Digital

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