Las emociones en la literatura
Las emociones en la literatura

Las emociones en la literatura y los tipos de arcos emocionales es el tema de esta semana pero antes quiero empezar anunciándoos a todos los adictos a la literatura que mi próximo libro: “Jack el destripador: El mito equivocado” ya está en preventa. A continuación os dejo algunos enlaces para que podáis ir reservándolo (atentos porque podéis conseguirlo con descuento):

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Se trata de una investigación que he desarrollado durante varios años con un resultado sorprendente y que, gracias a la editorial Oberon del Grupo Anaya, el próximo 27 de enero estará disponible en librerías de todo el mundo.

También quiero invitaros a la presentación de la obra que realizaré en próximo 2 de febrero en la FNAC, en Callao, Madrid a las 18:00 h. Allí os hablaré de la obra y firmaré ejemplares, así que, si pasáis por Madrid y queréis conocerme en persona, no os lo perdáis. Os iré dando información más detallada en futuros artículos aquí y en el  canal de youtube.

Y ahora sí, vayamos al tema de esta semana: las emociones en la literatura. Entender como funcionan las emociones y saber manejarlas es fundamental para poder abordar una obra que atrape a los lectores de principio a fin. Por eso, hoy os voy a mostrar los seis arcos emocionales que los estudios más recientes han descubierto y en los que se puede englobar cualquier relato. Además, al final del artículo os dejaré una web realmente interesante sobre las emociones que seguro que os va a dejar asombrados. Saquemos nuestra pluma y papel y empecemos.

Escribir es un ejercicio artístico y como tal, su finalidad última es despertar distintas emociones en los lectores. Cuando transmitimos una historia o exponemos un tema, lo cierto es que buscamos despertar distintos aspectos emocionales, al igual que lo hace el pintor con sus pinceles o un actor o cantante con sus interpretaciones. Por eso, es clave comprender como se gestionan estas emociones en la literatura.

Ha habido muchos estudios que han tratado de determinar las estructuras básicas en las que se organizan las emociones en literatura con dispares resultados. Sin embargo, un estudio de hace unos años, desarrollado por Andrew J. Reagan y el Laboratorio Computacional de la Universidad de Vermont en Burlington, después de analizar más de 1.700 historias disponibles en el Proyecto Gutenberg, determinó que la mayoría de los libros se construyen únicamente a partir de sólo seis arcos emocionales.

Ya os he comentado antes en video artículos como el camino del héroe o los dedicados a la estructura narrativa, como se organizaban las narraciones. Sin embargo, no hay que confundir esta estructuración, que se refiere a la organización de la información de un relato, con los arcos emocionales que os explicaré a continuación. Estos últimos se refieren exclusivamente a la organización de las emociones. Lo mejor es ir viendo los seis arcos descubiertos en los estudios en Vermont, para que podáis entenderlo mejor.

1. De harapos a riquezas (ascenso)

En este arco emocional, partiendo de un inicio cualquiera no especialmente malo ni bueno, el personaje evoluciona hasta alcanzar un final feliz. Las emociones del lector van transitando de la neutralidad inicial hasta la alegría de un desenlace feliz, de manera paulatina en todo el relato. Es una estructura típica de cuentos o relatos infantiles y busca dejar al lector con buen sabor de boca al terminar la historia.

El ejemplo que los propios autores escogieron fue «Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas«, de Lewis Carroll. Relato que comienza con Alicia, aburrida, sentada junto a su hermana a la sombra de un árbol. A partir de este momento anodino de la vida de la protagonista, la aventura comienza cuando la curiosa joven persigue a un apresurado conejo parlante llevándola a un fantástico viaje del que saldrá triunfante.

2. De mal en peor (caída)

En este caso, las emociones van de mal en peor. Empezando en un momento de temor se transita poco a poco hasta la decepción final.

Puede parecer un arco poco atractivo de entrada y realmente es muy difícil de utilizar, ya que corremos el riesgo de dejar al lector o espectador decepcionado. Sin embargo, si jugamos bien con las emociones se pueden logar obras que consigan dejar al lector totalmente enganchados a nuestra trama.

De hecho, puede ser muy útil en obras que formen parte de sagas literarias, ya que pueden dejar al lector totalmente pendiente de futuras entregas. Un ejemplo cinematográfico lo tenemos en «Avengers, Infinity War«, en que la historia va de mal en peor para los protagonistas, terminando en un fracaso total y, aun así, es probablemente la mejor película de Marvel hasta la fecha.

3. El hombre en un pozo (caída – ascenso)

Este tipo de historias comienzan con la llegada de un problema, un suceso que arrastra al protagonista en su caída, para a continuación narrar el ascenso de éste hasta su redención final.

Este tipo de estructura consigue la identificación inmediata del lector con el protagonista, jugando con nuestra tendencia a identificarnos siempre con el más débil, con aquel que sufre una desgracia. El que al final, además, éste consiga su redención, hace que el lector sienta como propio su triunfo. Es propia de historias de grandes gestas o aventuras.

Un ejemplo típico puede ser «El conde de Montecristo«, de Alexandre Dumas y Auguste Maquet, la mítica novela donde Edmundo Dantés, injustamente encarcelado, escapa de prisión para conseguir su venganza. Aunque quizá el ejemplo más paradigmático sería «El maravilloso Mago de Oz«, de Lyman Frank Baum, donde la pequeña Dorothy es transportada a un lugar desconocido, donde tendrá que hallar el camino de vuelta al hogar.

4. Tragedia (Subida – caída)

En este arco emocional, la trama parte de una situación en la que la cosas parecen mejorar para el protagonista aventurando una historia feliz que, sin embargo, va empeorando paulatinamente hasta precipitarse a un final trágico.

Este tipo de relatos explota la «drama queen» que todos llevamos dentro, esa tendencia un tanto autocompasiva que nos lleva a pensar que las cosas pueden terminar mal. Fue muy utilizada en historias de tragedias clásicas en la antigüedad, siendo el ejemplo más claro la obra teatral «Romeo y Julieta«, de William Shakespeare. En ella una historia de amor llena de esperanza se torna en una terrible tragedia final.

Esta estructura, a grandes rasgos, es también la que utiliza la afamada película que ahora mismo bate récords en taquilla «Spiderman No Way Home«. En este caso, la trama comienza con un momento de triunfo de Spiderman sobre sus enemigos en la anterior entrega y con la emoción de su naciente relación con MJ. A partir de aquí, se produce la caída del héroe que desemboca en una tragedia total en que éste lo pierde todo.

Creo que puede ser muy interesante en un futuro vídeo hacer un “destripamiento” del guion de esta película para poder averiguar de dónde viene su rotundo éxito y aprender de él. Vosotros ¿qué pensáis? ¿os gustaría?

5. Edipo (caída-subida-caída)

En este caso, un inicio colmado de mala suerte desemboca en un desarrollo lleno de esperanza que termina por truncarse en una tragedia final.

Lo que se busca con este tipo de estructura es aumentar el efecto dramático de la historia. Dando esperanzas al lector de que todo va a ir bien, éstas se truncan en la parte final del relato, dando lugar a una tragedia aún peor de lo esperado en principio y que impacta con más fuerza en el lector.

Un ejemplo es la genial historia de Mary Shelley, «Frankenstein o el moderno Prometeo«, que ya destripamos en otro artículo. Un doctor Frankenstein chiflado y cayendo en la locura, crea un monstruo que parece huir para comenzar una nueva vida. Sin embargo, al final, la decepción y la incomprensión del mundo por lo diferente hacen que el monstruo termine abrazando su lado más monstruoso encaminándose a una venganza brutal contra su creador.

6. Cenicienta (subida-caída-subida)

En este ultimo arco emocional se da justo el caso contrario al anterior. Partiendo de un momento en el que todo augura la felicidad, la tragedia hace su aparición haciendo augurar un mal final. Sin embargo, en el último momento el protagonista consigue alcanzar la verdadera felicidad.

Como en el arco emocional anterior, lo que se busca es amplificar el efecto del final, aunque en este caso no es un efecto dramático sino de felicidad y triunfo para el lector.

En «Cuento de Navidad«, de Charles Dickens, del que os descubrimos sus secretos esta Navidad, se utiliza esta misma estructura emocional de manera magistral. Aunque el ejemplo lo encontramos en el cuento de «La Cenicienta», ya sea en la versión de Charles Perrault o la de los Hermanos Grimm. Tras ser invitada a la fiesta del rey, todo parece que va a ir bien para Cenicienta, sin embargo, la magia acaba y la fiesta termina con ella huyendo para volver a su deprimente vida habitual. Afortunadamente, en el último momento gracias al zapato abandonado en la fiesta el príncipe la encuentra colmándola de felicidad.

Y con esto llegamos al final de los tipos de arcos emocionales. Lógicamente, esta clasificación no es absoluta y se pude jugar con estos tipos básicos, combinándolos o alargándolos para conseguir el efecto que estemos buscando. Lo importante es ser capaces de prever el efecto emocional que van a tener nuestros relatos.

Y precisamente para que podáis analizar el impacto emocional de distintas obras literarias os dejo una web que puede ser muy interesante. Mediante gráficos detallados analiza múltiples obras, pero también situaciones y acontecimientos mostrando el efecto emocional que han tenido sobre sobre las personas. Podéis visitarla en este enlace si queréis echarle un vistazo

Espero que os haya gustado el artículo de hoy. Os dejo a continuación, el video artículo correspondiente del  canal de youtube y no olvidéis suscribiros y dar a la campanita para que os lleguen las notificaciones. Espero veros muy prontito en Madrid hablando de «Jack el destripador. el mito equivocado».

Hasta la semana que viene…

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