Cabecera Jack el destripador

Categoría: Obras Personales Página 11 de 14

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María sin nombre

María sin nombre es un relato corto de Juan Carlos Boíza López contenido en «Historias en el Límite»


Aunque llevaba trabajando como enfermera en el hospital más de cinco años, nada me había preparado para lo que me esperaba en la sala de urgencias. Se trataba de una niña de no más de siete u ocho años, en cuyos rasgos se dibujaban las huellas del síndrome de Down. La pequeña miraba con ojos asustados a su alrededor, inconsciente del terrible estado de su cuerpo. La sangre corría sobre su rostro desde una herida punzante, que algún golpe brutal le había producido en pleno cráneo, y en sus brazos se alternaban cortes profundos y crueles quemaduras. No pude evitar recordar como mi padre apagaba sus cigarrillos en mis brazos, como castigo por haber sacado algún suspenso, mientras mi madre apartaba la mirada. Reprimiendo la angustia que sentía ante la saña y brutalidad con la que aquel pequeño cuerpo había sido maltratado, limpié sus heridas, hasta que la introdujeron en el quirófano, donde manos expertas se hicieron cargo de ella.

Al llegar a casa, no podía olvidar la mirada indefensa de aquella pobre niña, por lo que, a la mañana siguiente, lo primero que hice fue preguntar por la pequeña.

– ¡Pobrecilla! – exclamó la jefa de enfermería – ¿Te diste cuenta de que tenía Síndrome de Down?

– Claro– contesté impaciente –, pero ¿cómo está?

– Parece que se recuperará, aunque aún están haciéndole pruebas. Lo malo van a ser las secuelas; no recuerda nada y, en su condición, no parece fácil que recupere la memoria.

– ¿Y su familia?

– ¿Familia? ¿No has leído los periódicos? La encontraron en una cuneta de la carretera y nadie ha denunciado su desaparición. La policía cree que fue su propia familia la que la arrojó desde un coche en marcha.

– ¡Pero eso es monstruoso! – exclamé horrorizada.

– Sí, lo es – contestó la enfermera, bajando la mirada -. Algunas personas no aceptan tener hijos como ella y los apartan, tratándolos como animales o dejándoles morir.

Pasé el resto del día con el estómago revuelto y, esa misma tarde, pedí el traslado a cuidados intensivos. Sentía que mi deber era intentar ayudar a aquella pequeña. Al día siguiente, pude, por fin, acudir a donde estaba ingresada la niña. La encontré mejor de lo que esperaba. Aunque estaba conectada a una unidad de monitorización y lucía un aparatoso vendaje en la cabeza, no le habían puesto ventilación asistida. Un doctor estaba examinándola. Al consultar el historial, me llamó la atención el texto que aparecía en la cabecera: “Sin Nombre”.

– ¿Y esto? – pregunté al doctor.

– Nadie sabe cómo se llama – repuso, levantando los hombros.

– Mi madre decía que todas las mujeres eran Marías – exclamé, mientras con mi bolígrafo añadía delante: “María”.

Cuando el doctor abandonó la habitación, me acerque a la pequeña. Se había quedado profundamente dormida debido a la fuerte medicación. Observé su rostro tranquilo y me fijé en el moratón de una de sus mejillas. A mi mente acudió la imagen de mi madre abofeteándome el día en que, al cumplir los dieciocho años, le dije que me iba a vivir con Aitor.

Dos días después encontré a María despierta. Sus ojos, azules y redondos, estaban llenos de la luz de la inocencia. Miraba a su alrededor con curiosidad y expectación y, nada más verme, me saludo con un tembloroso “hola”. Noté como se estremecía al ver la bandeja en la que llevaba los útiles para hacerle un análisis de sangre.

– No te preocupes, cariño, no te voy a hacer ningún daño – le dije, acariciándole la mejilla.

Cuando acerqué la jeringuilla a su brazo, todo su cuerpo temblaba. Estuve a punto de tirar la maldita jeringa y estrecharla entre mis brazos, pero, al final, decidí realizar la extracción lo más suavemente que pudiera. Al terminar, le di un beso en la mejilla y ella me devolvió una sonrisa que me supo a gloria. Más tarde, le llevé un pequeño geranio que tenía en mi casa medio abandonado.

– ¡Está chunga! – exclamó, al ver el estado raquítico de la planta.

– No se lo digas a nadie – le susurré al oído -, es que soy un desastre como jardinera.

Empezó a reírse, con esa sinceridad y entrega de la que sólo son capaces los niños, consiguiendo que mi trabajo en el hospital se llenase de luz y alegría.

Poco a poco, el estado de María fue estabilizándose; el fantasma de una posible infección empezaba a alejarse definitivamente. Aprovechando su mejoría, le llevé unos rotuladores y un cuaderno para que se entretuviera dibujando. Nada más verlo, comenzó a garabatear con torpeza sobre el papel.

– ¿Tu no dibujas? – me preguntó.

– Me pasa como con las plantas, no se me da bien – le mentí.

La verdad es que la pintura había sido el único desahogo de mi infancia y que, cuando me casé, intenté convertirlo en una actividad profesional. Sin embargo, todo se torció cuando Aitor perdió su empleo en la fábrica. Sólo le ofrecían trabajos a tiempo parcial y pequeñas obras, lo que fue amargando su carácter. Nuestras broncas eran continuas, hasta que una mañana volvió a casa borracho y con un nuevo finiquito bajo el brazo. Yo estaba pintando un desnudo masculino, y, cuando Aitor lo vio, se sintió ofendido. Arremetió contra mí golpeándome con saña. Aquel día le abandoné a él y a la pintura para siempre.

La mejoría de María continuó y dos días después dio sus primeros pasos por la habitación.

– ¿Tienes novio? – me preguntó, dejándome sorprendida.

– No – atiné a responderle.

– ¿Por qué? – insistió.

– No sé…- dudé

– ¿Y a ti? ¿Te gusta algún chico? – bromeé.

– María no puede tener novio, María es fea – contestó, bajando la mirada.

– ¡Eso no es cierto! –repuse indignada- Eres la niña más bonita del mundo, cuando seas mayor tendrás novios a montones.

Su rostro se iluminó y, echándome sus manitas alrededor del cuello, me regaló el beso y el abrazo más sinceros que he recibido jamás. No pude evitar que algunas lágrimas resbalasen por mi mejilla. Aquella fue la primera y la última vez que pude tenerla entre mis brazos. Al día siguiente, cuando me incorporé al turno de mañana, el doctor de guardia me estaba esperando.

– Ha ocurrido algo terrible – me dijo.

– ¿De qué estás hablando?

– Se trata de María– repuso.

– Anoche entró en coma.

– ¿Cómo es posible? –pregunté, intentando reprimir el nudo que se estaba formando en mi garganta– Ayer estaba perfectamente.

– Tenía un coágulo en el lóbulo frontal que no habíamos visto en el TAC. No hemos podido hacer nada, ha muerto hace una hora.

El doctor me dijo que me tomase el día libre y me fuese a casa. Pero, aunque el golpe fue tan duro que apenas era capaz de tenerme en pie, quise ir una última vez a la habitación de María. Al entrar, creí por un instante que María me recibiría en la cama con su mirada de curiosidad y su sonrisa inocente, pero sólo un amasijo de sábanas me dio la bienvenida. En un rincón estaba el cuaderno que le había regalado. Fui hojeando sus primerizos en inseguros dibujos, hasta llegar a uno en el que había pintado a una niña con la cabeza envuelta en vendas junto a una enfermera y, en medio de las dos, un enorme corazón rojo. No pude reprimir más tiempo mis lágrimas y rompí a llorar con desesperación. Eran lágrimas de pena, sí, pero también de indignación y rabia, lágrimas reprimidas desde mucho antes de conocer a María.

Estaba a punto de irme, dejando todo atrás, cuando reparé en el pequeño geranio que le había regalado. El día anterior estaba mustio y raquítico, pero ahora estaba lleno de vida y repleto de pequeñas flores sonrosadas. Aún sin comprender muy bien por qué, aquello hizo que mis lágrimas se convirtieran en una pequeña sonrisa. Esa misma tarde, desempolvé mi viejo estuche de pinturas al óleo y pinté un retrato de María, a cuyo lado puse su hermoso geranio en flor. Desde ese día, mi casa y mi vida se llenaron de una nueva luz. Puede que nunca llegue a saber quién era realmente mi pequeña María Sin Nombre, pero lo que sí sé, es que, en el poco tiempo que tuve el privilegio de conocerla, ella me ayudó a recordar quién era yo.

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El Tuerto y el Cojo

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Un tuerto y un cojo se encuentran en una librería de viejo de un lugar indeterminado de Madrid. El frio arrecia en el exterior y el olor a polvo añejo y papel gastado inunda las innumerables estanterías del solitario establecimiento, mientras un cansino villancico entona repetitivamente su tintineante melodía.

EL TUERTO: ¿Cómo andas?

EL COJO: Ya ves.

EL TUERTO: Sabía que te vería por aquí, ¿Qué libro andas buscando este año?

 EL COJO: No lo tengo muy claro, ¿y tú? ¿Le has echado el ojo a alguno?

EL TUERTO: La verdad es que no, aún ando un poco despistado. Este año se han publicado cosas muy interesantes y no sé por qué decidirme.

EL COJO: Eso me pasa a mí, que no quiero meter la pata.

EL TUERTO: Igual hay que volver la vista atrás y recuperar los clásicos de toda la vida. Me apetece volver a poner la vista encima de Dickens y su Cuento de Navidad o volver a leer El Cascanueces de Hoffman o Los Cuentos de Andersen.

EL COJO: Creo que tienes razón. ¡Hay que andar con pies de plomo! Hay demasiado bestseller con exceso de promoción por algunos anaqueles.

EL TUERTO: La industria de la literatura está ciega. Promociona obras insulsas y deja pasar a su lado obras de grandes autores, que por desconocidos nadie apuesta por ellos.

EL COJO: De todas formas deberías echar un vistazo a algunas de las obras publicadas este año como El Juego del Angel de Carlos Ruiz Zafón, El viaje del Elefante de José Saramago o Un mundo sin Fin de Ken Follet.

EL TUERTO: Puede que lleves razón, pero aún sigo sin verlo claro.

EL COJO: ¡Anda!… Este libro no le conocía.

EL TUERTO: A ver…

EL COJO: Se titula Cuentos Solidarios 2008, Los Gestos del Suicida, creo que es lo que andaba buscando. ¿Tú cómo lo ves?

EL TUERTO: Creo que no andas desencaminado. Tiene buena pinta. Ha sido escrito por autores independientes y poco conocidos y todos los beneficios se destinan a Amnistía Internacional.

EL COJO: Por fin una obra con los dos pies en el suelo, creo que me la llevaré.

 EL TUERTO: Me has abierto los ojos, yo también me la llevaré.

 EL COJO: ¡Nos vemos el año que viene!.

EL TUERTO: ¡Anda con Dios!

SÍNDONE

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CARACTERÍSTICAS

Título: Síndone
Encuadernación: Pasta Blanda
Interior: B/N
Nº de páginas: 392
Tamaño: A5 (150 mm x 210 mm)

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SINOPSIS

Hace 2000 años un hombre murió crucificado dejando tras de sí un testimonio vivo de su pasión; la Sábana Santa.

Ahora,Gabriel King, un joven periodista especializado en historia antigua, se verá incriminado en el asesinato de un famoso criminólogo forense, Friederich Ramalla, que acababa de presentar un libro sobre la famosa reliquia.

Acompañado de Nichole, la hija del hombre asesinado, tendrá que iniciar una investigación en busca de los verdaderos asesinos. Poco a poco, irán descubriendo una complicada trama de enfrentamientos y traiciones que se remonta a mil años en el pasado, y que está a punto de concluir en el presente con consecuencias mortales.

La historia de la Sábana Santa, bien documentada en hechos reales, se convierte en el motor de una trepidante aventura cuyo desenlace no le dejará indiferente.

Libro de Arte

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CARACTERÍSTICAS

Título: Libro de Arte
Encuadernación: Pasta Blanda
Interior: Color
Nº de páginas: 80
Tamaño: A4 (210 mm x 297 mm)

http://jcboiza.com
Comprar en Bubok.com
Comprar en Lulu.com

hoy quiero presentaros mi última obra: un Libro de Arte en el que me alejo transitoriamente de las letras, para adentrarme en otra disciplina artística, La Pintura, que me apasiona.

terminator[11]Caballo[28]En este Libro de Arte he realizado una recopilación de algunas de mis ilustraciones, clasificándolas según la técnica utilizada, como son el lápiz , el carboncillo , la pintura al pastel , el color digital , la pintura tradigital o la ilustración digital en 3D, en un intento de crear un abanico representativo de obras. No pretendo dar aquí lecciones a nadie ya que no me considero un profesional de la ilustración sin un mero autodidacta, que intenta conseguir que, todos aquellos que os sentís llamados por la pintura, el dibujo o la ilustración, encontréis en estas páginas una cierta inspiración, y os animéis a explorar por vosotros mismos las técnicas que os ofrezco.

El arte no es un concepto cerrado al alcance de unos pocos privilegiados, sino un método de expresión abierto a la sensibilidad de todos y cada uno de nosotros. Cada persona es un artista en busca de su propia forma de expresión.

Espero que paséis un rato agradable contemplando mis obras.

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Cuentos Solidarios: Los Gestos del Suicida

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CARACTERÍSTICAS

Título: Cuentos Solidarios 2008: Los Gestos del Suicida
Autor: Juan Carlos Boíza López
Encuadernación: Pasta Blanda
Interior: B/N
Nº de páginas: 236
Tamaño: A5 (150 mm x 210 mm)

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Version Virtual

“Los Gestos del Suicida”, es el primer volumen de Cuentos Solidarios. Una colección de relatos cortos, en la que se reúnen distintos autores para contribuir de forma altruista y solidaria con distintas ONG`s, con la intención de hacer de este mundo un lugar mejor donde vivir.

En este volumen, se han reunido dieciséis autores que nos regalan veinticuatro de sus relatos, para intentar ofrecer una particular y personal definición de lo que es el amor. Los Cuentos Solidarios se venden a precios de impresión sin reportar beneficio alguno a sus autores y se pueden descargar de forma completamente gratuita en Bubok.com. Los autores tan solo piden que, si os gustan las obras, colaboréis en alguna acción solidaria de vuestra propia elección con alguna pequeña aportación.

Los autores que han colaborado en este volumen han sido:

Anca Balaj – Andrea López de León – Diego Jurado Lara – Eduardo Martos Gómez – Federico Laurenzana – Florencia Moragas – Francesca Verd – Josué Ramos – Juan Carlos Boíza López – María Martínez – Marta Lilián Molano – Óscar Álvarez – Ricardo Miranda – Rocío de Juan – Rudy Spillman – Yolanda Escribá

Y los relatos incluidos llevan los títulos:

Papá se ha enfadado… – El Tropiezo – Champán Cristal – La insatisfacción insufrible – Bajo una roca profunda – La montaña – Sensación imperfecta – Caverna de abstractos – Amor a la carta – En el Calidoscopio – Asimo – La oscuridad – La bestia –Rescate – Tres flores blancas en el muladar – Colosó – Pushkin mirando la Luna – Nosotros – Aperitivo con la princesa – El halcón y la paloma – Un sueño de vida – Ciudadano herido – El campesino y el maestro – Don Pereza.

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