images2La historia de la batalla por el cambio climático es larga y ha pasado por muchas fases. Cuando las primeras voces se alzaron avisando de que el clima de la Tierra empezaba a desequilibrarse por culpa de la acción del hombre, la mayoría de la comunidad científica respondió con la indiferencia o el más absoluto desprecio, tachando a los científicos involucrados de simples alarmistas.

Posteriormente los hechos, que tienen la mala costumbre de ser tozudos, fueron confirmando punto por punto aquellos primeros vaticinios y se pasó a una segunda fase, en la que la comunidad científica empezó a admitir el cambio climático, pero seguía poniendo en duda que la acción del hombre fuese la desencadenante real, además de minimizar la amenaza estableciendo que el cambio era lo suficientemente lento para que el hombre pudiese adaptarse a él sin mayores problemas.

Sin embargo, lo hechos siguieron siendo tozudos, y el cambio climáticos se hizo ya tan evidente (maremotos inéditos, periodos de sequías e inundaciones mayores y más frecuentes, aumento de la potencia de las tormentas, huracanes y ciclones, deshielo acelerado, etc…. ), que la comunidad científica admitió por fin la verdadera gravedad del problema y estableció, por fin, que el factor humano era el desencadenante principal del fenómeno.

A partir de aquí ha empezado una nueva lucha por conseguir que los países comprometiesen los recursos económicos y humanos necesarios para minimizar los efectos negativos de un cambio climático, ya prácticamente imparable, y es aquí donde surge un curiosos fenómeno; aparecen los autoproccambio-climaticolamados negacionistas del cambio climático.  Se trata de un grupo heterogéneo de bloggers, periodistas y científicos que que vuelven a defender que no existe el cambio climático. Para ello no dudan en armarse con todo un conjunto de argumentos, muchos de ellos totalmente contradictorios entre sí, que intentan demostrar que lo que estamos viviendo no es más que un ciclo natural más de la naturaleza, como otros ya vividos en el pasado.

Sin entrar en valorar los argumentos científicos, cosa que deben hacer los especialistas y expertos del ramo, sí me gustaría aquí cuestionar qué es realmente lo que persiguen estos grupos negacionistas. Ellos se parapetan en una teoría conspiranoica, que involucra a los estados y científicos en un gran complot pro cambio climático, con el fin de conseguir grandes beneficios a partir de las distintas iniciativas que los países pongan en marcha para combatirlo. Para ello no dudan en recurrir a hablar de la gran fortuna de Al Gore, o incluso a atribuir a los países estar fumigándonos con aerosoles mediante aviones para parar las lluvias y convencernos de que existe un cambio climático.

Sin embargo, la realidad es que donde se están moviendo increíbles montos de dinero es en sufragar a estos movimientos y en comprar a científicos, como quedó al descubierto hace muy poco, en que la compañía Exxon (la petrolera más importante del mundo) fue sorprendida sobornando a los científicos de una Universidad americana para que falsearan sus informes de forma que avalaran la teoría negacionista.

El por qué de este movimiento hay que buscarlo en el mismo tipo de operaciones de desinformación que llevó a cabo la industria del tabaco en Estados Unidos cuando vieron amenazado su negocio. Se trataba de, recurriendo a sobornos y falsos informes de científicos bien pagados, demostrar que el tabaco no era perjudicial para la salud. Ahora se recurre al mismo tipo de tácticas para intentar frenar las iniciativas contra la contaminación por CO2, que pone en claro riesgo las ganancias de grandes multinacionales del sector energético, que son quienes están, a la postre, tras este movimiento, al que se apunta mucha gente bienintencionada, pero completamente engañada por estos modernos estafadores, que no dudan en poner en riesgo el futuro de millones de personas con tal de mantener su nivel de beneficios.

Por último me gustaría dejar un razonamiento que puede ayudar a quienes aún no tenga claro a quién dar la razón en este conflicto. El sistema es muy sencillo, basta con pensar cuáles serán las consecuencias de que cualquiera de las dos teorías fuese falsa y fuese la apoyada por los gobiernos. Si hacemos caso a la teoría del cambio climático, y ponemos en marcha iniciativas costosas para reducir la contaminación por CO2 y en realidad no existe ese cambio climático, lo peor que ocurrirá es que habremos gastado recursos que podríamos haber utilizado en mejores causas, pero tendremos una atmósfera más limpia y respirable para nuestros hijos. Si, por el contrario, hacemos caso a los negacionistas y no tomamos ningún tipo de iniciativa contra el cambio climático y al final nos equivocamos, las consecuencias serán un cambio climático catastrófico, en el que morirán millones de personas y el resto verá drásticamente modificada su forma de vivir.

¿Con que teoría prefieres equivocarte?