Fascismo moderno

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Hoy, el día que en Francia se celebran elecciones con la posibilidad, por primera vez en su historia moderna, de que una fuerza de extrema derecha llegue al poder, parece un buen momento para hacer una reflexión sobre un concepto ,tan manoseado y manipulado que algunos ya no reconocen su verdadero sentido: el fascismo.

Nos hemos acostumbrado a que últimamente políticos de todo signo insulten a su contrarios acudiendo al fascismo de forma habitual e incluso a comparaciones con el nacismo, cuando quieren tener aún más protagonismo en los medios. Tales comparaciones suelen venir acompañadas por las habituales disculpas del compungido político, que se excusa en malas interpretaciones por parte de la prensa. Este tipo de actuaciones no son en absoluto errores, sino que son una manera premeditada de conseguir la atención de los medios de comunicación por parte de unos políticos, más pendientes de venderse como producto electoral que por mejorar la vida de los ciudadanos, lo que debería ser su único objetivo.

Lo cierto es que todo esto ha contribuido a trivializar algo tan terrible como el fascismo, haciendo que las generaciones modernas hayan perdido la perspectiva de lo que realmente es y supone esta ideología. El fascismo nació oficialmente en la Italia de Benito Mussolini y se basa originalmente en la imposición de un gobierno centralizado, basado en tres pilares fundamentales: un partido único, una economía dirigida y el mantenimiento y defensa de todo ello por el uso de la fuerza. El fascismo aprovecha demagógicamente la sensación de pertenencia a un grupo (patriotismo, racismo e incluso religión son válidos para definir ese grupo), utilizando los sentimientos de miedo y frustración para conseguir la unidad y obediencia de las masas. Para ello recurre sin tapujos a la violencia, la represión y la propaganda mediante medios de comunicación controlados.

Lógicamente hoy en día todos los partidos de los países desarrollados (da igual que sean de izquierdas o de derechas)  huyen de ser calificados como fascistas y se definen como democráticos y defensores de un estado de derecho, contraposición absoluta del fascismo. Pero ¿es esto verdad o el fascismo está mucho más cerca de lo que pensamos?.

Lo cierto es que sin nos paramos a analizar mínimamente lo que ha estado pasando en Europa y EEUU, especialmente desde la llegada de la crisis económica, nos daremos cuenta de que estamos ante el retorno de un nuevo fascismo. Recordemos aquí sus tres pilares fundamentales:

1. Un partido único.

Desde el final de la segunda guerra mundial, los partidos socialdemócratas y conservadores se han alternado en el poder realizando una política totalmente continuista entre unos y otros. En el Parlamento Europeo el 80% de las propuestas son aprobadas por la votación conjunta del grupo socialdemócrata y conservador, imponiendo, en numerosas ocasiones, políticas que no han sido votadas por ningún país miembro. Esto es, de hecho, el gobierno de un partido único disfrazado de alternancia.

2. Una economía dirigida.

El sistema económico neoliberal ha sido y es el único modelo aplicado en toda la Unión Europea. Los socialdemócratas (podemos poner como ejemplo el PSOE de Felipe González), renunciaron explícitamente a sus principios marxistas (la base socialista económica) para abrazar el neoliberalismo como ideología económica. Tanto es así, que la economía ha sido literalmente eliminada del sistema democrático y no puede ser puesta a votación. Cualquier intento de aplicar medidas fuera de la ortodoxia neoliberal (por ejemplo en Grecia)  es aplastada por el Banco Central Europeo, capaz de arruinar una economía entera con simplemente conceder o no créditos a un Estado determinado o jugando con su prima de riesgo. Puede concluirse que el modelo económico no está en manos de los ciudadanos, por lo tanto es un sistema dirigido y controlado por las élites para perpetuarse en el poder.

3. Mantenimiento y defensa del sistema mediante el uso de la fuerza.

Aquí es donde encontramos la única diferencia aparente con el fascismo original. Si Mussolini, Hitler, Franco o Stalin (todos ellos fascistas) no dudaban en usar la fuerza y la represión más brutal sobre sus propios ciudadanos, nuestro sistema no lo permite. Sin embargo, esto es sólo aparente ya que la fuerza puede ejercerse de muchas maneras y los bancos han resultado ser un arma más poderosa que cualquier misil o metralleta. En un sistema basado en el consumo y el crédito, tener la llave de los bancos es controlar a la población con la misma tiranía que con las armas. Mantener las poblaciones bajo el miedo al paro, la exclusión social, la pérdida de la vivienda o la pobreza energética, es una violencia tan real como la ejercida por un pelotón de fusilamiento. ¿Cuantas muertes provoca todos los años la desigualdad creciente entre las poblaciones europeas?

Pero no sólo en estos aspectos estamos cerca del fascismo sino que hay dos características más que han empezado a conjugarse en los últimos años para terminar de dibujar un paisaje desolador en nuestras orgullosas democracias occidentales:

A) Aprovechar la pertenencia a un grupo para exacerbar, mediante el uso del miedo, la unidad y obediencia de las masas.

Pocas palabras hacen falta, basta con ojear cualquier periódico para ver como se nos bombardea con el efecto negativo de la migración. Las políticas de cierre de fronteras se acrecientan, mientras se nos advierte continuamente del peligro de la migración. El patrioterismo barato e incluso la guerra de religión estén en los medios de forma habitual. El emigrante es el origen de todos los problemas y a todos nos parece ya normal leer como cada día mueren cientos y miles de personas, que huyen de guerras o de condiciones de vida terribles, que en muchos casos nuestro propio sistema ha provocado.

B) Utilización de la represión y la propaganda en medios de comunicación controlados.

En España podemos ver como la libertad de expresión es perseguida como no se recuerda desde el franquismo y los medios realizan una labor de desinformación y manipulación, de forma habitual, en favor del poder. Todo esto no es casual, sino el efecto directo de un sistema neoliberal que facilita la agrupación de los medios en las manos de los grandes bloques de poder económico, que, por su propia naturaleza, tenderán a defender el sistema del que son hijos.

Sólo hay una conclusión que podemos sacar de todo esto, el fascismo no esta sólo en los grupos de ultraderecha, que están proliferando como efecto de la crisis en Europa, sino en el propio sistema imperante, especialmente desde los años ochenta en Europa y Estados Unidos. Un sistema basado en el imperio, no de la ley, sino del poder económico. Un nuevo fascismo más hipócrita que no ejerce la violencia directamente, sino que deja que otros lo hagan en su nombre, ya sea mediante la utilización de “medidas económicas y recortes inevitables” a los más pobres, o el soborno directo mediante ayudas a países no democráticos para que detengan la emigración, sin importarnos los métodos que utilicen, (Afganistán, Marruecos, Turquía, etc…).

Si queremos cambiar esto sólo hay una medicina y es recuperara la democracia. Una democracia real que haga que ciudadanos, preocupados realmente por su prójimo y no pertenecientes a las élites económicas, lleguen el poder. Os dejo con un vídeo de más de 70 años que, lamentablemente, sigue totalmente vigente hoy en día.

El día del libro 2017

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El 23 de abril se celebra el día del libro y, como no puede ser de otra manera, desde aquí quiero desearos a todos una excelente jornada repleta de literatura y también de hermosas rosas rojas para los que celebréis Sant Jordi.

Para los que queráis saber por qué exactamente se celebra esta tradición todos los 23 de abril,  la propuesta de celebrarlo partió del escritor valenciano Vicente Clavel, que lo propuso en la Cámara Oficial del Libro de Barcelona en 1923, siendo aprobado tres años después. Como curiosidad comentaros que inicialmente iba a celebrarse el 7 de octubre (de hecho fue en ese día que se celebró en 1926), porque se considera la fecha del nacimiento de Cervantes. Sin embargo, posteriormente se cambió por el 23 de abril, más simbólica a escala mundial, por ser la fecha teórica de la muerte de Cervantes, Shakespeare e Inca Garcilaso de la Vega.

En cuanto a la costumbre catalana de regalar una rosa junto al libro, procede de la coincidencia de la fecha con el día que se celebra San Jorge (Diada de Sant Jordi).  Según cuenta la leyenda, en Capadocia (o en otros lugares según la versión escogida), un dragón atacaba al reino siendo aplacado inicialmente mediante la ofrenda de dos animales al año y, cuando estos escasearon, enviando una persona por sorteo y un cordero. Cuando la elegida fue la hija del rey, el caballero Jorge decidió defenderla y mató al dragón en su cueva clavándole su espada. De la sangre de la bestia surgió una rosa que entregó a la princesa, dando inicio así a la tradición de regalara en este día una rosa a la mujer amada.

Dejando de lado la peculiar santidad de San Jorge, que sólo decidió actuar cuando la nobleza fue la víctima del dragón y no mientras el pueblo sencillo lo era, lo cierto es que esta bonita tradición es una excelente excusa para aunar cultura y amor en una celebración que no debéis perderos.

¡Feliz día del libro!

Consigue mi novela gratis esta semana

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Si en mi último post os anunciaba la publicación de mi última novela hoy quiero anunciaros que durante toda esta semana podréis descargarla completamente gratis desde Amazón. Al final del post os dejaré el enlace para que podáis descargarla.

Se que que muchos escritores no comparten que sus obras puedan ser distribuidas en formato ebook y mucho menos ofrecidas de forma gratuita, ya que piensan que es una llamada al pirateo y que sus obras circularán sin generarles beneficios. En mi opinión, considero que, luchar contra los nuevos formatos electrónicos es, para cualquier creador sin importar su disciplina, un tremendo error. Internet no es un enemigo del arte sino que, por el contrario, es su mejor aliado y está contribuyendo a la divulgación mundial de obras de formas antes inimaginables.

Por eso, lo más lógico como autores no es luchar sino aliarnos con los nuevos formatos e intentar sacarles todo su potencial. Ofrecer mi novela de forma gratuita es para mi una forma de ponerla al alcance de muchos lectores que, de otra forma, no podrían nunca llegar a conocerla. Lectores que, si les gusta la novela, la recomendarán a otros lectores que quizá más adelante la adquieran en otros formatos.  El único culpable de que una obra no se venda lo suficiente  no es Internet sino probablemente  la falta de calidad de la misma.

A continuación os dejo el enlace y, recordad la oferta sólo estará disponible esta semana:

El Libro de Toth: La novela que desvela la historia del libro más poderoso jamás escrito

Libertad de expresión secuestrada

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Esta semana conocíamos una nueva sentencia que condenaba, en esta ocasión, al rapero Josep Miguel Arenas, conocido como Valtónyc, a tres años y medio de prisión por los delitos de enaltecimiento del terrorismo, injurias a la Corona y amenazas, por una de sus canciones.  Esta sentencia se une a otras similares, como la que condenaba a César Strawberry, cantante de Def con Dos, a un año de cárcel por unos comentarios en Twitter, la imputación de los raperos granadinos Ayax y Prok, por un video en Youtube, o la condena a dos años de cárcel, del también rapero José Mata, por una de sus canciones subida a Youtube.

Sin querer entrar o no a valorar la calidad moral, oportunidad de las declaraciones de estos cantantes, o su ideología, la prisión de privación de libertad es lo suficientemente grave como para que deba ser reservada para delitos de especial importancia. Esta misma semana hemos visto como se permitía la libertada provisional de Iñaki Urdangarín sin fianza, condenado ya en firme a seis años de cárcel, porque se ha valorado la gravedad de la privación de libertar por encima del riesgo de fuga.

Cuando en un sistema democrático, la libre expresión de las ideas, sean estas las que sean, puede significar la perdida de libertad, este sistema deja de ser realmente democrático y se convierte en algo muy diferente: un sistema autoritario donde se pena la disidencia. Esto no significa, en ningún caso, que un sistema democrático no persiga la apología o defensa de la violencia, pero debe hacerlo mediante sanciones que no impliquen la pérdida de libertad.

Delitos como “injurias a la corona” no pueden ni deben tener cabida en nuestra legislación, ya que nuestra constitución establece claramente que todos los ciudadanos debemos ser iguales ante la ley., Considerar que una ofensa o injuria contra los miembros de la realeza es más grave que una ofensa a un ciudadano cualquiera es simple y llanamente vulnerar la Constitución. Además, si consideramos que lo que se ofende es la institución y que ésta debe ser especialmente protegida por su importancia, ¿no sería adecuado que las ofensas de la propia Casa Real a los ciudadanos fuesen también especialmente penadas? ¿Deberíamos pues pedir que la pena de Iñaki Urdangarín y la Infanta fuese multiplicada ya que al ser miembros de la familia real su delito es especialmente gravoso para el Estado y, por tanto, para todos los ciudadanos?

La peor palabra del mundo: buenismo

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Hoy quiero hablaros de un término que ha ido ganando popularidad y que amenaza con terminar asentándose, para desgracia nuestra, en el imaginario colectivo. Se trata del mal llamado “buenismo”.

Si acudimos a  la RAE veremos que dicho vocablo ni siquiera existe, a pesar de que la Wikipedia le dedique todo un artículo en el que le adjudica la siguiente definición:

Buenismo es un término acuñado para designar determinados esquemas de pensamiento y actuación social y política (como el multiculturalismo y la corrección política) que, de forma bienintencionada pero ingenua, y basados en un mero sentimentalismo carente de autocrítica hacia los resultados reales, demuestran conductas basada en la creencia de que todos los problemas pueden resolverse a través del diálogo, la solidaridad y la tolerancia”

Atendiendo a esta peculiar definición, el “buenismo” es una manera de descalificar la actuación de las personas que aspiran a solucionar los conflictos en base al diálogo, la solidaridad y la tolerancia. De hecho, de la definición se desprende con claridad que, para su autor, solo los resultados de una acción cuentan y no los métodos, ya que descalifica un método bueno en base a la carencia de “autocrítica en los resultados reales”.

Nos encontramos, pues, ante una aberración lingüística que pretende dar un matiz despectivo a lo que es, ni más ni menos, que la bondad. Una, simple y llana, tergiversación ideológica del lenguaje que pretende utilizar éste, una vez más, como arma manipuladora de la verdad, en busca de introducir en nuestro subconsciente una idea política determinada, en este caso que “el fin justifica los medios”.

La realidad es que, matizar con un sufijo “ismo” la palabra bueno, ya sea en su acepción como adjetivo o adverbio, no tiene sentido ya que es una palabra que, por definición, indica siempre lo positivo en contraposición a “malo” que indica siempre lo negativo.  Nuestro leguaje es lo suficientemente rico como para no necesitar de “atajos” en el lenguaje, por lo que términos como “buenismo” deben ser rechazados con contundencia.